Testimonio Luis Siman

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¿Quién de los aquí presentes sabe lo que es tener una esposa obstinada y persistente? ¿Se imaginan que la mía paso insistiéndome que fuéramos juntos a Medjugorje, durante casi dos años y finalmente lo logró en junio recién pasado (1989)?

He sido muy afortunado, no solo en haber podido ir, sino que también por ir con un grupo de personas que su vida es un testimonio de fe y de amor a la Virgen Santísima y a Nuestro Dios Padre. Sin lugar a dudas que esta es una de las razones que más han influido en mi conversión. La sola devoción y presencia de Miguel y Cristi, Beatriz, Lourdes, etc.

Hay otras situaciones que verdaderamente me pusieron en que pensar. En el aeropuerto de New York, mientras esperábamos que llegara la hora de la salida del vuelo que nos llevaría a Dubrovnik, platicábamos con Sister Doreen y mi señora le preguntaba qué le había llevado a la vida religiosa, y entre otras cosas le contesto: “sentir el amor tan grande que me tenían mis padres y comparar ese amor con el que me podía tener Nuestro Señor.” “¿Se imaginan?”, nos decía, “cómo nos debe querer Dios Nuestro Padre con su amor infinito?”

Llegamos al aeropuerto de Dubrovnic después de varias horas de viaje y mientras esperábamos la valijas, que por cierto no llegaron en el viaje con nosotros sino que en otro vuelo bastante más tarde, platicábamos con Miguel y con Nick Cuestas y éste nos contaba los problemas que había tenido para hacer el viaje y que incluso a última hora en el trabajo le habían cancelado el permiso para tomarse esos días, lo cual al no acceder a suspenderlo, iba a significar su despido. Yo me preguntaba: “¿Qué mueve a Nicky a tomarse estos chances de quedarse sin trabajo?” Quizás todas estas situaciones pueden parecer sin importancia, pero fueron influyendo para  que me fuera sintiendo más  cerca de la Virgen Santísima y de Nuestro Señor Jesucristo; más todavía, al llegar a esa Iglesia de San James y palpar esa fe y devoción que se vive durante la celebración de la Santa Misa y el rezo del Santo Rosario, sentir esa paz que solo puede venir de Dios.

Esa primera noche en Medjugorje, después de cenar, nos habíamos reunido en el cuarto de uno de los del grupo, para discutir sobre lo que podíamos hacer para agilizar la llegada de las maletas. Habíamos terminado y nos encaminábamos cada uno a su cuarto a través del corredor, cuando yo pasaba debajo de la lámpara de techo, se caía sobre mi cabeza rompiéndose en pedazos; quizás el golpe no fue mucho, pero me preocupó ver mucha sangre en el suelo. Creí que podría tener una fractura seria en la cabeza, pero gracias a Dios no tenía más que un par de rasguños y una herida en la mano izquierda, de donde manaba toda la sangre y que no tenía más de ½” de ancho. En ese momento me sentí tan vulnerable, frágil e impotente, tan en las manos de Dios… Fue una situación impactante.

En el grupo especialmente, se le ha dado mucha importancia al hecho que yo haya dejado de fumar, quizás porque mi señora le pidió a todo el mundo que rezara para que le fuera concedida esa gracia, pero la verdad es que no he sido el primero y ni voy a ser el último en lograrlo. Yo también rezaba en Medjugorje para poder dejar de fumar, era muy importante para mi esposa y mis hijos y para mi mismo el hacerlo. El día 3 de Julio en el cerro de las apariciones, en el momento en que la Virgen Santísima se le aparecía a Iván, uno de los videntes, yo pedía el milagro de dejar de fumar, pedía por algo fácil que no me costara; fue entonces que empecé a reflexionar sobre la clase de cristiano que había sido, cuando rezaba era para pedir, muy a pesar de tanto que había recibido.

Me preguntaba qué le había dado a Nuestro Señor. Si bien había sido justo con los hombres, no había sido justo ni con Dios ni conmigo mismo porque había hecho demasiado poco por mi salvación y la de mis semejantes ¡Era un cristiano de fin de semana! Allí fue donde oí por primera vez un mensaje de la Virgen Santísima; nos tradujeron el mensaje que le había dado a Iván esa misma noche en el cual nos pedía que oráramos en familia; pero lo que más me impactó fue que nos dijeran (el vidente nos los confirmó el día siguiente) que la Virgen había orado por las intenciones de los presentes y que daba gracias por atender a su llamado. Allí realicé el amor que nos tiene nuestra Señora y la preocupación que tiene de nuestra salvación, la sentí Madre que insistentemente nos recomienda lo que debemos hacer para acercarnos al Padre Eterno, seno su presencia, la seno humana, muy cerca de todos nosotros.

Ese es el verdadero milagro de Medjugorje, que la Virgen Santísima nos abre nuestros corazones a la palabra de Dios, a la verdadera fe, a la conversión; no son las señales externas, ni el milagro del sol, ni las curaciones físicas, si no las del alma.

Yo le comentaba a nuestro querido Pastor Monseñor O’Doherty, que la semilla que trató de sembrar en sus homilías, aunque momentáneamente cayó sobre piedras, ha empezado a dar sus frutos. Hoy ya hace sentido y hay necesidad de la Santa Misa y comunión diaria, la confesión al menos una vez al mes y la oración como la pide nuestra Bendita Madre. Muchas veces me he preguntado: ¿Por qué tener que viajar tan lejos para descubrirlo si Dios Nuestro Señor se ha quedado entre nosotros en su Santa Palabra y en la Eucaristía y la Virgen Santísima está tan presente para nosotros cuando oramos como lo está en Medjugorje?

Al regresar, una de las cosas que más me han impresionado, es la cantidad de amigas de  mi señora y de la familia que han querido ir a Medjugorje y no lo hacen porque sus esposos no lo quieren hacer. Me ha impresionado, porque yo tuve en la misma situación a mi esposa y me ha hecho meditar sobre la responsabilidad que como padre he tenido, al no dar ese ejemplo de padre cristiano de verdad que frecuenta los sacramentos y la oración, especialmente con los hijos varones que nos toman como  modelo.

Para terminar quiero leer lo que Nuestra Señora nos dice que quiere decir la conversión: Conversión de acuerdo a el Padre Jozo: “La conversión tiene que comenzar con cada uno de nosotros personalmente”. Al principio cuando Nuestra Señora decía “conviértanse” yo creía que ella llamaba aquellos que habían abandonado la Iglesia, aquellos que no oraban o no asistían a la Santa Misa. Yo creía que ella estaba llamando a aquellos que maltrataban a sus familias o abusaban del alcohol. Yo creía esto era lo que Nuestra Señora deseaba. Pero Nuestra Señora nos sorprendió. Ella dijo: “Yo te llamo a ti mi hijo. ¿Porque los miras a ellos?” Entonces yo entendí. Ella no estaba refiriéndose aquellos que estaban lejos, ella llamaba a los que estaban cerca.

Cuando Nuestra Señora dice: “Por favor conviértanse”, no busquen a alguien más para convertir. Mírate a ti mismo, ella te llama a ti para TU conversión. No busques convertir a tu suegra, tu esposo o esposa, tus vecinos, ella te llama a tu conversión  personal. Ella te llama a que Tú pongas a Dios en primer plano en Tu vida, para que Tú ores más, para que Tú perdones y ames. No miren a nadie más. Ella te esta rogando a TI que dejes de ser tibio, ella está buscando que Tu estés lleno del Espíritu Santo y del amor de Dios. Así entonces, por medio de tus oraciones y tu ejemplo de vida, empezará la conversión del mundo.

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