Monseñor Pier Giacomo De Nicolo, arzobispo titular emérito de Martana (Italia) y Nuncio Apostólico emérito de Suiza y Liechtenstein, ha venido a Medjugorje de peregrinación con motivo del 35 Aniversario de las Apariciones. Nacido en Cattolica (Rimini, Italia) en 1929, fue ordenado sacerdote el 12 de abril de 1952.

El 14 de agosto de 1984 fue nombrado Nuncio Apostólico en Costa Rica y Arzobispo Titular de Martana. Monseñor De Nicolo ha servido como Nuncio Apostólico en distintos países como Siria, Suiza y Liechtenstein. Emérito a los 85 años de edad, desde el 8 de septiembre del 2014, tiene dos hermanos también obispos: Mariano y Paolo De Nicolo.

“El ministerio de Nuncio Apostólico es de por vida, no como el de obispo u arzobispo, que en cierto momento pasas a ser emérito. Tengo otros dos hermanos obispos: uno era obispo de Rimini (Italia) y en la actualidad cumple una actividad personal y privada y el otro, que ha dejado de servir como Regente de la Casa Pontificia. En 1987 vine a Medjugorje por primera vez y ahora apenas lo reconozco. En aquellos tiempos había muy pocas casas, no como ahora. Vine invitado por un señor que organizaba peregrinaciones. Recuerdo que al entrar en la Iglesia seis años después de la primera aparición, me impresionó mucho ver a unos 300 sacerdotes preparándose para celebrar la Santa Misa. Me conmovió mucho, porque hasta entonces no había visto a tantos sacerdotes juntos, ni siquiera en Lourdes -y eso que no era domingo ni festivo. De verdad que fue algo que me impactó, aunque lo dejé un poco de lado con el tiempo. Más adelante, hice amistad con personas que solían venir. Algunos de ellos ya no viven, pero todos eran personas de mucha fe, muy enraizados en la Iglesia Católica. Muchos eran laicos consagrados a Dios y todos estaban tenían claro qué sucedía en Medjugorje”, declaraba Mons. De Nicolo, que llevaba 4 años como Nuncio Apostólico la primera vez que vino a Medjugorje.

“Estaba muy sorprendido y declaré que las manos de Dios descansan en este lugar. Mi impresión fue que esta era una obra de Dios. Aunque tan solo pasase un par de noches aquí, estos son cosas que calan en el alma muy profundamente e incluso en lo más oculto de nuestra conciencia. No es que le diera muchas vueltas, pero lo cierto es que me conmovió toda esta experiencia. Durante los últimos diez años he tenido un contacto más intenso con Medjugorje y ahora, cada vez que vengo, veo reforzada mi convicción personal. En la Santa Misa del domingo para los peregrinos italianos, les dije que estoy aquí como ellos, como peregrino. Debo decir que la Iglesia es siempre muy sabia en casos como el de Medjugorje, ya que no sólo hay que tener en cuenta las apariciones de la Virgen o las conversaciones con los videntes. Es absolutamente normal que la Iglesia actúe con prudencia en estos casos, que espere el mejor momento para tomar una decisión, puesto que será la definitiva. Actuará con plena autoridad para finalizar el proceso. Mi experiencia es que la Virgen está aquí presente y que su presencia se percibe. Aquí actúa la obra de Dios. A través de María, nace el amor a Dios y a nuestros hermanos y hermanas. En esto no cabe duda alguna. He podido constatar cómo el amor de Dios actúa realmente en las personas. He comprobado cómo se edifica la Iglesia de manera muy positiva. Venir a Medjugorje de vez en cuando significa introducirse en un ambiente donde se respira y se percibe respirar interioridad. De hecho, hemos sido creados para la eternidad. María viene a este mundo en este momento concreto en el que parece que se está arrinconando al cristianismo, en el que las personas sufren, la humanidad sufre. Vivimos en un mundo que vive sin relación alguna con lo Divino. Este mundo necesita que llevemos a nuestros hermanos a la puerta de la salvación. Creo que María, nuestra Madre, ha venido para acercarnos a Dios. Ella ha sido siempre la Madre de los pecadores, la Madre de los que no creen. Ella posee un don misterioso para acercarse a sus hijos y así llevarlos a Su Hijo.

El mundo se ha quedado solo y parece destinado a la autodestrucción, sin objetivos ni metas. Cuando el hombre carece de conciencia de eternidad, cuando carece de esos horizontes, se siente totalmente vacío, especialmente en la esperanza y el deseo de vivir. Estoy convencido de que esta es una de las razones por las que María está aquí.

Veo a mucha gente que viene, como en la mayoría de los santuarios, a relacionarse con María, a pedirle que llene sus almas de alegría, serenidad, paz y a recibir de Dios la fuerza para vivir una vida recta. Esto es lo que se siente en Medjugorje. La gente quiere darle un sentido a su vida, una motivación para darse a los demás. Aquí he encontrado una dimensión más amplia y profunda que antes. En este lugar han nacido muchas buenas obras. Esta mañana subí al Monte de las Apariciones -aunque estoy operado de cadera y tengo 87 años- y pensé que no iba a poder lograrlo, pero a alguien propuso subirme en una camilla. Percibí el espíritu de Dios. Los 35 peregrinos que me acompañaban me han mostrado mucho amor. Vine por casualidad. Marco y su esposa me llevaron también al Santuario del Divino Amor de las afueras de Roma y posteriormente me propusieron venir a Medjugorje. Aquí he sido testigo de muchos ejemplos maravillosos de confesiones auténticas, de personas con serios problemas que han sanado, que se han curado y han llorado de felicidad tras ser perdonados por el Sacramento de la Reconciliación. Después de muchos años han encontrado en Medjugorje una vida nueva. Sus lágrimas son de arrepentimiento y tristeza por un pasado negativo; todos desean cambiar. Este es el motivo por el que la Virgen María ha venido. Creamos en Ella, confiemos en Ella y sigámosla, porque Ella nos conduce a la salvación”, declaró Mons. De Nicolo.

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