Al celebrar la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma al Cielo, la Iglesia nos invita a contemplar este triunfo de Jesús en la persona de su Santísima Madre, pues ella, al haber estado limpia de todo pecado desde su concepción, no podía sufrir la corrupción de su cuerpo purísimo. Por esta razón, María es gloriosamente llevada por Dios a la gloria eterna en cuerpo y alma, compartiendo ella primero el triunfo definitivo de la Resurrección de Cristo del cual gozarán todos los bienaventurados al final de los tiempos.

La fiesta de la Asunción es una buena oportunidad para contemplar en la verdadera devoción a la Santísima Virgen María y en nuestra relación personal con ella como madre. Tristemente, hay muchos que piensan ser muy devotos de la Santísima Virgen por tener sus imágenes en casa, por usar medallas o escapularios, o por celebrar sus fiestas cada año con bailes folclóricos, cantos, flores, y procesiones en su honor. Como buena madre, ella lo acepta dulcemente, pero la verdadera devoción a la Santísima Virgen no consiste en todo eso. En su “Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen,” San Luis María Grignon de Montfort explica que una devoción auténtica a la Virgen debe ser INTERIOR, TIERNA, SANTA, CONSTANTE, y DESINTERESADA. La devoción es interior ya que “procede el espíritu y del corazón, de la alta estima que se tiene de Ella…del amor que le tenemos.” Debe ser tierna por acudir a ella en todos nuestros problemas y necesidades con sencillez y ternura, con “la confianza del niño a su querida madre.” Es santa porque nos lleva a imitar sus virtudes y evitar el pecado. Es también constante pues nos ayuda a perseverar en el bien, en la oración, y en la lucha contra el demonio, aun cuando haya caídas. Finalmente, es desinteresada, ya que debemos amar a la Santísima Virgen por ser Madre de Dios y madre nuestra y por corresponder a su amor, y no por buscar recibir favores de ella solamente.

En uno de sus más recientes mensajes, transmitido a través del vidente Ivan Dragicevic el 5 de Julio del 2019 en Medjugorje, la Reina de la Paz nos decía: “Decídanse firmemente, ¡vivan mis mensajes! Deseo continuar guiándolos, guiándolos a mi Hijo, para que en Él encuentren la paz verdadera y auténtica; y el amor.” Más adelante, el 12 de Agosto, añadió: “Mi Hijo me ha permitido permanecer de esta manera prolongada junto a ustedes, porque deseo instruirlos y educarlos, porque deseo guiarlos al Hijo, a mi Hijo. Por lo tanto, decídanse por Él. Es claro, pues, que un verdadero amor y devoción a la Madre de Dios tendrá como meta tomarla como maestra de virtud y santidad, que nos enseñará a vivir mejor el Evangelio de Cristo en medio de nuestra vida cotidiana.

La verdadera devoción a la Santísima Virgen consiste, pues, en amarla y confiar en ella como un niño pequeño, sabiendo que ella, como verdadera madre, nos conoce, camina con nosotros, nos protege, y nos ama con una ternura que sobrepasa nuestra razón. Con amor maternal, ella nos llevará de la mano hasta Jesús, pues una auténtica devoción e imitación de María jamás la tendrá a ella como fin, sino como el medio más perfecto para conocer y aprender a amar más a Nuestro Señor. Como hijos amorosos, tomémosla como madre y maestra, haciendo caso siempre a su invitación: “Hagan lo que Él les diga” (Juan 2,5).

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