El pasado domingo 16 de abril, fiesta de la Divina Misericordia, la parroquia madrileña de Nuestra Señora de la Paz, en el barrio de Pacífico, acogió una Vigilia de adoración eucarística muy especial, con el Santísimo expuesto en la Gran Custodia de Medjugorje.

Desde que se anunció el evento, semanas antes, los feligreses que habían peregrinado a Medjugorje no se lo creían: “será una copia, ¡la auténtica es imposible!”, decían. Pero sus dudas se despejaron nada más verla en el altar, al finalizar la misa. ¡Nunca la habían tenido tan cerca! Esta custodia de grandes dimensiones, majestuosa, fue diseñada y fabricada por españoles, y se trasladó a Madrid para su reparación tras 22 años de uso continuado.

Durante la Eucaristía previa a la vigilia, con la iglesia llena de feligreses, el párroco don Francisco del Pozo hizo alusión en su homilía a la historia de la parroquia: Nuestra Señora de la Paz fue la primera parroquia fundada inmediatamente después de la guerra civil en Madrid. Desde su inauguración cada día se reza por la paz en España… No era casualidad haber escogido esa parroquia para adorar al Santísimo durante seis horas con la Gran Custodia de Medjugorje.

Muchos feligreses, la comunidad de polacos de la parroquia, con su capellán, numerosas familias que han peregrinado a Medjugorje, enfermos, discapacitados, abuelos con niños, así como algunos curiosos que se asomaban a las puertas abiertas, participaron en el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia, en el rezo del rosario y la bendición final con el Santísimo. A lo largo de la tarde, varios grupos de música acompañaron con sus cantos de adoración, mientras cinco sacerdotes confesaban sin parar a jóvenes y mayores que formaban largas colas.

Al finalizar la tarde todos comentaban con entusiasmo y emoción el gran regalo que había sido para ellos esta vigilia de adoración tan especial: el ambiente recogido de oración, las numerosas confesiones, la música, la belleza de la custodia… Por unas horas, se pudo vivir en Madrid uno de los momentos más impactantes de Medjugorje: la adoración al Santísimo, del que brota un torrente de gracia y una paz que envuelve el corazón y nos llena de gozo el alma. Todos nos marchamos a casa felices con la certeza de habernos encontrado con el Señor resucitado y misericordioso. Como rezaba en una oración sobre el presbiterio: “Aleluya! Encontré al Amor de mi vida, Lo abracé y ya no lo soltaré.” Así sea.

Compartir: