27 de mayo de 2015

Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz del 25 de mayo de 2015 desde Medjugorje y reflexión del P. Francisco Verar

«Queridos hijos! También hoy estoy con ustedes y con alegría los invito a todos: oren y crean en el poder de la oración. Abran sus corazones, hijitos, para que Dios los llene con su amor y ustedes serán alegría para los demás. Su testimonio será poderoso y todo lo que harán estará entretejido con la ternura de Dios. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes y por su conversión, hasta que pongan a Dios en el primer lugar. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!»

El mensaje de este mes es una preparación a la Novena de María Reina de la Paz, y por consiguiente, a la Fiesta que celebra los 34 años de la primera aparición. Se recuerda que la Novena de nuestra Madre comienza en 16 de junio, y en esta ocasión, 10 días antes, Bosnia goza también de la presencia del Papa en Sarajevo. Se espera que muchos parroquianos de Medjugorje estén con el Santo Padre en la Eucaristía que celebrará en Sarajevo.

La Virgen ha dicho: «Queridos hijos! También hoy estoy con ustedes» Esta expresión es frecuente en los mensajes de Nuestra Señora. Esencialmente quiere decir dos cosas: la importancia de su visita a Medjugorje y que el mensaje más importante que Ella da con estas apariciones, es su presencia; más que las propias palabras. ¿Qué pasará cuando terminan las apariciones de Medjugorje? No lo sabemos, quizá ni los videntes lo sepan, pero ahora sabemos que María está con nosotros, como nunca ocurrió en la historia de la humanidad desde su Asunción a los Cielos. Y a nosotros nos corresponde aprovechar esta «venida suya», venida de amor, de paz, de esperanza. Y también nos corresponde ayudarla, poner en práctica lo que dice. Nos corresponde, de igual modo, leer este Signo de los Tiempos que Dios nos da.

Luego, la Madre dice: «con alegría los invito a todos: oren y crean en el poder de la oración.» Cuando dice «los invito a todos» significa que no hace acepción de personas. Todos estamos invitados por igual: sacerdotes, religiosas, laicos… absolutamente todos, a responder a la invitación de orar y creer en el poder de la oración. Pero fijémonos que la Madre no ha presentado en el mensaje una intención especial por la que se deba orar; como ha dicho en otras ocasiones. Solo ha dicho que se ore y que se tenga fe en el poder de la oración, dejando libre la intención de cada quien. Sin embargo, el 11 de mayo pasado, Ella misma pidió una intención especial. Dijo: «Queridos hijos, también hoy deseo nuevamente invitarlos a orar en este tiempo por mis intenciones: por mis planes que deseo realizar con mi venida aquí. ¡Oren, queridos hijos, y sean perseverantes en la oración!» Entonces, podemos considerar también que la Madre, en el mensaje del 25 de mayo, nos está pidiendo, que al momento de orar con fe, incluyamos sus intenciones, porque es sabido que Dios ha puesto en sus manos un proyecto que debe realizarse.

Luego, la Virgen ha dicho: «Abran sus corazones, hijitos, para que Dios los llene con su amor y ustedes serán alegría para los demás.» También en los últimos mensajes la Virgen ha estado insistiendo sobre el particular de abrir el corazón. Quizá porque como Madre sabe que muchos de sus Hijos, aunque oren y vayan a la Iglesia, tienen el corazón cerrado a Dios. Ahora bien, para abrir el corazón hay que orar, porque la oración misma es la que abre el corazón. Así, cuanto más se ora, más se le abre el corazón a Dios, y cuanto menos se ore, menos se le abre el corazón a Dios. Entonces, todo depende de la oración. La gente que está habituada a orar no tendría problemas para abrirle el corazón a Dios. Más bien el problema lo presenta quienes no oran como deben. Para captar las cosas que el mundo de hoy ofrece, no es necesario abrir el corazón, sin embargo, para captar las cosas de Dios sí. Y la deferencia está en que Dios es amor y el corazón humano es la sede de ese amor. Por eso si no se abre el corazón no se puede experimentar a Dios, porque Dios es amor. Dios no es un sentimiento, sin embargo el sentimiento del amor en el corazón es señal de su presencia.

Mucho se habla -y de manera errada-, que no se debe buscar emoción cuando se ora, pero entonces, ¿¡qué sentido tendría la expresión «abrir el corazón» si no es para experimentar una emoción de amor!? No se abre el corazón para experimentar tristeza, angustia, aridez… sino para experimentar amor. Este es el fin. Y subrayamos este aspecto para que cada quien sepa cuándo puede tener la certeza de haber experimentado a Dios; de saber cuando le ha abierto el corazón a Dios. La señal es siempre el amor. La misma Virgen lo dice que: por medio de la apertura del corazón a Dios seremos alegría para los demás y cuanto haremos estará entretejido de la ternura de Dios.

Este nuevo llamado que la Madre nos ha hecho es para que sus hijos tomen conciencia del deber de ser testimonio de amor de Jesús en el mundo. El testimonio es alegría y ternura de amor. Pero hoy muchos no lo ven así. Se piensa que quien más predica, o quien más ministerios ejecuta dentro de la Iglesia es más apóstol de Jesús. ¡No! El testimonio no radica en hacer muchas, cosas sino en amar mucho. El apóstol verdadero es el que más ama y no el que más acciones realiza en la Iglesia. Teresita de Lisieux vivió muchos años como religiosa buscando su vocación en la Iglesia, pero después de leer 1 de corintos 12, 13 y 14 escribió esto: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado». Eso mismo ya no los dijo Jesús: que en amor reconocerán todos que somos discípulos suyos. Luego, la Madre quiere que demos testimonio de la ternura del amor de Dios frente a quienes nos rodean.

Luego al final la Madre dice: «Yo estoy con ustedes y oro por ustedes y por su conversión, hasta que pongan a Dios en el primer lugar.» La Madre una vez más nos recuerda que está con todos y que le presenta a Dios nuestras necesidades, pero también nos dice porque ora: por nuestra conversión. Y sabemos que la conversión es un cambio de vida hacia Dios y renuncia a todo lo que le ofende. Pero también para la «Gospa» conversión significa poner a Dios en el centro de la vida. Este particular es interesante. Poner a Dios en el centro de todo significa: consultarlo todo con Él, y que todas nuestra acciones lo tengan a Él como su fuente y de igual modo lo tangan a Él como su fin. ¡Sean alabados Jesús y María Reina de la Paz!

 

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