NACHO ABAD GARCÍA (UN APÓSTOL DEL AMOR DE MARÍA) – DIEZ AÑOS DE PEREGRINACIÓN

Apóstoles de mi amor, con el calor del amor de mi Hijo, sed como los rayos del sol que calientan todo en torno a sí (Mensaje a Mirjana 2/10/2018)

En mi vida, hay un antes y un después de aquel viaje, en aquel momento era un viaje, ahora es una peregrinación.

Antes yo era de los que buscaba un aprobado del Señor, iba a Misa los Sábados o los Domingos, me encantaba la Semana Santa y rezaba lo justo o incluso menos de lo justo. Ojo, cada uno es libre de hacer lo que quiera y pueda, a cada uno nos llama de una manera.

Hubo un momento en que si no recuerdo mal me pregunté: ¿para qué voy a rezar más? Para lo que sirve… Y yo creo que ese pregunta mía llego a los oídos de la Virgen y dijo: a éste hay que enseñarle que no es así, que la oración es lo más importante para que vea que la oración sirve y que la Gospa nos oye y nos quiere.

Ahora me paso el día rezando, voy por la calle y veo a alguien que me recuerda a una persona y pienso que el Señor me lo ha puesto para que me acuerde de esa persona, porque necesita que rece por él,  y así lo hago. No sé si os pasa, que cuando rezo, creo que el Señor y la Gospa sonríen. Antes buscaba sin saberlo el aprobado y… ahora sueño con la Santidad.

Yo decía que era más de Cristo (Pasión, Buena Muerte…) que de la Virgen,  y me decía: ¿para qué le voy a pedir a la Virgen si se lo puedo pedir al Señor? de hecho le sigo pidiendo al Señor, pero la perspectiva ahora ha cambiado totalmente. Al Señor tengo que agradecer estas limitaciones porque gracias a ellas empezó mi conversión, mi curación espiritual o mi milagro espiritual, como queráis llamarlo, que es lo más importante porque, si Dios quiere, estas limitaciones son las que me van a llevar al cielo; gracias a ellas y a que iba muy bien acompañado fui a Medjugorje y si no fuera por ellas y por la compañía no sé si hubiera ido.

En Medjugorje, como dice el Evangelio, la Gospa puso el granito de mostaza de la Fe en mi corazón y yo lo voy regando con las cinco piedras, ahora cuatro, porque yo allí no vi nada exterior extraordinario lo que si sentí fue mucha paz.

Este año, por fin, (soy muy lento) me he dado cuenta de lo qué es abrir el corazón, eso que tanto se dice allí. Para mí es hacer lo que la Gospa te pide, por ejemplo, las cinco piedras o, por lo menos, intentarlo y eso es lo que creo que me ha cambiado.

Gracias a Medjugorje, he conocido a personas extraordinarias. Subo a los Montes, a superar mi vergüenza de ser el último y que me miren… yo miro las piedras y vamos “palante”, a pesar de lo que me cuesta, pero aprendo mucho en los Montes.

Lo primero que aprendí es que hay que ser humilde para llegar a ver a la Gospa, el primer año yo escuché como el que no quiere la cosa, que había unos montes pero yo no le di importancia, por aquella época yo andaba mucho y recuerdo que en la cuesta de las tiendas previas a los Montes yo muy chulito andando de espaldas, pensaba: “esto lo subo yo con la gorra”, primera lección: humildad. Lo segundo que descubrí fue la confianza en la Gospa, la confianza en saber que la Gospa no va a dejar que ponga el pie donde me vaya a caer, que Ella me cuida. En tercer lugar, asimilé no ser soberbio para reconocer que necesito ayuda y aceptar la ayuda de quien sea, porque viene con todo el corazón. Y en cuarto lugar, entendí que la Gospa nunca nos va a dejar solos: siempre nos va a poner a alguien que nos va ayudar.

Quisiera agradecer a May y a Jaime, porque renunciaron a subir juntos por ayudarme a mí, gracias de todo corazón.

Así es la vida. Momentos buenos, cuando es fácil subir, momentos buenísimos cuando llegamos a la Cruz o a la Virgen y pensamos lo que dice el Evangelio en el Monte Tabor: “¡qué bien se está aquí!”, y momentos durísimos en los que piensas: “aquí me quedo”. Pero la Gospa siempre pone gente a tu alrededor que te ayuda. Eso es lo que llamo momento bajada.

Otra cosa que también he aprendido es que la Fe mueve montañas. Me impresiona ver la Cruz y pensar que voy a subir hasta allí, y más con las condiciones del terreno y las mías propias, me parece imposible, pero con Fe y mucha perseverancia, dos cosas de las que escaseo, se puede lograr. La Fe y la perseverancia hacen que la montaña desaparezca.

Allí la Gospa nos regala muchos momentos. Este año, por ejemplo, me ha enseñado lo que es orar con el corazón (ya he dicho que soy lento) este año la última noche, al pasar por la Virgen Blanca, en vez de hacer lo habitual al despedirse que suele ser pedirle volver  ( reconozco que siempre me cuesta irme de las iglesias, de todas, no solo allí, por si no he rezado bien, por si no he dicho algo o no lo he dicho bien) con las prisas de ir a cenar, me salió del corazón: ¡¡¡lo que Tú quieras!!!, y seguí andando. Desde entonces esa oración la he unido a mi oración favorita, que es como dice Jesús sin muchas palabras, pero profundamente, y que me gusta rezar cuando me voy de la iglesia: ¡¡¡Os Quiero, Gracias, Perdón!!!, y ahora le he unido, ¡¡¡lo que Ustedes queráis!!!.

Yo digo que Medjugorje es el mejor sitio para un Sacerdote, y para los enfermos como a mí que se les note la enfermedad, por ejemplo, a mí una señora me regaló un Rosario, otros me pusieron en un buen sitio en la aparición, etc… ¡gracias a todos!.

El año pasado gracias a la Gospa tuvimos la bendición de disfrutar la aparición en un sitio privilegiado y yo sentí que yo estaba allí no por méritos míos, sino porque estaba en representación de todos los enfermos, no hay nadie mejor a quien representar. Regalos y Bendiciones de la Gospa.

En Medjugorje hay grandes momentos, como es el momento Karlovacko, después de las subidas y bajadas, en la parra, enfrente de la Cruz y en los alrededores de la Parroquia.

Yo creo que tengo un papel en la peregrinación, dicho con toda la humildad del mundo, ya que no paso desapercibido (muy a mi pesar) creo que la gente ve en mi un ejemplo de superación o mi alegría a pesar de las dificultades, eso depende de cada uno. Ya que no aporto amigos a la Peregrinación aporto eso.

Como veis en mi vida hay un antes y un después de nuestro peregrinar (ya no digo viaje) a Medjugorje, y por eso os tengo que dar las gracias, por todo esto y mucho más, entre otras cosas, por contar conmigo, hacerme sentir útil, querido, respetado y por vuestro esfuerzo en entenderme literalmente.

Y para terminar decir al Señor, a la Gospa y a ustedes: os quiero, gracias, perdón, lo que queráis.

¿Y para ustedes que han supuesto estos diez años?

 

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