Desde la Aparición-Visita de la Bienaventurada Virgen María a Santiago en Zaragoza el 2 de enero del año 40, no tenemos noticias de otras mariofanías hasta seis siglos después. En este artículo nos referiremos a las principales Apariciones marianas en territorio español, del siglo VII al XX.

 

  1. El Descendimiento de la Santísima Virgen y su Aparición a san Ildefonso. Catedral de Toledo (s. VII).

En España a Santa María, la Madre del Señor, se la conoce como “La Virgen”, tal y como en Francia es “Nuestra Señora” (Notre Dame) o “La Señora” en Italia (Madonna) y en Croacia (Gospa). Pues bien, esto se debe a San Ildefonso y a como conquistó al pueblo cristiano su teología y su amor y devoción a María.

Ildefonso de Toledo (607-667) fue arzobispo de Toledo del año 657 al 667 y es uno de los padres de la Iglesia. Estudió Ildefonso en Sevilla, bajo la tutela de San Isidoro, y entró a la vida monástica en la orden de San Benito, huyendo de sus padres, nobles que se oponían a su vocación sacerdotal. Posteriormente sería elegido abad de Agalia, en el río Tajo, cerca de Toledo. En el 657 fue elegido arzobispo de esa ciudad. Unificó la liturgia en España y escribió numerosas obras de carácter litúrgico y dogmático, particularmente sobre la Madre de Dios, la Inmaculada siempre Virgen María, de la que escribió el tratado “La virginidad perpetua de Santa María”.

La virginidad de la Virgen María es como la zarza ardiente que vio Moisés en la montaña santa (cfr. Ex 3,2-4). Así, esa zarza que ardía sin consumirse, sin apagarse nunca, en las laderas del Horeb es imagen de la Virgen María que alumbra a Cristo, fuego divino, conservando intacta su virginidad y que conserva siempre el amor virginal de su Corazón inflamado y enamorado de Dios.

La noche del 18 de diciembre de 665, San Ildefonso junto con sus clérigos y algunos fieles, fue a la Catedral, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla resplandeciendo con una luz tan brillante que se asustaron, huyendo todos menos el santo Obispo y sus dos diáconos. Entraron en la capilla y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba María, la Inmaculada Concepción, sentada en la silla del Obispo, rodeada por una compañía de vírgenes que entonaban cantos celestiales. Mirando con ternura infinita a Ildefonso, le hizo una seña para que se acercara, y, éste, obediente, se arrodilló ante Ella. La Virgen fijó Sus ojos misericordiosos sobre él y le dijo: “Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería”. Luego, la misma Virgen impuso la casulla a Ildefonso, dándole instrucciones de utilizar esta prenda sólo en los días festivos designados en su honor.

Esta Aparición y la celestial casulla, fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado, siglos después, en el Acta Sanctorum como “El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición”.

Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María a quien se venera en el Corán.

En la Catedral de Toledo, los peregrinos pueden aún observar y venerar la piedra, protegida por una recia reja, en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.

  1. Apariciones tardomedievales

Apenas tenemos noticias de esta época. Mencionamos estas dos de las que se conoce ciertamente poco: la Virgen del Espino (s. XIV) y la Virgen de la Capilla (s. XV).

  1. La Virgen del Espino, santa Gadea del Cid (Burgos, 1399). Los videntes son dos pastores: Pedro y Juan. En la noche del miércoles 26 de marzo, vieron una procesión de gente vestida de blanco alrededor de un espino muy grande. Encima de dicho espino se encontraba una Dama vestida de blanco y resplandeciente. Al día siguiente, Pedro vuelve a ver a la hermosa y resplandeciente Dama, la Virgen, la cual le explica la visión de la noche anterior: la gente que habían visto a su alrededor eran ángeles del cielo, y le asegura que se apareció por voluntad de su Hijo. Le da instrucciones para que se las transmita a las principales autoridades del pueblo (curas, alcaldes, regidores del concejo): que es voluntad de su Hijo construyan un monasterio e Iglesia de la orden de San Benito. Y promete que, si así se hace, aumentará la prosperidad del pueblo y remitirán las enfermedades.

En 1404 el Papa de Aviñón Benedicto XIII, emite una bula donde respalda la Aparición. En 1406, se inician los trámites para la construcción de un monasterio benedictino. El lugar del suceso se convierte en lugar de peregrinación durante los días en los que se conmemora las visiones.

  1. La Virgen de la Capilla (Jaén, 1430). Esta aparición tuvo lugar en un arrabal fuera del recinto amurallado de la ciudad cristiana de Jaén, fronteriza con la “musulmana” Granada, cuyos habitantes moriscos llegaban a menudo, en sus correrías, a las mismas puertas de la ciudad En este caso, estamos ante una sola Aparición en la noche del 10 de junio a cuatro videntes: Pedro, Juan, María y Juana. Aunque cada uno afirmaba haber visto cosas diferentes, están de acuerdo en una cosa: cerca de la Iglesia de San Idelfonso han visto una procesión de personas vestidas de blanco, con una Señora alta que desprendía una luz cegadora con un vestido de seda blanca y flores, tocada con una diadema y con un niño en el brazo derecho. La Aparición se tomó como verdadera construyéndose una capilla anexa a la Iglesia en donde se colocó una imagen de la Señora vestida con una túnica dorada decorada con flores y con un niño en su brazo derecho, sobre un pódium de plata. La Virgen de la Capilla se convirtió en patrona y protectora de la ciudad y en la actualidad se la profesa una gran devoción. Jaén conmemora cada año en el aniversario de la Aparición fiestas en su honor, con una procesión de la imagen de la Virgen por toda la ciudad.

 

  1. La Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Aparición a la Madre Patrocinio (Madrid, 1831), aprobada por la Iglesia.

La madre Patrocinio, conocida hasta entonces por sor Rafaela, tuvo una visión del cielo el 13 de agosto de 1831. La religiosa se encuentra reunida en el coro de la Iglesia con sus Hermanas Concepcionistas Franciscanas de Caballero de Gracia, de Madrid, a la hora de la oración de la tarde. Sumergida en un profundo éxtasis, contempla a la Virgen María, que viene acompañada del Arcángel San Miguel y sostiene en sus manos una pequeña imagen, que la representa con el Niño Jesús sentado en Su brazo derecho.

Una prolongada conversación tiene lugar entre el Niño Jesús, la Virgen y la religiosa. La misma madre Patrocinio lo cuenta en los Apuntes que le mandaron escribir los superiores y su confesor.

Ese mismo día por la noche, durante el rezo coral de los maitines con la Comunidad, la madre Patrocinio volvió a entrar en éxtasis. Y a conversar con Nuestra Señora.

– Señora y Reina mía, ¿no veis la España, los males que nos afligen?

– “Hija mía, los veo; pero no puede mi amor ser más benéfico para con los hombres. Ellos se olvidan de mí y retiran las misericordias; y por esto, a esta imagen le darás el título misterioso del Olvido; para darles a entender, que me han olvidado; pero yo que soy vuestra tierna y amorosa Madre, quiero poner a vista de todos los mortales en esta imagen mía, que jamás mis misericordias se apartan de ellos”.

Entregándole la imagen que lleva en Sus manos le dice:

A tu solicitud y cuidado dejo el culto y veneración de esta sagrada Imagen mía con el título de Olvido, Triunfo y Misericordias. Ella será la consoladora del mundo y todo afligido encontrará en Mí, por mediación de esta Imagen, el consuelo. Al alma que rendida a sus pies me pidiera alguna cosa, jamás se la negará mi Amor. Será el consuelo del mundo y la alegría de la Iglesia Católica y, por su medio, mi Hijo y yo recibiremos culto. Tú, hija mía, alcanzarás victoria del poder de Satanás, y tu Comunidad, perfección en servirme”.

Las vejaciones diabólicas y malos tratos recibidos por sor Patrocinio en los años anteriores a la Aparición, fueron múltiples, extraordinarios, públicos, gravísimos y constantes, proporcionándole heridas, contusiones, magullamientos, y toda clase de cardenales en brazos, piernas y espalda. Las curaciones solían ser en ella instantáneas, aunque ya se la había dado por desahuciada en dos ocasiones y recibidos los últimos auxilios espirituales, padeciendo vómitos de sangre y fiebres altísimas.

La prueba fehaciente de la liberación definitiva de los asaltos y persecución del demonio la tuvieron todas las religiosas al comprobar que desde esta fecha y hora nunca más volvió a molestarla.

De todo lo sucedido se redactó un informe detallado y se remitió a la Santa Sede para su conocimiento. Consta que el papa Gregorio XVI tuvo especial interés por este asunto y gran devoción a la Virgen del Olvido. Mediante una Bula, permitió el culto público a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Olvido, Triunfo y Misericordias, con la concesión de muchas gracias espirituales e indulgencias y otros privilegios singulares.

Los madrileños acuden al convento del Caballero de Gracia y a partir de 1833 aparecen las noticias en El Diario de Avisos de Madrid de los cultos que allí se celebran, porque Madrid se ha convertido en un centro de devoción mariana.

Tales manifestaciones públicas de fe resultaban intolerables para el gobierno liberal que impone en España un laicismo sectario, dictado desde las logias masónicas a las que pertenecen los elementos dirigentes de los partidos políticos, que entonces se llaman partido moderado y partido exaltado. Y entre ellos destaca Salustiano Olózaga que propone que su partido deje de llamarse exaltado para denominarse “partido progresista”. El 9 de noviembre de 1836 saca del convento a Sor Patrocinio acusándola de alta traición porque dice que apoya al carlismo en plena guerra civil, siendo condenada injustamente a un destierro de más de nueve años, y la comunidad de Caballero de Gracia al completo es expulsada del convento. Son los años de la desamortización de Mendizábal, esa iniciativa política que definió Menéndez Pelayo como “un inmenso latrocinio”.

En septiembre de 1836 saquean el convento del Caballero de Gracia, arrebatan todas sus pertenencias y el Estado se apropia de la iglesia y del edificio conventuales.

La pequeñita y preciosa Imagen del Olvido, Triunfo y Misericordias se conserva hoy intacta en la Iglesia de las Concepcionistas Franciscanas de Guadalajara (España), presidiendo el retablo del altar mayor.

Francisco José Cortes Blasco

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