Queridos hermanos:

Que el amor del Señor y la ternura de la Reina de la Paz esté con todos ustedes.

Orando por este Encuentro y por ustedes, he sentido de compartirles algunos brevísimos testimonios en torno a mi peregrinar a Medjugorje.

Para mi Medjugorje, marca un antes y un después, en mi relación con la Virgen María y en el desarrollo de la Paz Interior. La primera vez que peregriné fue simplemente para acompañar pastoralmente a un grupo de peregrinos de mi país, Argentina.

Debo confesar que fui con un alto nivel de incredulidad en cuanto a que la Madre de Dios se estuviese apareciendo en esa apartada aldea. Sin embargo, Dios intervino y en su misericordia quiso confirmarme la veracidad de las apariciones de María como Reina de la Paz y sus planes de bendecir al mundo.

Hoy comprendo con mayor claridad la importancia de que los sacerdotes puedan ir como peregrinos, con las puertas del corazón abiertas, para que el Espíritu Santo pueda renovar sus vidas y su ministerio sacerdotal.

En reiteradas peregrinaciones fui comprendiendo que al finalizar una peregrinación no podemos regresar como partimos, ya que Dios nos lleva a cada peregrinación para hablarnos al corazón, manifestarnos su misericordia, sanar gradualmente las heridas en nuestras vidas, producir diversos cambios en nosotros, hacernos apóstoles suyos y alumnos alegres y bondadosos en la escuela de la Reina de la Paz.

Sin embargo, todos sabemos que siempre se corre el riesgo de volver sin haber cambiado profundamente. O que los cambios de transformación no se mantengan en el tiempo. Y éste es un peligro no solo para los peregrinos, sino también para los guías y los sacerdotes asesores.

Esto me motivó a implementar en cada peregrinación tres días de retiro espiritual con los peregrinos, para poder desarrollar -a partir de los Mensajes de la Gospa-, un plan de vida para el regreso a los hogares.

También en preparación a cada peregrinación, durante el horario en que suena la alarma de mi reloj recordando el momento de la aparición de la Gospa, le pido a la Virgen que sea ella quien forme cada grupo de peregrinos, de manera tal que se acerquen sólo aquellos a quienes ella quiera llevar, y que no viajen a quienes aun no les ha llegado el momento de peregrinar, ya que entonces las semillas caerían en terreno infecundo.

Además les comparto que en mi parroquia hemos agregado el primer jueves de cada mes, la Misa de los Peregrinos, siguiendo el programa de la parroquia: rezo del Santo Rosario, Santa Misa y Adoración, a fin de que el Espíritu Santo renueve los frutos en quienes han participado en las diversas peregrinaciones.

No quería dejar de compartirles que el miércoles 29 de mayo del año pasado tuve la gracia de concelebrar la Santa Misa con el Papa Francisco, en la Capilla de la Casa Santa Marta. (Dios me ha permitido conocerlo desde que yo tenia 23 años y el aún no era Obispo).

Debo decir que cuando él era Arzobispo de Buenos Aires, jamás puso ningún impedimento para que yo u otros sacerdotes guiásemos peregrinaciones a Medjugorje. Y cada vez que solicitábamos su permiso para invitar a algún predicador, en relación con Medjugorje, jamás puso objeciones, y siempre nos dio su autorización.

El 29 de mayo, al finalizar la Misa, y al encontrarme con él, me dijo familiarmente: “¿Turco, que haces por acá?” (Así solía decirme familiarmente en Buenos Aires a raíz del origen de mi apellido) yo aproveché la ocasión para dejarle una carta, en la cual le contaba que en el mes de marzo, durante el Cónclave en el que él fue elegido Papa, yo había estado en Medjugorje, en un retiro con un grupo de 93 peregrinos de Argentina y de otros países, y que las bendiciones habían sido muchísimas, y que al día siguiente después de mi encuentro con él, seguía para Medjugorje con otro grupo de peregrinos.

Siento que estos son momentos muy especiales, en que todos los que estamos unidos de corazón con Medjugorje, debemos demostrar nuestra gratitud y compromiso, orando para que Jesús filtre con su Preciosísima Sangre todas las noticias que el Santo Padre ha ido recibiendo acerca de Medjugorje, a fin de que solo llegue lo bueno, lo bello y lo verdadero.

Termino estas líneas dándole gracias a ustedes por todo el bien que hacen por la Iglesia y en el mundo, y por el testimonio que como laicos nos brindan a los sacerdotes.

Saludo a quienes conozco y también a quienes aun no he tenido la gracia de conocer personalmente.

A todos les envío un fuerte abrazo y me pongo bajo la bendición de sus oraciones.

Fraternalmente:
P. Gustavo Jamut, OMV (Oblato de la Virgen María)

Encuentro Iberoamericano María Reina de la Paz, Lima – 2014

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