El próximo mes de junio la Virgen cumplirá 35 años de estar apareciendo diariamente en Medjugorje y el 13 de mayo de 2017 se cumplirá el Primer Centenario de su primera aparición en Fátima. Entonces, el Año de Jubilar de la Misericordia ha preparado el Año del Primer Centenario de la aparición de la Virgen en Portugal, y el Papa Francisco ya manifestó su deseo de estar en Fátima el próximo año. En Medjugorje la Virgen hizo referencia a sus apariciones de Fátima, cuando mencionó que “había venido a continuar lo que había empezado con los secretos de Fátima” (cf. Octubre, 1988) y quizá por eso, ahora nos habla de algo importante que mencionó allá: las heridas de su Inmaculado Corazón.

Lucía de Fátima narra que una aparición la Virgen le mostró su Corazón cercado de espinas “por las blasfemias e ingratitudes de tantos hijos ingratos”, y en el mensaje de este mes menciona que esas espinas han llegado a sangran Su Corazón Inmaculado a razón del pecado y todo hábito pecaminoso en el que viven sus hijos. Si nos fijamos bien en el mensaje, la Madre no se refiere a los pecados específicamente de los ateos, agnósticos o de los no católicos, sino de los pecados en general que cometen los que Ella “mira”. Entonces, son los pecados de todos: de creyentes y no creyentes: son las acciones con las que se ofende a Dios las que hacen sangrar el Corazón Inmaculado de María. ¿Y porqué razón la Madre en este momento nos habla así? Es probable que el motivo sea la pérdida del sentido del pecado que está viviendo el mundo; porque se ofende a Dios y no hay remordimiento, no hay culpa, no se advierte el mal. Aun no hemos salido de la dictadura del relativismo: el hombre es quien decide la objetividad del mal y no Dios; no lo que Él ha revelado. Y ese relativismo moral está conduciendo a la humanidad a la destrucción total, y la Iglesia no puede ceder al juego del Maligno. Entonces, frente a esa mentalidad neopagana la Madre reacciona y nos hacer ver lo que es el pecado: es una herida que sangra el Corazón de Dios y que hace sangrar Su Corazón Inmaculado, por lo que el mensaje de este mes también es un nuevo llamado a la conversión, a fin de “reparar las heridas del Corazón Inmaculado de María”.

La Virgen en Fátima, frente a las “espinas punzantes” que vio Lucía, pidió la Comunión Reparadora el Primer Sábado de cada mes, la Confesión mensual y el rezo meditado de 5 misterios del santo Rosario con la intención de desagravio, y en el mensaje de este mes, la Reparación del Corazón sangrante de María consiste en “regresar a Dios y regresar a la oración”; de esa manera se encuentra la felicidad en la Tierra y esa felicidad no es solo para el creyente sino también para María. Porque cuando se acude con el corazón al confesionario, cuando se busca la reconciliación con Dios y se regresa a la oración, también hacemos feliz a la Virgen: se Repara las heridas de Su Corazón Inmaculado. Tradicionalmente, el mes de mayo ha sido dedicado a a la Virgen María, por lo tanto, la tarea para este mes no puede ser otra que hacer el mes de “Reparación” al Corazón Inmaculado de la Madre, y abandonar el pecado y todo hábito pecaminoso, para de igual modo regresar a la oración como Ella misma pide. Este detalle es la más importante del mensaje de este mes.

También ha dicho: “Dios los llama a través de mí para que sus corazones sean esperanza y alegría para todos los que están lejos.” En esta parte del mensaje se aprecia nuevamente el rol determinante que la Virgen desempeña en los tiempos que vivimos: es el instrumento por antonomasia que la providencia Divina suscita para la conversión de los fieles. Es sabido que hay muchas maneras de volver a Dios, pero la más correcta es por medio de María, porque por Su medio Él vino a nosotros, y por ende no puede haber otro mejor que el que Él utilizó para llegar a la humanidad. Luego, María es puente para llegar a Dios: es camino, medio, canal, es instrumento para la conversión de la humanidad. Por eso hay que hablar de Ella, promover sus mensajes, y de ser posible, peregrinar a Medjugorje, no menos de una semana. Recuérdese que Medjugorje es conocido en el mundo entero como el confesionario del mundo, toda vez que son millones quienes han dejado en ese lugar sus pecados y hábitos pecaminosos para regresar a Dios. Han sido millones quienes en Medjugorje dejaron de sangrar el Corazón Inmaculado de María para iniciar el ministerio de la Reparación: Comunión Reparadora frecuente, Confesión reparadora frecuente, Rosario Reparador diario.

Además, la Madre ha dicho: “Que mi llamado sea un bálsamo para el alma y el corazón para que glorifiquen a Dios Creador, que los ama y los llama a la eternidad”, porque Ella sabe que cuando el alma abandona el pecado y los hábitos pecaminosos encuentra el bálsamo de la verdadera felicidad. La Virgen sabe que gran parte de la humanidad, e inclusive muchos cristianos, viven engañados, al pensar que el pecado y los malos hábitos, hacen feliz al hombre. Probablemente, se siente en el momento pero luego viene la amargura, la insatisfacción, el desánimo, la ira, el rencor, las perturbaciones interiores… Por lo cual, ningún ser en la Tierra puede sentirse bien al ofender a Dios, sencillamente porque fuimos creados para Él. Por ende, la gente más amargada de la Tierra son quienes más pecan, quienes con sus actos más ofenden a Dios. Luego, el llamado de la Gospa es “bálsamo y esperanza” si se responde con la conversión. De lo contrario no. Aunque un creyente se sienta comprometido en la Iglesia y trabaje para Dios si no hay conversión, si no se rompe con el pecado y los hábitos pecaminosos, no puede recibir el bálsamo que menciona María.

Dos mujeres en los evangelios ungieron a Jesús: una con su lágrimas ungió sus pies, otra con un perfume costosísimo, que Judas Iscariote consideró un verdadero derroche, ungió sus pies y su cabeza. Pero aquella mujer antes de la sepultura de Cristo, se había anticipado a su sepultura ungiéndoles los pies y la cabeza. ¿Porqué estas mujeres ungieron a Jesús? ¿No fue acaso porque Él las había ungido primero a ellas con el bálsamo de Su Misericordia? Otro tanto ocurrió con la Madre de Dios. Primero Él la ungió en Su concepción Inmaculada, luego Ella fue la que lo ungió cuando después del baño, perfumaba a Jesús. Ella derramó muchas veces perfume sobre su Hijo porque Dios había derramado primero el bálsamo de su Misericordia en su Inmaculada Concepción. Entonces, la Madre quiere, que de igual modo, Dios derrame el bálsamo de Misericordia sobre todos sus hijos. Primero por el Bautismo que borra todos los pecados y nos da la gracia para vivir en amistad con Dios, luego el bálsamo de la unción de la Confirmación, luego el bálsamo viviente de Jesús Eucaristía, posteriormente el bálsamo del sacramento del amor por medio del Matrimonio sacramental, y sobre todo, cuando caemos: el bálsamo de la Confesión. Porque cada vez que un alma se confiesa Dios derrama Su Bálsamo de Misericordia en su alma. No se puede glorificar a Dios y ser testigo Suyo en el mundo, sin el recurso a los sacramentos que santifican.

Al final la Virgen ha dicho: “Hijitos, la vida es breve, aprovechen este tiempo para hacer el bien.” Ninguno de quienes estamos con vida sabe cuán breve es la vida en la Tierra, pero si estuviéramos de la otra parte, lo sabríamos. En realidad la vida es un pestañar; cuanto estemos de la otra parte lo sabremos. ¡No nos debe quedar la menor duda! Pero el no saber que la vida es corta en esta Tierra, no nos exime para pecar y frecuentar los malos hábitos sino para vivir en la voluntad de Dios, toda vez que fuimos creados para Él, para la eternidad, no para el mundo que nos rodea. Entonces, hay que provechar el tiempo, hay que aprovechar la vida para hacer el bien, y el bien por excelencia es siempre la Misericordia. En este Años Santo de la Misericordia, la Madre nos invita a hacer el bien, a ejercer la Misericordia, que tantas veces ha destacado el Papa Francisco en sus 14 obras: las corporales y las espirituales. ¡Sea alabado Jesucristo!

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