Con frecuencia, la Reina de la Paz, por medio de sus Mensajes, nos invita a ayudar a Dios y a ayudarla a ella, con el servicio de ser portadores del amor, de la paz y de la verdad de Dios entre tantas personas que aun no lo conocen y que no han tenido la experiencia transformadora de dejarse colmar por la fuerza y la presencia del Espíritu de amor.  “Yo los invito a ser portadores y testigos de mi paz en este mundo sin paz”. (Mensaje, 25 de julio de 1990).

 Hace ya mucho tiempo, que venimos viendo o escuchando con horror en los medios de comunicación, las noticias de tantos hermanos nuestros en la fe, que han sufrido persecuciones o que han muerto intentando  escapar de la brutal persecución de quienes se llaman a sí mismos ‘Estado Islámico’, o de otros grupos que promueven la persecución de los cristianos.  Y nosotros -apóstoles del Señor y de María-, no podemos más que asumir con dolor que si la humanidad no cambia el rumbo, está caminando hacia un precipicio sin retorno.

Yo creo que nosotros estamos siendo llamados por la Reina de la Paz, a brindar nuestra contribución al proceso de pacificación, y todos podemos comenzar a hacerlo, partiendo desde lo más elemental y cotidiano: la oración y el ayuno: “Como ya lo he dicho, se los repito también ahora hijitos, sólo por la oración y el ayuno aún las guerras pueden ser detenidas”. (Mensaje, 25 de febrero de 2003).

Por lo tanto, lo único que puede detener este espiral de muerte y de destrucción, es comprometernos de verdad en nuestros ambientes, y dejarnos transformar por el amor de Dios, para que a través de la oración, el testimonio y las acciones de compromiso concreto, cambien estas situaciones de injusticia; las cuales -al igual que sucedió con la sangre inocente de Abel, derramada por su hermano Caín-, hoy está clamando al cielo.

Desde la fe puesta en el poder del amor, de la oración y de la verdad, acerca de lo cual nos habla en sus mensajes la Reina de la Paz, cada uno de nosotros debe clamar para que se abra el corazón de los poderosos de la tierra, quienes hasta ahora han venido mirando para otro lado, y tratado con indiferencia el drama de la emigraciones masivas producidas por las guerras, por los tiranos, la corrupción y la hambruna que viven algunos pueblos.

En vastas regiones de la tierra, daría la impresión de que Satanás ha logrado imponer el odio, la guerra y la destrucción; mientras que en otras culturas ha anidado el individualismo, la idolatría por el dinero, el materialismo y la indiferencia.  Por eso nuestra Madre nos advierte: “¡Queridos hijos! También hoy, Yo los invito a la oración. Sólo con la oración y el ayuno se puede detener la guerra. Por eso, mis queridos hijos, oren y por medio de sus vidas den testimonio de que ustedes son Míos, porque en estos tiempos turbulentos Satanás desea seducir a tantas almas como le sea posible. Por eso, Yo los invito a decidirse por Dios y El los protegerá y les mostrará lo que ustedes deben hacer y el camino que deben recorrer.” (25 de abril de 1992)

 Así como años atrás, en la ex-Yugoslavia en general y en Medjugorje en particular, la oración permitió que cesase la guerra y tornase gradualmente la paz, y que los habitantes de pueblos y ciudades pudiesen regresar a ellos, y desde el trabajo honesto de la tierra, volviesen a desarrollar sus vidas, a prosperar y a vivir en paz, también hoy la Gospa nos pide que veamos las situaciones de dolor del mundo como si fuese otro Medjugorje, y que oremos por esos pueblos con el mismo amor, fe e insistencia.

 Dios es Todopoderoso, pero necesita de nuestra intercesión y compromiso, tal como nos lo recuerda Nuestra Madre. Por eso nosotros no podemos orar solamente por las necesidades personales; sino que debemos ser la voz, de quienes no tienen voz, debemos orar por quienes ya no oran porque se han quedados sin fuerzas y sin fe, y debemos ayudar a quienes ni siquiera lloran, porque se han quedado sin lagrimas.

Por medio de tu oración, tu ayuno, tus sacrificios y de todos aquellos medios que cada uno -según sus posibilidades- puede desarrollar, Dios quiere restablecer la paz y la justicia. “Hijitos, deseo que lleguen a ser portadores de paz y del gozo de Dios en el mundo de hoy sin paz.” (25 de octubre de 1997).

 

Oración

 Querida Mamá, Reina de la Paz, hoy te doy gracias por habernos elegido y manifestar tu deseo de actuar a través de cada uno de nosotros, tus pequeños hijos.

Gracias por llamarnos ‘mis apóstoles’, y encomendarnos la misión de trabajar junto a ti para reunir a todos tus hijos que estén dispuestos a responder a tu llamado.

Gracias por orar a Dios por nosotros para que a través de nuestras buenas obras, sean muchos los que puedan convertir. Tú mejor que nadie sabes lo débiles que somos, y la necesidad que tenemos de tu oración y de tu bendición materna.

Que tu amor obre en nosotros cada día, para que de ese modo podamos ser servidores tuyos y del Señor.

Amada Madre, ponemos nuestra confianza en ti, con la seguridad de que todo lo que tú deseas, lo deseas para nuestro bien aquí en la tierra y en la eternidad.  Amén.”

 

Padre Gustavo E. Jamut, omv

padregustavojamut@fibertel.com.ar

FOTO: marantoi. wordpress.com

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