Kurt Knotzinger, 1996

PENSAMIENTOS PARA UNA INTRODUCCION

La petición de que leamos la Sagrada Escritura puede encontrarse cuatro veces en los mensajes de Medjugorje. El 18.10.84, decía un mensaje: «Hoy los llamo a leer la Biblia cada día en sus casas. Colóquenla en un lugar visible, a fin de que siempre los estimule a leerla y a orar.» Un mensaje posterior retoma éste último de manera muy específica: «Cada familia debe hacer oración en familia y leer la Biblia!» (mensaje del 14.2.85). Dos mensajes indican por qué es tan importante la lectura de la Sagrada Escritura: «Oren y lean las Sagradas Escrituras, a fin de que a través de mi venida, descubran el mensaje en las Sagradas Escrituras para ustedes», y «Lean la Sagrada Escritura, vívanla y oren para entender los signos de los tiempos.» (25.6.92 y 25.8.93).

En un seminario para líderes de grupos de oración y de grupos de peregrinos de Medjugorje, no puede faltar un discurso sobre la práctica de la lectura de la Sagrada Escritura. La gente que desea orientar su vida según los mensajes de Medjugorje siempre hace preguntas a este respecto. La pregunta más frecuente parte del reconocimiento de que, en los mensajes, no se dice nada nuevo sobre la fe y no se hace ningún comentario sobre los acontecimientos actuales. Una y otra vez, los videntes han señalado que todas las respuestas se encuentran en la Sagrada Escritura cuando les han pedido plantear preguntas a la Virgen. Entonces, para qué los mensajes de la Virgen, si todo está contenido en la Escritura?

A esto hay que decir primeramente que los mensajes demandan la lectura de la Biblia y con ello nos indican lo que Dios quiere decirnos a través de la revelación. La Sagrada Escritura es el documento de nuestra fe en el doble sentido de la palabra. Nos cuenta lo que Dios dice acerca de Sí mismo y lo que El nos ha transmitido o revelado; aún más, es un documento obligatorio para nosotros en el que todo está escrito. La Biblia habla, alabando y dando gracias a Dios por Sus maravillas y Su Señorío eterno, pero nos muestra también la vía para nuestro camino de salvación, para unirnos cada vez más a Dios, para ser unos con otros el pueblo de Dios. Para los grupos de oración que han nacido en muchos lugares y que leen la Sagrada Escritura, es importante disponer del acompañamiento de un experto. Cualquier introducción teológica a la Biblia se basa en el hecho de que la Sagrada Escritura es Palabra de Dios en lenguaje humano, en un ambiente cultural desconocido para nosotros, escrita hace muchísimo tiempo. Para entenderla correctamente, es necesario, por tanto, entender los contextos, las formás de lenguaje y las circunstancias de esos tiempos. Pero el texto bíblico debe ser reconocido también como Palabra de Dios para nuestros tiempos. Después, debe ser puesta en acción; y sólo entonces puede llegarse a su correcta interpretación. De no tomarse en cuenta esto, existe el peligro de perdernos en errores fundamentales. Pero debido a que la tarea más importante al estudiar la Sagrada Escritura es profundizar en nuestra fe, se nos recomienda siempre combinar la lectura de la Sagrada Escritura con la oración. La Biblia no es un libro de lectura, sino una ayuda para nuestra oración y una señal en el camino para nuestra vida. En los grupos de oración de Medjugorje se ora siempre pidiendo el auxilio del Espíritu Santo, antes de leer un trozo de la Sagrada Escritura. Para después de Su partida, Jesús prometió: » y yo pediré al Padre y El os dará otro Paraclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad» (Juan 14,16), «que nos instruirá y nos lo recordará todo» (Juan 14,26). Las invitaciones de Nuestra Señora también se refieren a esto: que oremos al Espíritu Santo para poder comprender todas las cosas. Especialmente antes de Pentecostés, Ella nos ha invitado repetidamente a orar pidiendo la efusión del Espíritu Santo. Nos ha invitado igualmente a implorar el Espíritu de verdad y estar abiertos al Espíritu Santo para que nos ilumine y nos haga capaces de dar testimonio de la presencia de María en Medjugorje.

Al abordar el Antiguo Testamento, según nuestra experiencia, se presentan dificultades particulares en la lectura de la Sagrada Escritura. Aquí es particularmente importante señalar que muchos libros del Antiguo Testamento surgen a raíz de un largo proceso de transmisión. Dios se manifestó a los patriarcas y profetas, los cuales transmitieron aquello que les fue revelado de manera verbal o escrita. Quienes instruían al pueblo de Dios, meditaban en oración la Palabra de Dios y también la explicaban, hasta que finalmente se escribió de manera definitiva lo que había sido transmitido. Lo importante para nosotros es que estos textos fueron reconocidos, como Sagrada Escritura por el mismo Jesús, así como por la Iglesia Primitiva y que fueron transmitidos a la Iglesia como tal. El Antiguo Testamento apuntaba a Jesús y preparó [al pueblo] para Su venida. Algunas partes del Antiguo Testamento son sólo explicables a través de la comprensión de esos tiempos. Acerca de algunas cosas, Jesús dijo: «Se dijo a los antiguos pero yo os digo». Sólo en el Nuevo Testamento, la Revelación de Dios encuentra su cumplimiento y cosas que anteriormente habían sido manifestadas, tuvieron explicación. Con todo, siempre será necesario que el individuo pregunte a alguien competente, cuando no logre salir adelante, al toparse con pasajes difíciles en la Sagrada Escritura.

Es útil la lectura continuada de la Escritura que vuelve más claros los contextos. Una lectura continuada es, por supuesto, una posibilidad, pero no debe entenderse como una orden categórica. Circunstancias particulares y tiempos festivos demandan textos particulares. Para los sacerdotes y religiosos, que en su Breviario tienen ya prevista una lectura cotidiana, no es aconsejable otra lectura porque es más eficaz ocuparse de la lectura obligatoria; contemplar el texto y también los comentarios, para arribar a una mejor comprensión.

En particular, recomendamos aquí la liturgia de la Santa Misa. La participación en la Liturgia debe ser el culmen y la fuente de la fuerza de nuestra vida de fe, así lo pide la enseñanza del Concilio, Acerca de la Sagrada Liturgia. En la celebración de la Misa no sólo se hace presente la obra de redención, sino que estamos también reunidos en torno a Jesús y escuchamos Su Palabra dirigida a nosotros. En casa podemos releer los pasajes escuchados, que pueden ser meditados lentamente y ser relacionados con la homilía, cuando haya habido una. Es igualmente valiosa la preparación a la Santa Misa, buscando las lecturas del día con anticipación. Como un resumen de todas estas ideas se puede leer el mensaje del 25.8.93: «Lean la Sagrada Escritura, vívanla y oren para entender los signos de los tiempos.»

A este respecto, tenemos las consideraciones de muchos sacerdotes que dicen usar los mensajes como una fuente valiosa para la preparación de su homilía. Los mensajes, en sí mismos, son ya como homilías, en las que se representan las revelaciones escritas en la Biblia. En ellos se encuentran formulaciones que nos impulsan a transmitirlas. El uso de los mensajes para la preparación de la homilía se justifica también porque éstos se encuentran dentro del contexto del corazón mismo del Evangelio. El profesor y teólogo universitario de pastoral en Viena, Paul Zulehner dijo: «Que Medjugorje nos conduzca a la Biblia en vez de apartarnos de ella, es para mí uno de los principales criterios teológicos de que María no es el destino, sino más bien una señal en el camino.»

Siempre es bueno adherirse a la palabra de Dios de manera sencilla, reflexionar en ella y dejarla actuar en la oración. La propia Madre de Dios puede ser nuestro modelo. Dos veces leemos en el Evangelio de Lucas que Ella meditaba en las palabras de Jesús y en los eventos que Lo rodeaban, y que Ella sopesaba y conservaba todo en su corazón para comprender su significado. Es así como debe penetrar la Palabra de Dios en el corazón del hombre y fructificar. Cuando se toma la Biblia en las manos para su lectura, no se trata ya de un libro normal sino de un libro que contiene un mensaje que Dios mismo quiere dirigir personalmente a los lectores o por medio de un lector a quienes la escuchan. El mejor modo de escuchar el mensaje es como si se oyera por primera vez, porque de este modo se puede captar más claramente el significado de las palabras. Quien presta esa atención a cualquier texto bíblico, busca la verdad escondida en él y descubre que es necesaria la luz del Espíritu Santo. Así, espontáneamente, se liga la lectura con la oración y el corazón se vuelve a Dios cada vez más intensamente. De este volverse a Dios, de esta conversación del corazón, se habla en los mensajes de Medjugorje desde el mero principio. Quien lee la Sagrada Escritura de esta forma, experimentara un profundo anhelo, no sólo de comprender cada vez más la Palabra de Dios, sino también de cumplir lo que ésta pide concretamente. Así, la lectura de la Escritura se convierte no sólo en un tiempo dedicado a la oración, sino que se prolonga en un obrar según Dios, en una acción inspirada y auxiliada por la lectura de la Biblia.

Quien lee la Biblia partiendo de los mensajes de Medjugorje, al igual que el biblista que se sumerge en los mensajes, descubrirá un paralelismo en sus contenidos. A título de ejemplo, nos referiremos a algunos textos relevantes y, para comenzar, con el tono similar en su comienzo. «Creed en el Evangelio» y «el reino de Dios está cerca», pueden leerse al principio del Evangelio de Jesucristo (Marcos 1,1-15). El llamado a la cercanía y a la conciencia de la proximidad del Reino de Dios se vuelve una renovada realidad en Medjugorje. También aquí comenzó todo con el llamado a la conversión. También aquí la proximidad del Reino de Dios puede ser experimentada y, en adelante, se desenvuelve de nuevo e impredeciblemente: Juan el Bautista anunció, por mandato de Dios, el llamado a la conversión; fue durante la fiesta del Bautista que se iniciaron los acontecimientos de Medjugorje. El llamado a la conversión es el fundamento de los mensajes dirigidos a los hombres. También en Medjugorje la oración y el ayuno se subrayan como pasos indispensables para la conversión, algo que Jesús mismo recomendó a Sus discípulos (Mt 5,5-18 Mc 9,29). A propósito de la oración, en el Evangelio y en los mensajes, se dice que no podemos renunciar a ella, porque en la oración nos volvemos a Dios. En diversos pasajes, el ayuno es mencionado como indispensable, porque nos hace libres de las ataduras a las cosas pasajeras y nos hace libres para Dios y Sus deseos. De gran relevancia, tanto en la revelación bíblica como en los mensajes de Medjugorje, es la paz como don de Dios pero también como fruto del esfuerzo humano. La paz es dada al hombre como tarea; el Evangelio llama bienaventurados a quienes trabajan por la paz (Mc 5,9), pero la Biblia dice claramente también que la paz viene de Dios. «Que el Señor bendiga a su pueblo con la paz», reza el salmista (S 29,11), y el augurio de bendición de San Pablo es: «Que El, el Señor de la Paz, os conceda la paz» (2 Tes 3,16). Los mensajes de Medjugorje hacen énfasis justamente en el significado del propio actuar por la paz y la necesidad de pedirla como don de Dios.

Todo esto no es un suplemento o una nueva etapa de la Revelación, sino un reclamo urgente a hacer realidad en la propia vida aquello que ya nos ha dicho la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura. La particularidad de los mensajes de Medjugorje consiste en el hecho de que la Madre los dirige a sus «queridos hijos». Como Madre de los cristianos y Madre de la Iglesia, María nos trae a la memoria el Evangelio de su Hijo, amorosa pero insistentemente.

Sor Emmanuel, de la Comunidad de las Bienaventuranzas, nos señalaba un significado muy real de los mensajes de Medjugorje en relación con la Sagrada Escritura. Ella envía regularmente noticias de Medjugorje a la Abbaye Blanche en Mortain, Francia, donde está su casa y de ahí son difundidas al mundo entero. El 15 de Enero de 1994, decía en su noticiero: «Estamos siendo inundados por un diluvio de profecías; un diluvio, confuso, lleno de miedos y contradictorio. Damos gracias a la Gospa porque Ella nos ha conducido de nuevo a la fuente de luz auténtica, que es la revelación viva de la Biblia.»

Vicka contó una vez: «La Madre de Dios dice: «Tomen la Biblia en sus manos cada mañana y lean unas cuantas líneas y después, vívanlas a lo largo del día. De este modo, encontrarán la respuesta a lo que el día les traiga.» Esto no significa que debamos esperar que, leyendo la Sagrada Escritura, llegarán como rayo las respuestas a nuestras preguntas. Pero quien lee regularmente la Escritura será siempre más penetrado por el Espíritu de Dios que nos habla a través de ella y de ese modo encontrará la respuesta a las preguntas de la vida. La equivocada opinión de que uno recibe inmediatamente en ella todas las respuestas a todos los problemas de la vida debe rechazarse.

MENSAJES QUE SE REFIEREN A PALABRAS BIBLICAS

Los mensajes de Medjugorje son una urgente invitación a vivir el Evangelio. Ya hemos hablado del llamado a la conversión, que es un punto común en el inicio de los Evangelios y en los mensajes de la Virgen. He aquí algunas afirmaciones importantes de la Buena Nueva confrontadas con los mensajes de Medjugorje.

«… que era preciso orar sin desfallecer» (Lucas 18,1)

El hecho sorprendente de que Nuestra Señora se aparezca en Medjugorje por tan largo tiempo, Ella misma lo explica con la siguiente recomendación: «Deseo enseñarles a orar.» (12.6.86). La meta de esta instrucción es la oración continua. Somos siempre invitados de nuevo a orar sin descanso. La oración continua se realizará cuando, en todo lo que pensemos, digamos y hagamos, no perdamos de vista a Dios, estando siempre amorosamente conscientes de Su presencia. Una atención así a Dios no impide en modo alguno cumplir con todas las tareas de la vida. Por el contrario, quien siempre tiene a Dios delante de él, está igualmente consciente de su responsabilidad ante de Dios en en todo lo que debe hacer y no hacer y no pierde nunca la esperanza en Su consuelo y Su ayuda, porque sabe que Dios está presente, también para él. Ese estado de oración continua demanda, sin embargo, tiempos de oración específicos, en los que uno repetidamente se vuelve a El exclusivamente y con todo su ser. «Les suplico, queridos hijos, que se acerquen conscientemente a la oración» (28.11.85) y «Ustedes, queridos hijos, no serán capaces de entender el gran valor de la oración hasta que no se digan a sí mismos: Ahora es tiempo de orar! Ahora nada más es importante para mí, ahora nadie sino Dios es importante para mí!» (22.10.86). Es así como la Virgen nos invita a la oración. En cierto modo, un horario regular de oración es ya una oración continua, porque es una oración que se elige siempre de nuevo, por tanto no termina jamás. En este sentido, la Virgen nos invita a iniciar cada día con oración y concluirlo con oración. Un habito así, cuando se trata de verdadera oración, oración del corazón, seguramente hace que la oración ocupe el primer lugar en la vida. La Virgen no llama sólo al individuo, sino también a las familias a hacerlo. Ella desea que «nuestro día entero sea sólo oración y abandono total a Dios.» (4.9.86). La oración es mencionada más que ningún otro tema, tanto en los mensajes de los jueves como en los mensajes mensuales. Como dedicatoria a un libro, Marija escribió una vez que Nuestra Señora desea que oremos cada día y luego añadió: «A través de la oración puedes alcanzarlo todo, incluso aquello que consideres imposible.» Es lo mismo que dice Jesús de la oración: «Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.» (Juan 15,7). Nuestra Señora comenzó su enseñanza sobre la oración a los videntes, proponiendo ciertas oraciones vocales, tal como Jesús respondió a la petición de los discípulos de que les enseñara a orar, recitándoles el Padrenuestro (Lucas 11,2). La más fuerte petición de Nuestra Señora, en lo que se refiere a la oración, es orar con el corazón. «Queridos hijos, hoy los invito a orar con el corazón» (2.5.85). Al ser interrogados, los videntes subrayan cuán decisivo es orar con el corazón. Sobre este tema, Marija dijo: «Nuestra Señora nos conduce a orar con el corazón. El corazón debe estar presente en lo que dicen las palabras.» Y en otra oportunidad: «Todo lo que nos preocupe, hay que presentarlo y encomendarlo confiadamente para liberarnos de ello, a fin de que podamos orar con un corazón sin cargas.» Bajo la dirección de Nuestra Señora, los videntes aprendieron de nuevo lo que ya está escrito en la carta a los Filipenses. «No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión presentad a Dios vuestras peticiones» (Flp 4,6). La oración del corazón no muestra simplemente efectos sobrenaturales, sino que tiene asimismo efectos beneficiosos en el ámbito natural. Nos ayuda a superar la fatiga y nos proporciona gozo y descanso. La entrega amorosa del corazón, refiriéndose a la personalidad humana en su totalidad, es lo decisivo en la oración, no importa si es en el esfuerzo de comenzar o en la meta de una oración continua. «Orar con el corazón, eso es lo más importante» (Marija) y «Esa es auténtica oración» (Ivan). Estos son los testimonios de dos jóvenes personas a quienes María condujo a la auténtica oración.

«…sólo pueden ser expulsados con oración y ayunos.» (Mateo 17,21)

Estando Jesús con tres de Sus Apóstoles en el monte de la Transfiguración, los demás discípulos, al encontrarse con un hombre poseído, experimentaron la fuerza increíble del Maligno. Jesús, al volver, mandó una sola vez al demonio que dejara a ese pobre hombre y lo arrojó de él. Jesús enseñó a los asombrados discípulos que tal cosa sólo puede alcanzarse a través de oración y ayuno (Mateo 17,14-21). Aun cuando el significado de las visiones y los mensajes que transmiten los videntes no nos aportan algo nuevo, con todo, una y otra vez verdades olvidadas pueden sernos traídas a la mente. Acaso el Cristianismo no había olvidado ya el hecho de que el ayuno es el arma más poderosa contra el mal? Jesús dedica una larga explicación al ayuno en el Sermón de la Montaña (Mateo 6,16-18). El mismo ayuna (Mateo 4,2) y justifica el ayuno en momentos particulares (Mateo 9,15). El llamado al ayuno tiene un lugar en el mensaje de Medjugorje desde el mero principio. Los videntes transmitieron este llamado poco después del principio de las apariciones, y en los mensajes de los jueves es mencionado repetidamente. Ahí Nuestra Señora apela a nuestra buena voluntad para llevarlo a cabo y, de nuevo, a hacerlo «…con el corazón (20.9.84). Ella nos motiva con el señalamiento de que nuestro ayuno es una contribución para superar el mal y nos dice la cantidad — muy notable, pero para una persona saludable también muy realizable — dos veces a la semana. El llamado a ayunar en el mensaje a Medjugorje es una invitación, no un mandato. Es la invitación de una Madre amorosa a sus hijos, a quienes cree capaces de grandes cosas y con quienes trata también grandes cosas. Todos los seis videntes decían ya desde 1982, que a través del ayuno y la oración pueden evitarse las guerras. Por eso, los profetas del Antiguo Testamento en tiempos de guerra llamaban al ayuno y la oración. Nosotros veneramos a María como Reina de los Profetas. Su invitación resuena en un tiempo caracterizado por catastrofes y peligros. Debemos estar agradecidos por ser iluminados sobre ciertos contextos que, por nosotros mismos, jamas hubiéramos sido capaces de ver. Es importante que la invitación al ayuno está siempre unida a la invitación a la oración. Sólo la oración, el volverse a Dios, da al ayuno su justo valor y su eficacia. El ayuno elegido libremente produce buenos frutos de diversos modos. Libera de las dependencias y las ataduras y de ese modo nos hace libres para aquello que Dios nos quiere dar. Incluso muchas obras de caridad son sólo posibles a través de una renuncia. Quien ayuna coopera a la paz, a la salvación, a la victoria del bien.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz.» (Mateo 5,9)

El primer llamado de Nuestra Señora en Medjugorje fue el reclamo a la paz entre Dios y el hombre y entre los hombres. Dios nos ofrece la paz. Nosotros debemos colaborar. Para el quinto aniversario de este mensaje de paz, dicho reclamo es expresado con mayor urgencia: «!Queridos hijos! Dios me permite realizar con El este oasis de paz. Deseo invitarlos a conservarlo de modo que sea siempre puro. Hay algunos que con su desinterés destruyen la paz y la oración. Los invito a dar testimonio y ayudar con su vida a conservar la paz. Gracias por haber respondido a mi llamado!» (26.6.86). Desde el inicio de las apariciones, la Virgen se presentó como Reina de la Paz. Por la Sagrada Escritura sabemos que la paz es un don de Dios a los hombres, el Señor bendice a Su pueblo con la paz (S 29,11). El la da (Is 26,3) y de El proviene (Ap 1,4). Así, Pablo suplica en sus cartas, siempre de nuevo, la paz de Dios para la comunidad (Rom 1,7). Nuestra tarea es pedir a Dios esta paz, pero también empeñarnos por ella. «!Queridos hijos! Los invito a ayudar a todos con su paz, para que la vean y comiencen a buscarla. Ustedes, queridos hijos, están en paz. Y no pueden comprender lo que significa no tenerla. Por eso los invito a ayudar con su oración y con su vida, a destruir en la gente todo aquello que es malo y a descubrir el engaño del que se sirve Satanas. Oren para que la verdad prevalezca en todos los corazones.» (25.9.86). Así, la Virgen nos habla y subraya que nuestro empeño por la paz consiste primero que nada en vivir nosotros mismos en paz, que la falta de paz tiene su raíz en el mal, que nace en el corazón engañado y que el engaño tiene su origen en Satanas. Los videntes dicen siempre que estamos llamados a hacer la paz , esto es, que se nos pide dar los pasos que conducen a la paz y que ayudan a superar la falta de paz. Son valores a los que no se puede renunciar y que no podemos abandonar jamás. El egoísmo y la prepotencia ciertamente no están entre ellos; hay que vencerse. Jesús, con Su sacrificio en la cruz, hizo posible la paz y conquistó al enemigo en persona (cf. Ef 2,14). Jesús, el Crucificado, nos es mostrado aquí como la fuente y la causa de la paz. De este modo, la cruz se convierte en signo de reconciliación para nosotros. A menudo, hacer la paz implica estar dispuestos a cargar la cruz. Seguramente por eso, Nuestra Señora nos dice: «Queridos hijos, oren delante de la cruz por la paz!» Esto nos ayudará a superar nuestra impotencia ante todo lo que es un obstáculo para la paz. (6.9.84).

«Den gracias!» (Col 3,15)

Practicamente en casi todos sus mensaje en Medjugorje, Nuestra Señora agradece a quienes han respondido a su llamado. A veces agradece también específicamente otras cosas, tales como la disponibilidad a consagrarse a Ella, las oraciones, los esfuerzos, los sacrificios o aplicar los mensajes en la propia vida. Agradece a todos los que hacen algo por Ella. «Deseo agradecerles cada respuesta a los mensajes» (8.1.87). Quien se da cuenta del significado de este agradecimiento, tanto más siente este gracias dirigido a cada uno en lo particular.
Una vez, un joven impresionado con el flujo incesante de peregrinos al que está expuesta, preguntó a la vidente Marija Pavlovic cómo podía soportar una carga así. Marija respondió: «Si supieras cómo es cuando Nuestra Señora te da las gracias!»
Sin embargo, Nuestra Señora no sólo nos agradece a nosotros, Ella también da gracias a Dios por permitirle venir a nosotros. El comportamiento de Nuestra Señora nos recuerda que también nosotros tenemos tantísimas razones para estar agradecidos. La palabra agradecer (danken) en el idioma alemán tiene algo que ver con la palabra reflexionar (gedanken). Quien agradece, ha comprendido lo que ha recibido. El apóstol Pablo nos recuerda, en su pregunta retórica, refiriéndose al amor de Dios, que en sí mismo nos da todo: «Qué poseéis que no os haya sido dado?» (1 Cor 4,7). En los mensajes de Medjugorje, se nos recuerda claramente la necesidad que tenemos de dar gracias. No se trata solamente del deber de dar gracias exteriormente, contentarse con ello sería el fin de la gratitud! Nuestra Señora dice que nuestra vida entera debe convertirse en una gozosa acción de gracias que fluya como un río desde nuestros corazones. Por todas las gracias concedidas así como por las más pequeñas cosas, debemos dar gracias para que podamos ser capaces de dar gracias por las cosas grandes (25.9.89, Agosto 25 de 1995 y 25.10.95).

Muy a menudo, somos malagradecidos con las gracias recibidas. El evangelista Lucas pone esto ante nuestros ojos con su relato de los diez leprosos que, en el camino a Jerusalén, se acercaron a Jesús y le pidieron que los sanara. Jesús dijo: «Id y presentaos ante los sacerdotes», y mientras se dirigían a los sacerdotes quedaron limpios. Pero uno de ellos, al ver que estaba curado, se volvió y alabó en voz alta a Dios. Se arrojó a los pies de Jesús y le dio gracias. Entonces dijo Jesús: «No fueron diez los que quedaron limpios? Dónde están los otros nueve? Nadie sino este extranjero regresó a dar gracias a Dios?» (ver Lucas 17,11).

Entre nosotros debe ser diferente. Nuestra Señora nos invita a dar gracias incesantemente. Los signos externos o palabras de gratitud son buenos, pero el ayuno y otras obras buenas también son apropiadas para ello. Lo decisivo aquí es nuestro comportamiento amoroso y nuestra estima hacia Quien nos hace un don.

«Regocijaos en el Señor» (Flp 4,4)

El Cristianismo es la religión del gozo. El cristiano rige su vida de acuerdo a la Buena Nueva que Jesús nos trajo. De la meta a la que El quiere llevarnos, nos dice: «y entonces vuestros corazones se regocijarán y nadie os quitara ese gozo» (Juan 16,22) y el Apóstol también nos invita cuando dice a los Filipenses: «Regocijaos siempre en el Señor! Os lo repito: regocijaos!» (Flp 4,4).

En sus mensajes, la Virgen recuerda siempre que tenemos todas las razones para estar gozosos, particularmente el 25 de Agosto de 1988 nos dice: «!Queridos hijos! Hoy los invito a todos a regocijarse en la vida que Dios les da. Hijitos, regocíjense en Dios el Creador porque El los ha creado tan maravillosamente. Oren para que su vida sea una gozosa acción de gracias…» Pero María sabe también que nuestro gozo está en peligro: «Satanás quiere trabajar aún más intensamente en quitarles el gozo a cada uno de ustedes. Por medio de la oración ustedes podrán desarmarlo completamente y asegurar su felicidad» (24.1.85). Y nos promete: «En la oración ustedes percibirán el más grande gozo…» (28.3.85). Aquella que ha entrado en el gozo eterno de Dios, nos invita: «Regocíjense conmigo!»

«Donde está el Espíritu de Dios el Señor, ahí está la libertad» (2 Cor 3,17)

Podemos hablar del don de la libertad sólo de manera limitada y humana. La cooperación entre la Omnipotencia de Dios y la libertad humana será siempre un misterio inescrutable. La libertad que Dios nos da es el punto de partida para poder responder a Su amor con el nuestro, porque nadie puede ser obligado a amar. La libertad incluye también el riesgo del rechazo. El Papa Juan Pablo II concluía en un discurso durante una visita pastoral a Viena, que la historia de la humanidad es la historia del abuso de la libertad.

El mensaje de Medjugorje nos llama a cesar con este abuso y más que eso nos dice, que Dios nos necesita en Su plan de salvación. «Sin ustedes, Dios no puede hacer realidad lo que El desea. El Señor ha dado a cada uno la libre voluntad y ustedes hacen uso de ella.» (30.1.86). Así pues, Dios entregó una parte de libertad que ya no está a Su disposición. El llamado de Nuestra Señora en Medjugorje subraya esta libertad: «Yo estoy con ustedes, pero no puedo quitarles su libertad.» (7.8.86). Debemos actuar «como quienes son libres, pero no como aquellos que usan la libertad como una cubierta para Satanás sino más bien como servidores de Dios.» (1 Pedro 2,16).

«Haced esto en memoria mía!» (Lucas 22,19 y 1 Cor 11,24-25)

Cuando se pregunta a los videntes, cual es la oración que más recomienda Nuestra Señora, todos indican la celebración de la Santa Misa. El Concilio nos ha recordado que en ella se cumple la obra de nuestra redención, que es el culmen y la fuente de nuestra vida de fe. En sus ritos se incluye todo aquello sobre lo cual se funda nuestro ser como cristianos: el arrepentimiento del pecado, la escucha de Dios y el hablar con El, el abandono a Dios, Su adoración y el ser enviados por El. En la celebración de la Santa Misa encontramos a Cristo en Su Evangelio y en el Pan de Vida. Este encuentro nos hace capaces de encontrar de modo justo a las personas en la vida cotidiana, porque un fruto de la Santa Misa es también la paz. Un mensaje resume todo esto: «Que la Santa Misa sea su vida.» (25.4.88)

Medjugorje nos enseña a dedicar tiempo a la Santa Misa, a prepararnos y a meditar en ella. Hay tantos que han terminado por no ir más a la Misa porque ya no son capaces de celebrarla de manera justa. «La Misa no me da nada», dicen después. A través de Medjugorje, muchos han comprendido nuevamente que la Santa Misa es un tiempo que nos es dado, en el cual Jesús nos regala Sus gracias. Por eso, debemos ir con amor y aceptar la Misa con amor, participando en ella más activamente. Cuando un peregrino dijo que no tenía tiempo para la Santa Misa, la vidente Marija le respondió que depende de los criterios con los cuales se mide el tiempo personal.

Recordemos aquí el mensaje que invita a la Eucaristía, el 25 de Septiembre de 1995: «Queridos hijos! Hoy los invito a enamorarse del Santísimo Sacramento. Adoren a Jesús en sus parroquias, así estarán unidos con todo el mundo y Jesús será su Amigo.»

«A quienes perdonáis los pecados, les quedarán perdonados» (Jn 20, 23)

La paz comienza en el propio corazón, haciendo la paz con Dios. Para obtenerla, Cristo nos regala el sacramento de la reconciliación, la Santa Confesión. Donde se da y se recibe este Sacramento, Jesús se vuelve nuevamente a la persona y se cumple aquello que se describe repetidamente en el Evangelio. Las palabras de Jesús fueron: «Tus pecados quedan perdonados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz.» (Lc 7,48-50) y «Vete y no peques más» (Jn 8,11).

Los sacerdotes que han escuchado confesiones en Medjugorje, saben en qué medida dichas palabras son la expresión de una verdadera conversión. Se debe conservar la paz con Dios que se ha obtenido. La confesión regular es una ayuda para perseverar y vivir esta conversión.

Nuestra Señora aconseja recibir mensualmente el Sacramento de la Confesión (6.8.82). Las numerosas confesiones en Medjugorje dan testimonio de aquellos que, habiendo perdido el estado de gracia, quieren seguir la invitación de la Sagrada Escritura de perseverar en el bien: «Creced, pues, en la gracia» (2 Pe 3,18).

«… revestiros del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad.» (Ef 4,24)

Ser cristianos es un llamado a la santidad, a una viva unión con Dios. Por eso, Pablo habla, en sus cartas, dirigiéndose a los cristianos como a los «santos llamados» (Rm 1,7; 1 Cor 1,2) e invita continuamente a tender a la santidad (1 Tes 4,3; 2 Cor 7,1). El llamado a la santidad es uno de los temas centrales de los mensajes, dirigido a todos sin distinción (25.9.88). La demanda a nosotros dirigida, «de aceptar el camino de la santidad» (25.7.87) está fundada en el amor de María. Ella quiere que seamos santos, quiere revestirnos de santidad y guiarnos en el camino de la santidad. Esta es una de las razones de su larga presencia en Medjugorje. Ella llama a sus mensajes «semilla de santidad» (10.10.85) expresando con ello que, con toda nuestra fatiga necesaria, lo decisivo es la acción de Dios. Así, María nos invita a orar por el don de la santidad y habla de su gozo a causa de todos los que están en el camino de la santidad (24.7.86).

Donde la santidad se relaciona únicamente con «la elevación a los altares», el llamado universal a la santidad es incomprensible. Como la Sagrada Escritura, Nuestra Señora entiende por santidad la unión con Dios que tiene su fundamento en el bautismo. En el curso de los años y con la ayuda de Dios, debemos desarrollarla para después, un día, ver su cumplimiento en la gloria del Cielo.

«He ahí a tu madre!» (Jn 19,27)

La larga presencia de Nuestra Señora en Medjugorje es sorprendente. También su presencia es un mensaje para nosotros. Experimentamos su cercanía materna y reconocemos que el cielo no nos ha dejado solos, en este tiempo nuestro tan difícil. Ella nos dice: «!Queridos hijos, hoy los invito a reflexionar por qué estoy con ustedes desde hace tanto tiempo. Soy la mediadora entre ustedes y Dios. Por eso, queridos hijos, los invito a vivir con amor todo lo que Dios desea de ustedes. Por eso, queridos hijos, vivan en humildad todos los mensajes que Yo les doy.» (17.7.86)

Por medio de María, el Hijo de Dios quiere entrar en nuestro mundo y por medio de María, somos invitados a decir lo que El nos dice (Jn 2,5). Esta es la misión de María que permanece con nosotros. Los teólogos han tomado de aquí las enseñanzas de María como modelo de la Iglesia: también la Iglesia debe llevar a Jesús a los hombres y enseñarles a cumplir Su Palabra. Y cada persona en particular en la Iglesia tiene la tarea de encontrar para sí mismo a Jesús, vivir según Su palabra y guiar a otros a Jesús. Medjugorje nos da una nueva esperanza por medio de María, que nos dice: «Yo soy su Madre y quiero conducirlos a Jesús.» Un sacerdote de Medjugorje ha resumido el significado de María para nosotros a partir de la experiencia de los jóvenes videntes: la experimentan como una madre que quiere abrazar a todo el mundo.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, … tome la cruz de cada día» (Lc 9,23)

El seguimiento al que nos llama Jesús, abraza un camino y tiene una meta. Ambos son indicados en la oración final del «Angelus»: guíanos por la pasión y la cruz a la gloria de la Resurrección. Con esto se explica también la pregunta en relación al propósito final del sufrimiento humano. Una lógica orientada tan solo a este mundo no puede explicar satisfactoriamente la tensión del anhelo de felicidad insatisfecho. El Evangelio nos lleva al final del horizonte de nuestra experiencia y comprensión. Toda cruz, llevada en unión con Jesús y ofrecida a Dios, es unida a la fuerza salvífica de la Cruz de Cristo. Por eso, escribe Pablo: «y conocerle a El, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos…» (Flp 3,10).

Nuestra Señora no viene a Medjugorje para quitarnos la cruz. Ella es una Madre muy realista que no propone ilusiones a sus hijos. Conoce la necesidad de la cruz y del sufrimiento e invita a aceptar con amor la cruz de cada día. Jesús carga la cruz por amor a nosotros y nosotros debemos seguirLo, cargando con amor nuestra propia cruz. El 5 de Abril de 1985, Viernes Santo, Nuestra Señora dijo: «No tengan miedo de llevar la cruz. Mi Hijo los ayudara.» María nos invita a orar frecuentemente delante de la cruz y a meditar en la Pasión de Jesús y promete gracias particulares. En toda tribulación, la cruz se transforma en gozo, no como atmósfera o sentimiento, sino como profundo conocimiento de fe.

Al final de estos pensamientos, quiero llamar su atención hacia quienes con tanta disponibilidad ayudan a los enfermos. No son sólo los médicos y las enfermeras, sino todos aquellos que están presentes cuando son llamados. En la Sagrada Escritura se narra que María se fue de prisa por las montañas para ir a ver a Isabel, cuando el ángel le dice que su pariente anciana también espera un hijo. María sabe que sus brazos jóvenes, que su afecto son necesarios. Se pone en camino y se va de prisa a casa de Isabel. De este relato, podemos intuir que su gozo por estar en posibilidad de ayudar dio alas a sus pasos. Todos nosotros podemos convertirnos en hombres que gustosamente están dispuestos a ayudar: los sanos, cuando trabajan; los enfermos cuando, unidos a Cristo, ofrecen sus sufrimientos. Así, también su propio sufrimiento se convierte en fuerza salvífica y en una bendición. Justamente los hombres que llevan una cruz pueden saberse unidos a María, como Ella misma dice en un mensaje: «Yo estoy con ustedes y su sufrimiento también es el mío. Gracias por haber respondido a mi llamado!» (25.4.1992)
Kurt Knotzinger, 1996

Kurt Knotzinger– nacido en 1928 en Viena. Después de los estudios de Teología y música, durante 12 aos trabaja como párroco. A partir de 1966 es clérigo y profesor en el seminario conciliar y en la escuela secundaria del Arzobispado de Viena en Sachsenbrunnu.

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