1° Día de preparación para consagrarse a Dios

Con la intercesión de la Reina de la Paz

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Oración inicial para cada día

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tu luz me envuelve y me protege;  a la vez que el amor de la Reina de la Paz, me rodea.

Tu luz Señor guía mis pasos en este día, y con su resplandor echas fuera, las tinieblas de mi alma, de mi familia, de la Iglesia y cada rincón de mi país y de toda la tierra.

Madre de Jesús y Madre nuestra, nos unimos a ti en oración de intercesión, pidiendo a Dios que disipe hasta la más espesa oscuridad, para que ya no regrese -ni siquiera- la más pequeña sombra de mal. Amén.

 

Texto bíblico para meditar

Del evangelio de San Lucas 11:36

“Si toda tu persona se abre a la luz y no queda en ella ninguna parte oscura, llegará a ser radiante como bajo los destellos de la lámpara.”

 

Del Mensaje del, 25 de julio de 2018 de la Reina de la Paz

“Queridos hijos! Dios me ha llamado para guiarlos a Él, porque Él es su fortaleza. Por eso los invito a orarle y a confiar en Él… y que los Mandamientos de Dios sean luz en su camino. Yo estoy con ustedes y los amo a todos con mi amor maternal. Gracias por haber respondido a mi llamado”.

 

Reflexión de hoy: “Abre las puertas a la luz de Dios”

¿Por qué dice el Señor: “Si toda tu persona se abre a la luz y no queda en ella ninguna parte oscura”? y porque la Reina de la Paz nos dice en su mensaje: “sean luz en su camino”?.

 Es que tanto Jesús como la Virgen Santísima, Reina de la Paz nos conocen bien a cada uno de nosotros.  Ellos saben que en ocasiones bastante frecuentes, no somos transparentes y que nos mentimos hasta a nosotros mismos.   De esa manera le decimos a Dios que le entregamos nuestra vida vieja para recibir en cambio la vida nueva que él quiere darnos, pero en realidad son muy pocos los que le entregan todo.   Casi siempre tendemos a quedarnos con algo.

 

Por ejemplo:

  • Quizás le entregamos nuestro servicio solidario, pero no le entregamos el deseo oculto de recibir en cambio agradecimiento y reconocimiento de parte de los demás.

 

  • Tal vez le entregamos la soberbia que hay en nosotros, y hasta le rogamos que nos conceda la virtud e de la humildad, pero que por favor no nos toquen el ego, el cual sigue quedando como centro de nuestro vivir cotidiano.

 

  • A lo mejor le entregamos nuestra ofrenda, pero no con el desprendimiento y la generosidad necesarios de permitirle al Señor que nos bendiga con mayor prosperidad y abundancia.

 

  • Puede ser que le entregamos nuestro tiempo en las tareas de la parroquia, pero siempre y cuando sean las tareas que nos gustan realizar a nosotros y en el tiempo en que nos quede cómodo.

 

  • Le entregamos nuestra envidia, pero no toda…

 

  • Le entregamos nuestra lengua, pero seguimos hablando mal de los demás…

 

  • Le entregamos nuestras manos pero seguimos cometiendo actos impuros, robando o siendo agresivos…

 

Y otros ejemplos de esta clase, podrían ocupar páginas y páginas.  Por eso Jesús remarca la necesidad de abrir toda la persona a su luz, de manera que no quede en nosotros nada a oscuras;  Lo cual quiere decir que nuestra vida es como una casa en la cual hay muchas habitaciones.

Tomando este modelo de la casa en sentido analógico o como semejanza, podríamos decir que en algunas de las habitaciones de esta vivienda interior, el Señor ya ha podido entrar para limpiar, cambiar algunas cosas de lugar, abrir puertas y ventanas a fin de ventilar el ambiente y permitir que entre el aire puro y nuevo de su Espíritu.

De esas habitaciones ya le hemos entregado las llaves, ya les pertenecen.  Son las moradas donde el Señor se siente a gusto pues su Amor ilumina hasta el último rincón.

Sin embargo, él no se contenta con habitar solo en una parte de tu casa, de tu vida.  El es exigente y te está pidiendo la llave de “esa habitación” que aún está cerrada con candado y doble cerrojo.

Jesús, que recorre junto a ti la casa de tu vida, de tu historia, de tu pasado, de tu presente y que quiere guiarte hacia un futuro pleno de bendiciones y luz, Él se detiene frente a esa puerta cerrada y te dice que no seguirá adelante mientras que no tomes la decisión de abrirle esa puerta.

Él siente que de esa parte de tu casa, de tu vida, sale un feo olor con el cual se te hace difícil seguir viviendo.

 

¿Qué puede haber detrás de esa puerta tan sólidamente cerrada?

  • Quizás sea un rencor hacia alguna persona a la cual aún no has perdonado. Por lo cual se desprende el olor nauseabundo del resentimiento.

 

  • Quizás sea un recuerdo doloroso de algo que te ha sucedido en el pasado y que has guardado sin nunca habérselo entregado a él en oración. Por lo cual la llaga sigue abierta y despide ese hedor.

 

  • Quizás sea un pecado con el cual te has acostumbrado a vivir. Tal vez te dices a ti mismo, “no es tan grave…” mientras que en el fondo de tu corazón sientes el susurro de la voz de Dios que te ofrece ahora la gracia de liberarte de esa atadura, de esa adicción.

 

Para que tu Consagración sea efectiva y abra las puertas de Bendición para tu vida, para tu familia, para la Iglesia y para el mundo entero, recuerda que Jesús está de pie a la puerta de cada una de las áreas de tu vida, esperando que lo invites a entrar y le des poder y autoridad para transformar todo lo que en ti necesita ser cambiado.

El Señor, permanece de pie delante de esa puerta, percibiendo el mal olor, sabiendo también de qué se trata, pero esperando a que seas tú quien se disponga a abrirle, para expulsar así con el poder de su luz cualquier demonio, para cegar a cualquier enemigo que te esté haciendo daño, para abrir las ventanas de tu vida dejando entrar el aire puro del amanecer y transformar ese rincón oscuro del corazón en un jardín brillante, florido y luminoso.

Él tiene suficiente poder como para abrir la puerta por sí mismo, pero como respeta tu libertad no lo hace sin tu consentimiento, por eso es que te anima a entregarle la llave.

No siempre entenderemos desde nuestros razonamientos el motivo por qué la Reina y de la Paz y Dios nos pide de entregarle “algo”, porque ellos nos insisten con abrirle esas puertas; pero ten presente que la clave no está en entender, sino en creerles a ellos, y en tener fe en Dios.  Pues no solo su Palabra, sino que la misma experiencia nos enseña, que si abrimos una puerta a su luz, el traerá nuevas bendiciones, que ni siquiera somos capaz de imaginar o predecir.

 

Oración final para cada día

Padre del cielo, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por la intercesión de María Reina de la Paz, pongo en tus manos a todos tus hijos que habitamos esta tierra, especialmente a los más necesitados de tener una experiencia de tu amor y de tu Divina Misericordia. Que así sea.

 

Bendición final

Que en este día te bendiga Dios, que es: Padre, Hijo y Espíritu Santo.  Amén.

 

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