Muchos de los que hemos conocido la “Escuela de María” hemos tenido un proceso de conversión en nuestras vidas. Cuando nos convertimos experimentamos un cambio profundo en nuestro interior, ese cambio es tan grande que muchas veces no encontramos palabras para describirlo.

 

Lo que sí es seguro es que nosotros lo experimentamos porque cambia nuestra vida, cambia nuestro corazón, cambian nuestros hábitos. Nuestros familiares y amigos nos miran y no entienden lo que nos pasa, y si nos ponemos a pensar racionalmente es lógico que no nos entiendan. ¿Por qué es lógico? Simplemente porque nosotros somos los que cambiamos, no ellos. Hasta que no experimenten lo mismo que hemos experimentado nosotros es muy difícil que lo puedan comprender.

 

Este fenómeno de las conversiones pasa mucho hoy en día porque estamos viviendo en un mundo que ha sacado a Dios del centro y eso ha hecho que mucha gente viva de espalda a Dios. Vivir de espalda a Dios produce un gran vacío, muchas personas están centradas en aumentar las cuentas en sus bancos, en tener mejores autos, casas más lindas y más grandes. Todos estos bienes aparentes no producen la verdadera felicidad en el corazón.

 

Tratemos día a día de poner la mirada y el corazón en Jesús, que el sea el centro de nuestras vidas. Pidámosle a la Santísima Virgen que nos ayude a amarlo cada día más y a que seamos verdadero testimonio de su amor para poder contagiar con nuestro testimonio a las personas que tenemos a nuestro alrededor que aún no conocer el amor de Dios.

 

Pbro. Marcelo Marciano