Todos los males que existen en el mundo tienen su origen en no colocar a Dios en el primer lugar, que es el que le corresponde. Y todas las soluciones comienzan cuando el ser humano coloca al Señor en el primer lugar de su corazón y de su vida. Esto sucede en la vida personal, en la familia y en la sociedad, sobre todo en el mundo de hoy.

El Papa Benedicto XVI, el 13 de mayo del 2007, en la Inauguración de la Conferencia de Aparecida nos dijo que:» sólo quien reconoce a Dios, conoce La realidad».¿Cómo puede conocer el mundo la realidad, si excluye al que hizo La realidad?

La Santísima Virgen ha señalado varias veces que sin Dios no hay futuro, ni para esta vida ni para la otra. La Gospa viene a enseñarnos con su ejemplo y sus palabras maternales a darle a Dios el lugar que le corresponde, el primero.

Muchas veces,aún cuando acudimos al Señor en nuestras plegarias, le damos más importancia a nuestros problemas, pecados, heridas, enfermedades que a Jesús. Y el centro tal vez no sea El, ni su amor, sino nuestras necesidades.

Todo cambia, cuando el primer lugar se le da a Dios, no al dinero, al placer, al éxito o a nuestros propios intereses. Confiemos sin límites en la providencia del Padre, pero digamos con María Santísima: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu voluntad.»

(Padre Inocencio Llamas)

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