29 de septiembre de 1998

De nuevo saludo a todos los que siguen los mensajes de María y que los esperan con gozo. Pero, una vez más, recordemos primero lo que María nos dijo en el mensaje del mes pasado. Nos invitó a acercarnos más a Ella por medio de la oración; nos repitió que es nuestra Madre y que nos ama, y expresó el deseo de que cada uno de nosotros se salve a fin de poder estar en el Cielo con Ella. Quien nos ama quiere estar con nosotros para siempre y también nosotros queremos estar para siempre con quien nos ama. María nos ama y por eso quiere que estemos con Ella en el Cielo. Nuestra tarea debe ser, pues, la de responder a este amor anhelando la vida eterna con amor y con gozo. San Pablo decía que él deseaba morir para estar con Cristo, pero que si era necesario seguir en esta tierra para estar con sus hermanos, estaba dispuesto a aceptarlo. Todos creemos en la vida eterna, pero eso no basta, debemos comenzar a amar la vida eterna. Y la vida eterna no es algo que se encuentre más allá de las nubes, algo incierto, sino más bien la verdadera comunión de los que aman. Nosotros podemos anhelar con gozo y amor la vida eterna, del mismo modo en que anhelamos volver a casa en esta tierra. En el Cielo está la verdadera comunión con María, con los Santos, con los Angeles, con Jesús, con el Espíritu Santo y con Dios Padre. Por tanto, existen suficientes razones para que lleguemos a amar esa vida eterna y lleguemos a anhelarla. Si tenemos este amor en el corazón, dispondremos todas nuestras metas en la vida de acuerdo a la vida eterna y si empezamos a hacerlo así, esto significa que ya hemos comenzado seriamente a convertirnos. Nuestra vida debe transformarse en oración, dice María. Esto significa no sólo que dediquemos un rato de cada día a orar, sino más bien que nuestra vida entera debe convertirse en oración. Por eso debemos reflexionar de nuevo en el significado real de la oración. Orar significa encontrarse con Dios y los encuentros se dan a diferentes niveles y de diversas formas. Generalmente, cuando oramos, -y esto le sucede a todo el mundo- expresamos simplemente peticiones para que las cosas sucedan. Es decir, cuando necesito algo, pido por ello y lo busco. Pero esto es tan solo una mínima parte de lo que realmente significa orar. Podemos pedir y podemos buscar, pero no debemos quedarnos ahí. La oración es encontrarnos con Dios en cualquier cosa que hagamos. El Rosario no es simplemente rezar 50 Ave Marías, sino un encuentro con Jesús y María en el gozo, el dolor y la gloria. La Confesión es un encuentro con Dios que nos perdona y nos sana. Leer la Biblia es un encuentro con Dios que nos habla. Cuando trabajamos y vivimos con amor y hacemos uso de nuestras habilidades, nos encontramos con Dios Creador. El único enemigo real para este tipo de encuentros con Dios es nuestra soberbia, como cuando nos adjudicamos el mérito de cualquier cosa que hagamos. Por eso es tan importante que nos empeñemos verdaderamente, como dice San Pablo, en que todo lo que hagamos sea para la gloria de Dios.

Desde el 12 de septiembre pasado, ya sólo tres de los videntes tienen apariciones diarias — Vicka, Marija e Ivan. Por segunda vez en este año, Vicka experimentó una interrupción en las apariciones del 20 de julio hasta el 6 de septiembre y, desde esa fecha, las apariciones diarias se han reanudado para ella.

El 12 de septiembre, Jacov tuvo su última aparición diaria. Durante su estancia en Estados Unidos, Jacov nos envió el siguiente texto desde Miami:

"El viernes 11 de septiembre, durante la aparición regular, la Virgen me dijo que me preparara de una manera especial con oración para la aparición del día siguiente, porque me confiaría el 10° secreto. El sábado 12 de septiembre, la Virgen vino a las 11:15 (hora local). Al llegar, me saludó como siempre con ‘Alabado sea Jesús’. Cuando me confió el 10° secreto se veía triste.

"Después me dijo con una tierna sonrisa: ‘Querido hijo, Yo soy tu Madre y te amo incondicionalmente. A partir de hoy, ya no me apareceré a ti diariamente, sino sólo el día de Navidad, cumpleaños de mi Hijo. No estés triste, porque, como Madre, siempre estaré contigo como toda madre verdadera y nunca te abandonaré. Y tú, sigue adelante por el camino de mi Hijo, el camino de la paz y del amor y trata de perseverar en la misión que Yo te he confiado. Sé un ejemplo del hombre que ha conocido a Dios y el amor de Dios. Que la gente siempre vea en ti un ejemplo de cómo actúa Dios en las personas y por medio de ellas. Yo te bendigo con mi bendición maternal y te doy gracias por haber respondido a mi llamado.’ La aparición concluyó a las 11:45."

Yo hablé con Jacov. El está triste y ha llorado mucho, pero, naturalmente, del mismo modo que Mirjana e Ivanka, también él debe aceptar esta nueva realidad. Así que ahora tenemos a tres videntes que recibirán una aparición anual — Mirjana, el 18 de marzo, Ivanka, el día del Aniversario y Jacov el 25 de diciembre de cada año. Y por eso podemos decir que, aún cuando terminen las apariciones diarias, las apariciones no cesarán del todo, simplemente ocurrirán con menos frecuencia. No tenemos idea de qué más vaya a suceder en Medjugorje, pero eso no es de nuestra incumbencia. María nos ha dicho ya lo más importante y es que debemos hacer lo que Ella nos ha estado transmitiendo desde hace tan largo tiempo. Si nosotros la escuchamos, seguramente que muchas cosas más seguirán sucediendo aquí en los próximos años. Hay mucha gente en Medjugorje actualmente, de hecho el número de personas parece crecer continuamente. Por el momento están aquí entre 4 y 5 mil peregrinos y la Misa se celebra en 14 idiomas diferentes. Hoy, 25 de septiembre, un grupo de aprox. 400 personas de habla hispana (centro y sudamericanos de 15 países) iniciaron un congreso que durará una semana. Por noveno año consecutivo este evento es organizado por Luis Siman y Padre Francisco Verar y los numerosos Centros de Paz de Latinoamérica. Es un buen ejemplo para todos, para que de un modo o de otro todos podamos crecer y ayudemos a otros a hacerlo también en el espíritu de Nuestra Señora. En este mensaje, María no nos llamó a orar y es uno de los pocos en los que no lo hace. Pero, por otro lado, es un mensaje en el que Ella nos invita a la conversión. Primero dice…

HOY LOS INVITO A QUE SEAN MIS TESTIGOS VIVIENDO LA FE DE SUS PADRES

Ante la situación que vivimos en el mundo actual, podemos decir sin exagerar que la fe por la cual vivieron y también sufrieron nuestros padres, ha desaparecido en el corazón de muchos. Muchos cristianos ya no están dispuestos a dar testimonio de su fe y muchos padres y madres de familia cristianos ya no viven la fe en sus hogares. Por ejemplo, ya no son un ejemplo de oración comunitaria en la familia y cuando ya no se vive ni se transmite la fe en la familia, más tarde será muy difícil enseñar a los hijos la fe perdida. Por tanto, la familia es un lugar irremplazable en lo que respecta a la continuación de la fe. Por medio de este mensaje, cuando menos los padres debieran ser capaces de entender lo que significa vivir la fe y dar testimonio de ella, tal como hicieron sus padres. Hoy ciertamente no es fácil vivir los valores del Evangelio, pero todos los que han recibido una educación cristiana se mantendrán en la fe si continúan viviéndola. En este mensaje escuchamos de hecho algo así como una queja. María nos dice que…

USTEDES BUSCAN SIGNOS Y MENSAJES, PERO NO VEN QUE DIOS LOS INVITA CADA AMANECER CON LA SALIDA DEL SOL A QUE SE CONVIERTAN

Aquí nos dice que no vemos cada día el signo del amor que Dios nos tiene. También Jesús dijo los que buscaban signos no les serían dados. Esto nos es repetido ahora, porque nos hemos vuelto ciegos a las maravillas diarias que abundan a nuestro alrededor. Cada nuevo día es lo que María llama una nueva invitación a la conversión y convertirse significa volverse a Dios, apartarse del mundo y, del mismo modo como con cada amanecer desaparece la oscuridad de la noche, así también debe reafirmarse nuestra decisión diaria de volvernos a Dios, de tal forma que como dice María …

Y RETORNEN AL CAMINO DE LA VERDAD Y DE LA SALVACION

Cuando María nos llama a tomar el camino de la verdad y de la salvación, esto significa, con respecto a la conversión, apartarse del camino de la mentira y la destrucción y emprender un nuevo camino. Jesús es la Verdad Absoluta, El es el Camino, la Verdad y la Vida y El es la Salvación. Por eso, retornar al camino y a la verdad significa de hecho regresar a Jesús. Vemos, pues, dos dimensiones en la conversión — apartarnos, por un lado, del pecado y los malos hábitos y, por el otro, volvernos a Dios. Cuando nos volvemos a Dios, crecemos en la verdad y somos sanados. Después oímos otra queja en este mensaje…

USTEDES HABLAN MUCHO… PERO TRABAJAN POCO EN SU CONVERSION

En un mensaje, María dijo que deberíamos trabajar en nuestro corazón del mismo modo en que trabajamos nuestros campos. Cualquiera que haya trabajado en el campo, inmediatamente entenderá lo que esto significa. Si deseamos obtener buenos frutos, primero debemos preparar bien el terreno. Pero si alguien trabaja el terreno sólo superficialmente, puede ser que deje algunas raíces de mala yerba que más tarde podrían sofocar las plantas buenas. Hay que ir hasta el fondo para arrancar lo que pueda convertirse en mala yerba dentro de nosotros, a fin de que sólo lo bueno llegue a crecer fuertemente. Como dijo San Pablo: "Porque aún no han resistido al pecado y al mal con la sangre". Por supuesto, necesitamos hablar de la conversión, pero es todavía más importante trabajar en la propia conversión que hablar de ella. Más que eso, hay que trabajar en la conversión cada día. Y esta conversión, si pensamos en el mensaje de julio, significa que todo lo que pensemos, hagamos y digamos sea a la luz de nuestra meta eterna, incluso nuestros planes. Y es que a la luz de nuestra meta eterna, fácilmente podremos reconocer cuán mezquinos son nuestros caminos, nuestras decisiones, nuestros pecados y nuestros malos hábitos. No es fácil luchar contra el pecado ni trabajar constantemente en nuestra propia conversión, pero, con la fuerza del Espíritu Santo, sí es posible. María repite este mismo pensamiento de otra forma cuando dice…

POR ESO, CONVIERTANSE Y COMIENCEN A VIVIR MIS MENSAJES NO CON PALABRAS SINO CON LA VIDA

Ella nos está hablando en nombre de Dios. Ella nos transmite las palabras de Dios y por tanto, cuando comencemos a vivir lo que Ella nos dice, llegaremos a ser testigos de Dios. Ella nos pide que nos convirtamos, que oremos y ayunemos, que tengamos fe y que amemos. También nos ha dicho concretamente lo que debemos rezar — el Rosario entero diariamente, la Misa tan frecuentemente como sea posible, la Confesión mensual, leer la Sagrada Escritura y, a través de todo esto, crecer en el amor y la santidad. Esto es a lo que Ella se refiere específicamente cuando dice…

COMIENCEN A VIVIR MIS MENSAJES NO CON PALABRAS, SINO CON LA VIDA

Ella sabe que somos débiles y por eso nos dice también…

ASI TENDRAN LA FORTALEZA … PARA DECIDIRSE POR LA VERDADERA CONVERSION DEL CORAZON

Sabemos bien que necesitamos esta fortaleza. Si oramos y ayunamos, creceremos en el amor y en la fe. Entonces será posible que Dios, por medio de Su Espíritu Santo, nos dé la fortaleza para decidirnos por la verdadera conversión del corazón. Al oír las palabras "verdadera conversión", podría pensarse que existe algo así como una conversión falsa. Jesús habló usando diferentes parábolas refiriéndose a las semillas, al sembrador, al crecimiento de las semillas. Señaló que la semilla que cae a lo largo del camino no tiene oportunidad de crecer, que aunque ésta comience a crecer no durará mucho. Lo mismo sucede con la conversión. Todos podemos correr el riesgo de afirmar con mucha facilidad que ya hemos experimentado la conversión. Esto incluye también a los que han venido a Medjugorje. Pero la verdadera conversión del corazón sólo puede darse en base al trabajo diario. La verdadera conversión del corazón nunca ocurre de golpe, porque el pecado, el mal y Satanás no se alejan de nosotros tan fácilmente. Por tanto, la verdadera conversión del corazón implica una conversión diaria y para que ésta prosiga y dé buenos frutos, realmente necesitamos fortaleza puesto que fácilmente llegamos a cansarnos. ¿Cuántas personas que habían decidido orar diariamente dejaron de hacerlo después de poco tiempo? ¿Cuántas buenas decisiones que se tomaron para luchar contra el pecado y otros malos hábitos finalmente quedaron en nada? ¿Cuántas veces hemos decidido participar, por ejemplo, en un grupo de oración o en la Misa diaria, para después olvidarnos y encontrar excusas para no seguir adelante? La verdadera conversión del corazón sólo ocurrirá si oramos y ayunamos regularmente, si asistimos a la Santa Misa y acudimos a la Confesión, si aceptamos y seguimos los medios que Dios nos recomienda a través de María. Así pues, conversión significa un volverse profundamente a Dios y la búsqueda constante del amor de Dios; a través de este amor, nuestra paz, nuestro gozo y nuestra confianza serán capaces de crecer. Que así sea.

Oremos …

Dios, Padre nuestro, Te damos gracias por hablarnos en estos tiempos a través de María, Tu humilde sierva. Con Ella Te pedimos que nos des la gracia de poder vivir la fe de nuestros padres y de dar testimonio de ella. Perdónanos porque muchas veces andamos en busca de signos y mensajes y al hacerlo, nos volvemos ciegos a las grandes maravillas de la vida diaria. Abre nuestros ojos a los milagros que Tú nos regalas diariamente. Abre nuestros oídos para que podamos escuchar los mensajes que Tú nos das cada día, a fin de que podamos triunfar sobre cualquier mentira y estemos abiertos y emprendamos el camino de la verdad y la salvación. Danos, oh Padre, Te lo pedimos con María, la gracia de trabajar incansablemente en nuestra propia conversión y perdónanos porque hemos hablado sólo con los labios cuando hablábamos de conversión. Danos una profunda y auténtica conversión del corazón. Libera nuestro corazón de todo lo que sea un obstáculo en este camino de conversión. A todos los que en este momento viven en pecado grave y encadenados a los malos hábitos y dependencias, Te pedimos que, por medio de Tu Espíritu Santo, les des la fortaleza para decidirse por Ti. Bendice a toda la juventud para que pueda permanecer en el camino de la verdad. Bendice a todos los padres y madres de familia para que sean capaces de transmitir a sus hijos la fe de sus padres. Bendice a todos nuestros enfermos y a todos los que sufren y danos la paz por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

Fra. Slavko, Medjugorje,
Medjugorje, Septiembre 26, 1998

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