La Madre ha dicho que «Medjugorje es un tiempo de gracia», por tanto, hay que vivir este tiempo con fuerza e interés para la renovación espiritual continua y este proceso se facilita aprendiendo a vivir con María.

Tuvimos la bendición de reunirnos en el Paraguay 18 países en nuestro VI Congreso Anual de miembros de centros de paz, grupos de oración, organizaciones caritativas y educativas de Iberoamérica asociadas al Movimiento de María Reina de la Paz. La experiencia, como todos los años, fue maravillosa y como predicadores estuvimos el P. Inocencio Llamas, P. Rafael Zacarías, P. Roel Osorio y un servidor. Al igual, asistimos unos 18 presbíteros de diversas nacionalidades y se propuso México para el próximo Congreso en la última semana de enero de 2017.

Estamos viviendo un Año Santo Extraordinario y entre las iniciativas que el Santo Padre propuso, está delegar un grupo de Sacerdotes a nivel mundial, como Sacerdotes Misioneros de la Misericordia. Por lo que en los próximos días nos reuniremos con él (en tres ocasiones) unos 900 sacerdotes de los cinco continentes para cumplir el encargo; específicamente de organizar misiones de misericordia y absolver pecados reservados a la Santa Sede, que por primera vez en la historia, se delega (solo) a estos sacerdotes con decreto Papal. La Misa de envío para esta misión, será el próximo Miércoles de Cenizas. Por lo tanto, pedimos especiales oraciones para que podamos cumplir fielmente con esta responsabilidad.

Los mensajes que la Madre nos dio para ser vividos en el mes de febrero, están en conexión con el Año Santo de la Misericordia, como también (pienso yo), la producción de la película (que tuve el gusto de ver en exclusiva por cortesía de los «distribuidores»), «La Resurrección de Jesús»; RISEN en inglés. Juzgo anticipadamente que hará mucho bien y que nuestro buen Dios se servirá de ella para tocar muchos corazones en este Año de la Misericordia. En la audiencia de hace dos días, el Papa le dio la bendición especial al actor principal como a su esposa y sus dos hijas. Finalmente una buena película después de la decepción de Noé y Éxodo.

La Madre nos ha dicho este mes:

«¡Queridos Hijos! También hoy los invito a todos a la oración. Sin la oración no pueden vivir, porque la oración es la cadena que los acerca a Dios. Por eso hijitos, en la humildad del corazón regresen a Dios y a sus Mandamientos para que puedan decir con todo el corazón: «así en la Tierra como en el Cielo». Ustedes, hijitos, son libres para que en libertad se decidan por Dios o contra ÉL. Vean cómo Satanás quiere arrastrarlos al pecado y a la esclavitud. Por eso, hijitos, regresen a mi Corazón para que yo los pueda conducir a mi Hijo Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!».

El mismo Papa en la Bula de convocación del Año Jubilar, puso como primera coordenada en la hoja de ruta a seguir en este periodo, «la llamada a la oración», y así vemos, que el mismo Espíritu Santo nos hace la misma llamada por dos canales diversos: el Papa y la Madre de la Iglesia. Entonces, debemos responder con amor y fuerza a esta llamada.

La Virgen ha dicho: «Los invito a todos a la oración. Sin la oración no pueden vivir, porque la oración es la cadena que los acerca a Dios». En otras palabras, sin la oración no se puede sentir o experimentar la presencia de Dios en el corazón. Y esta vez la Madre utilizó una expresión hermosa: habla de la oración como «cadena que nos acerca a Dios», en clara alusión al Santo Rosario, como además especifica la expresión del Padrenuestro que la Madre menciona: «así en la Tierra como en el Cielo». Luego, podemos ver, que una oración específica que nos acerca a Dios, en estos tiempos es el Santo Rosario. Y así podemos ver que para María, el Año Santo que estamos celebrando, es un Año dedicado especialmente a la oración y en particular al rezo del Santo Rosario. Entonces, se trata de rezar «con el corazón» y frecuentemente en este Año Jubilar, esta bella oración mariana y cristológica. Se debe rezar personalmente, en familia, en grupos de oración, en las parroquia y, especialmente, al visitar las iglesias indulgenciadas por los Obispos en cada diócesis.

La Madre ve en el mensaje del pasado 25 de enero, que al retomar la vida de oración también se regresa a Dios y a sus Mandamientos, y ese retorno se hace en medio de la libertad que Dios nos ha dado a todos; porque uno puede acogerlo o rechazarlo, pero en si se opta por la decisión del rechazo la Madre advierte de los engaños de Satanás, el príncipe de la mentira, toda vez que por el engaño, Satanás lleva por vía de seducción a multitudes.

En el mensaje la Madre dice: «Vean cómo Satanás quiere arrastrarlos al pecado y a la esclavitud» y esta parte del mensaje es sumamente importante. Obsérvese que la Virgen como el mismo Papa frecuentemente habla de Satanás. ¡Quizá para hacernos recordar su acción y destacar que existe y, que del mismo modo, no deja de tentar a quienes seguimos a Jesús y también a quienes no lo hacen. Entonces, la Virgen dice: «Vean cómo Satanás quiere arrastrarlos al pecado y a la esclavitud». Fíjese que destaca dos campos de su acción concreta: el pecado y las esclavitudes, por lo que este mes, además de orar con todo el corazón el Santo Rosario, del mismo modo hay que «ver cómo Satanás quiere arrastrarnos al pecado y a las esclavitudes». Por lo que quien saca tiempo para la oración le será más fácil descubrir las acciones de Satanás, pero quien no saca el tiempo para hacerlo podría permanecer en el pecado y las esclavitudes y pensar que todo es «correcto» o «normal». Por ejemplo, los jóvenes que no oran como deben, puede que no vean nada malo en tener relaciones íntimas en el noviazgo, lo mismo sus padres que se lo permiten. Al igual, quienes conviven maritalmente sin recibir el sacramento del matrimonio. Otra tanto quienes tienen dependencia al alcohol, las drogas a los juegos de azar o quienes odian o están resentidos en el corazón hacia otras personas. Pero cuando se comienza a orar, la verdad sale a la luz, se regresa a Dios y a los Mandamientos, y se descubre el engaño de Satanás, que lleva por la vía del error hoy, a un gran número de almas con el pensamiento del cristianismo light, «bajo en calorías espirituales». Luego, comenzar a orar, significa comenzar a abrir los ojos a la luz de la verdad. En suma, la Madre quiere que mientras oremos también descubramos las mentiras de Satanás.

También ha dicho: «regresen a mi Corazón para que yo los pueda conducir a mi Hijo Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida». Cuando la Madre dice «regresen» se refiere a que muchos hijos suyos por momentos la dejan de seguir. Es preciso destacar que Medjugorje es un «catecumenado mariano» un camino mistagógico que en estos tiempos María hace a los fieles, es una escuela de vida. ¡Quizá la mayoría de los católicos aún nos saben lo que es Medjugorje: Medjugorje es una escuela de fe y vida, es un proceso de conversión permanente y en este proceso, hay momentos en que cualquiera, que ha descubierto Medjugorje, también lo puede abandonar. Por eso la Madre dice «regresen», «vuelvan» a Mi Corazón Inmaculado para que yo los pueda guiar, para que yo los puede conducir a Mi Hijo Jesús, Camino, Verdad y Vida. Y otra peculiaridad de este mensaje, es que la Madre cita dos expresiones de Jesús en el evangelio: la del Padrenuestro y la del evangelio de San Juan; cuando el Señor dice que es el Camino, la Verdad y la Vida.

En el segundo mensaje, que es tan importante como el primero, la Madre dijo:

«Queridos hijos, los he invitado y los invito nuevamente a conocer a mi Hijo, a conocer la Verdad. Yo estoy con ustedes y oro para que lo logren. Hijos míos, ustedes deben orar mucho para tener cada vez más amor y paciencia, para saber soportar el sacrificio y ser pobres en espíritu. Mi Hijo, por medio del Espíritu Santo, está siempre con ustedes. Su Iglesia nace en cada corazón que lo conoce. Oren para que puedan conocer a mi Hijo, oren para que vuestra alma sea toda una con Él. ¡Esto es la oración, este es el amor que atrae a los demás y que a ustedes los hace mis apóstoles! Los miro con amor, con amor maternal. Los conozco, conozco sus dolores y aflicciones, porque yo también he sufrido en silencio. Mi fe me dio amor y esperanza. Repito: la Resurrección de mi Hijo y mi Asunción al Cielo son para ustedes esperanza y amor. Por lo tanto, hijos míos, oren para conocer la verdad, para tener una fe firme, que guíe sus corazones y sepa transformar sus sufrimientos y dolores en amor y esperanza. ¡Les doy las gracias!

Como se observa, la Madre comienza el mensaje en continuidad con el anterior: «Queridos hijos, los he invitado y los invito nuevamente a conocer a mi Hijo, a conocer la Verdad «. Obsérvese que pareciera un único Mensaje dividido en dos partes, porque donde termina el anterior, inicia justo el del 2 de febrero: en él la Madre nuevamente muestra a Jesús, Camino Verdad y Vida y destaca, especialmente la «Vida» que se encuentra solo en Él. Además ora por dicha intención: que sus hijos encuentren esa Vida.

Luego, destaca en el mensaje del 2 algo significativo: la importancia del sacrificio en el seguimiento de Jesús: «ustedes deben orar mucho para tener cada vez más amor y paciencia, para saber soportar el sacrificio y ser pobres de espíritu». Entonces, la oración nos acerca a Dios, nos acerca a los Mandamientos, nos hace ver los ataques de Satanás y, del mismo modo, nos entrena espiritualmente para tener cada vez más amor y paciencia y saber soportar el valor del sacrificio y ser pobres de espíritu. Son otras gracias que la Madre recuerda que vienen por la oración. Por lo que los mensajes de la Virgen quieren conducirnos a vivir intensamente con Dios por medio de la oración. Con la oración se entiende todo y se acepta todo con amor y paciencia, especialmente el sacrificio y este llamado nos recuerda que estamos entrando en la Cuaresma y dicho tiempo se caracteriza precisamente por la oración incesante y el ayuno. De hecho el Miércoles de Cenizas y el Viernes Santo son días de ayunos con carácter de obligatoriedad para todo católico; como son días de abstinencia de carne y placeres, todos los viernes del año que no coinciden en solemnidades, especialmente los de la Cuaresma. Seguramente, quien más ora tienes menos problemas para ayunar a pan y agua los miércoles y viernes como lo pide la Virgen. Quien menos lo hace, sentirá el ayuno como un peso, una carga, incluso su relación con la Madre de Medjugorje. Más fácil sería otra advocación suya con menos exigencia. Pero el mal sería para él, porque el ayuno es una especie de «auto exorcismo» y nadie está exento de él, solo los enfermos, niños y ancianos y las embarazadas.

También dice la Madre: «Mi Hijo, por medio del Espíritu Santo, está siempre con ustedes. Su Iglesia nace en cada corazón que lo conoce. Oren para que puedan conocer a mi Hijo, oren para que vuestra alma sea toda una con Él. ¡Esto es la oración, este es el amor que atrae a los demás y que a ustedes los hace mis apóstoles!» Esta parte del mensaje, como habitualmente ocurre en los mensajes del 2, es una invitación a abrirnos a Jesús. En esta ocasión nos recuerda la importancia del Espíritu Santo para conocer a Cristo y vivir con Él por medio de la oración. Por tanto, sin el Espíritu Santo no se puede experimentar a Jesús en la oración. La Cuaresma también es tiempo fuerte para el Espíritu Santo, para renacer en Jesús que da Su vida por la humanidad. Una llamada más a la oración incesante.

También la Madre ha dicho: «Los miro con amor, con amor maternal. Los conozco, conozco sus dolores y aflicciones, porque yo también he sufrido en silencio. Mi fe me dio amor y esperanza. Repito: la Resurrección de mi Hijo y mi Asunción al Cielo son para ustedes esperanza y amor.» En esta penúltima parte del mensaje la Virgen subraya nuevamente su oficio maternal. Como Madre conoce a sus hijos, cuanto ellos llevan por dentro; ella conoce lo que son y lo que sufren; conoce sus dolores y aflicciones, y también se solidariza con ellos, se coloca su piel porque vivió en silencio lo mismo cuando vivía en esta tierra. Pero por otro lado, obsérvese que, de igual modo, da el remedio, la solución a los «dolores y aflicciones«, de sus hijos, y la respuesta es la «oración» y la «fe». Quien ora crece en fe y la fe lo conduce al amor y la esperanza. Y con amor y esperanza se supera todo. Y la Madre invita a contemplar la Resurrección de Su Hijo y Su admirable Asunción a los Cielos (dogma de fe) como herramientas espirituales para superar todos los «dolores y aflicciones». Por lo que la espiritualidad de esta Cuaresma del Año Jubilar, es atravesada transversalmente por el misterio de la Resurrección de Cristo y la Asunción de la Madre. De esta manera, la Virgen recuerda a sus hijos que la Cuaresma es un tiempo de preparación a la Pascua; está unida a ella y sin Resurrección, la Cuaresma carece de sentido.

Al final la Madre hace una síntesis del mensaje del 2: «Por lo tanto, hijos míos, oren para conocer la verdad, para tener una fe firme, que guíe sus corazones y sepa transformar sus sufrimientos y dolores en amor y esperanza. ¡Les doy las gracias!

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