25 de octubre de 2013

“Queridos hijos: Hoy los invito a abrirse a la oración. La oración hace milagros en ustedes y a través de ustedes. Por eso, hijitos, en la simplicidad del corazón, pidan al Altísimo que les dé la fuerza de ser hijos de Dios y que satanás no los agite como el viento agita las ramas. Hijitos, decídanse nuevamente por Dios y busquen sólo Su voluntad, y entonces encontrarán en Él alegría y paz. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

En el mensaje de este mes la Madre nos vuelve invitar a la oración. Pero antes de detenernos en sus palabras del mes corriente, se debe recordar las del mes anterior, porque los mensajes de la Virgen son como piedras de un mosaico: cada mensaje tiene su peculiaridad y aunque se den conceptos repetitivos siempre hay algo novedoso en ellos.

En el mensaje del mes pasado la Madre decía: “Queridos hijos: También hoy los invito a la oración. Que vuestra relación con la oración sea cotidiana. La oración hace milagros en ustedes y a través de ustedes, por eso hijitos, que la oración sea alegría para ustedes. Así entonces, su relación con la vida será más profunda y más abierta, y comprenderán que la vida es un don para cada uno de ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado.”

Como se aprecia, en este mes los mensajes están estrechamente relacionados y el común denominador es el tema de la oración cristiana. En el mensaje pasado nos pedía atender la regularidad cotidiana de la oración, toda vez que ella hace milagros en la vida personal y por nuestro medio, y de esta manera, la oración se transforma en alegría. Pero en el mensaje de este mes dice algo muy interesante: comienza con las palabras: “Queridos hijos: Hoy los invito a abrirse a la oración”, porque es probable que, frente al mensaje que la Madre dio el mes pasado, muchos no le obedecieron, o no prestaron atención a sus palabras. O bien, pensaron que oraban suficiente. Por eso volvió ahora volvió hablar de la oración e hizo la llamada con otras palabras: “Queridos hijos: Hoy los invito a abrirse a la oración”.

1. Abrirse a la oración.

Este paso es esencial para aprender a orar, porque la oración es un arte y es don. Por ende, para aprender a orar hay que ejercer el arte mientras el alma se abre al don. Si el alma quiere orar y no se ejercita en ello, tampoco se abre al don. Y la pregunta que cabe de inmediato será: ¿Cómo hacer para abrirse al don de la oración? Y es esa, precisamente, a la inquietud que la Madre responde con el mensaje de este mes. Obsérvese cómo la Virgen dice con claridad ─como buena pedagoga de la oración y excelente Maestra de vida espiritual─: “en la simplicidad del corazón, pidan al Altísimo que les dé la fuerza de ser hijos de Dios”. Por lo tanto, para abrirse a la oración, para comenzar a ejercer este arte y posteriormente recibir este don, hay que comenzar a ejercitarla, desde la condición de hijos de Dios y en la simplicidad del corazón. Porque la oración siempre es una relación de amor entre el Creador y la criatura, entre el Padre y un hijo, entre la Omnipotencia Divina y la minoridad de la condición humana. Es un camino-virtud que se desarrolla a partir de estos sentimientos: desde la humildad del corazón de sentirse hijo de Dios. Sin esta sencillez, sin esta simplicidad, sin esta condición pequeña de minoridad, no se puede responder a la llamada a la oración cotidiana. Porque se trata de desarrollar cada día una relación de humildad del alma frente a su Creador, toda vez que Él se manifiesta en la humildad y se resiste a los soberbios. Por consiguiente, para aprender a orar, siempre hay que ser pequeño ante Dios. Entre más pequeño se es más se avanza, entre más soberbia hay, el alma más se atrasa. Por lo tanto, hay que cultivar la simplicidad del corazón porque es desde allí como el corazón sólo se puede abrir al Creador. Simplicidad en el corazón es la condición propia del hijo auténtico de Dios.

2. La oración hace milagros.

En el mensaje de este mes la Madre ha repetido una expresión del mensaje anterior: “La oración hace milagros en ustedes y a través de ustedes.” Con esta frase Ella nos recuerda que los primeros beneficiados de la oración somos nosotros mismos. Es cierto que la oración es una manera de rendir culto a Dios, pero no se olvide que la oración tiene además una segunda dimensión: la de proveer bienestar al alma que ora y la de proveer bienestar al prójimo. Y toda alma en este mundo necesita de ese bienestar, y al igual, lo necesita el mundo. Por eso la Madre dice: “La oración hace milagros en ustedes y a través de ustedes.” Recuérdese, como a raíz de la iniciativa del Papa al invitar a la Iglesia a una jornada de oración y ayuno para detener la guerra internacional en Siria, se realizó un milagro. Pero aún faltan muchos más por realizarse, y por eso la Madre quiere que se ore incesantemente.

3. Que satanás no los agite como el viento agita las ramas.

También la Virgen ha dicho en el mensaje de este mes algo muy significativo: que satanás agita las almas como el viento lo hace con las ramas, y que, por lo tanto, hay que estar atento. Y se debe tomar nota, precisamente, de esto. Porque una manera como satanás empieza a agitar las almas como el viento, es cuando le presenta razones para no orar, o hacerle pensar que ya ora suficiente, o bien, que el tiempo que se le puede dedicar a la oración es preferible dedicarlo a una acción que produzca un fruto más inmediato. La agitación comienza precisamente allí: cuando se abandona la oración, porque el paso seguido es la tentación y esta conduce al pecado. Al demonio no se le puede enfrentar tú a tú, porque es más poderoso que nosotros, pero cuando el alma ora como debe, quien se le enfrena directamente es el mismo Dios que habita en el alma del justo, y se da la victoria Por eso el alma que no ora, sin darse cuenta, se pone en manos de satanás, sin discernir sus actos. Recuérdese que detrás de cada caída siempre hay falta de oración. Muchas almas no logran cambiar su carácter y piensan que están “condenadas” a vivir con sus neurosis, depresiones, heridas emocionales, inseguridades, miedos, sentimientos de culpas, complejos… sencillamente, porque oran muy poco, y por lo tanto, jamás verán los milagros en sus vidas, y menos a través de sus vidas. Por ende, la Virgen con su mensaje espera cambiar la vida mediocre de muchos de sus hijos y darles una vida emocional sana, limpia y fuerte frente a las tentaciones que como humanos tenemos todos. El demonio ejerce su poder a quien le permite hacerlo, a razón de su frívola vida espiritual.

4. Decidirse nuevamente por Dios.

La última parte del mensaje es un bello corolario espiritual mariano, algo que la Virgen vivió en la tierra y fue el secreto de su felicidad y santidad. Y para asimilarlo, se debe recordar ante todo: que la verdadera y auténtica alegría está sólo en Dios y en cumplir cabalmente Su santa Voluntad. Decidirse por Dios es lo mismo que ser feliz, es lo mismo que tener el corazón permanentemente lleno de amor y de paz. Es sentirse bien con uno mismo y sentirse bien con los demás, es estar satisfecho de la propia vida, tener un corazón grande para amar y perdonar los defectos del prójimo y los de uno mismo. Tener diligencia para servir a Dios y a los demás. Pero, lo malo es que el mundo de hoy enseña otra cosa, y el pueblo de Dios sufre, como nunca antes en la historia, una gran metamorfosis en los valores cristianos, cuando se le permitir a los medios de comunicación social, a su propia historia sin Dios, a las heridas emocionales del pasado, al materialismo…. manipular su conciencia debido a su falta de oración personal y comunitaria. Pero téngase claro, que en medio de todo, la Madre también quiere ejercer su presión positiva de amor materno a través de sus apariciones diarias y de sus mensajes mensuales. Y es en esto donde se debe medir, con criterio pastoral eclesial, el gran aporte de Medjugorje a los tiempos presentes.

Sean alabados Jesús y María Reina de la Paz

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