“¡Queridos hijos! También hoy los invito a que sean oración. Que la oración sea para ustedes las alas para el encuentro con Dios. El mundo se encuentra en un momento de prueba porque ha olvidado y ha abandonado a Dios. Por eso, hijitos, sean aquellos que buscan y aman a Dios sobre todas las cosas. Yo estoy con ustedes y los guio hacia mi Hijo, pero ustedes tienen que dar su “Sí” en la libertad de los hijos de Dios. Intercedo por ustedes, hijitos, y los amo con un amor infinito. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado”
25 de agosto de 2015

 

Así como Dios le dijo a Abraham: “te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición” (Gen. 12:2), del mismo modo la Reina de la Paz nos dice en esta ocasión que debemos ser oración; no solo debemos orar, sino ser oración.

No solo bendecir y orar, sino ser Bendición y ser oración, como dos caras de la misma moneda. Y la puerta de la Bendición ¿no es acaso la oración?

Este mensaje de la Reina de la Paz, de manera particular cuando dice: “la oración sea para ustedes las alas para el encuentro con Dios”, me lleva a recordar otro texto Bíblico que ahora te comparto: “Los jóvenes se fatigan y se agotan, los muchachos tropiezan y caen. Pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, despliegan alas como las águilas; corren y no se agotan, avanzan y no se fatigan.” (Is. 40:31).

De este modo, ser oración significa recibir las alas del Espíritu para poder caminar en la voluntad de Dios, con un “Sí” pleno y libre. Por eso Nuestra Madre, a través de sus diversos mensajes, nos va formando en su escuela de oración, y nos va enseñando las diversas formas en que podemos comunicarnos con Dios y unirnos a él.

La oración, en sus diversas formas y tal como la revelan las Sagradas Escrituras, puede ser comparada con un poliedro,[1] el cual tiene muchas caras o facetas, y todas son parte esencial del mismo cuerpo.

Lo mismo que sucede con la oración, la cual tiene diversas facetas. Así nos lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica a partir del número 2625, cuando nos habla de las diversas formas de oración, presentando: La oración de bendición, la adoración, la petición, el pedir perdón, la intercesión, la acción de gracias y la alabanza.

Sin embargo, al confluir todas las formas de oración en un mismo punto, que proviene de la unión con Dios y que a la vez tiende a acrecentarla, no se pueden separar dichas formas de oración en compartimentos estancos, pues si así lo quisiéramos hacer las transformaríamos en algo mecánico y frenaríamos el impulso del Espíritu.

Las oraciones de petición, intercesión y bendición son una dimensión de la plegaria en la que predomina la confianza en el Amor Providente de Dios, quien quiere darnos todos los bienes que en su Divina Providencia, ha destinado para nosotros sus amados hijos.

La oración de bendición, desde la dimensión intercesora, es también un movimiento ascendente del hombre hacia Dios, a favor de sus hermanos, a fin de que el poder de Dios se mueva de manera descendente hacia el hombre y así se cumplan las Promesas Bíblicas de Bendiciones que el Señor nos ha dejado. Es en esa misma dirección que la Reina de la Paz nos invita a dar su bendición especial materna, a cada persona que encontremos en el camino de la vida.

Así como una esponja puesta bajo una canilla que gotea continuamente, absorbe gradualmente el agua que cae sobre ella, del mismo modo nosotros estamos llamados a empaparnos cada día de las bendiciones de Dios, para luego ser canales de bendición para los demás.

Cada día tenemos -tanto nosotros como muchas otras personas-, necesidades de todo tipo, las cuales pueden ser fácilmente satisfechas por el Señor si colaboramos para que el Espíritu Santo y el amor de la Reina de la Paz habiten en nosotros y fluyan por nuestro intermedio.

Con frecuencia nos encontramos con personas que se hallan desalentadas a causa de la falta de trabajo y ahogadas por las deudas que sin cesar se van sumando; también están quienes se quejan de que sus caminos parecen estar obstruidos y han perdido de vista una meta en la que se perciba un futuro mejor; Hay quienes por más que trabajan parece que nunca pueden salir adelante; hay quienes la inseguridad por el día de mañana no les deja descansar… y podríamos seguir con una lista larguísima de problemas a resolver.

A esas personas, especialmente los miembros de nuestras familias y comunidades, nosotros podemos darles un gran regalo: ser nosotros mismos oración, con el poder del Espíritu Santo invocando la Bendición del Señor y de su Madre para la vida de ellos. Nosotros podemos ser canal para que las Promesas que Dios ha hecho a todos sus hijos sean una realidad en la vida de esas personas.

Por medio de una vida hecha oración, vamos descubriendo y poniendo en acción el amor y el poder de Dios, que habitan en el interior de cada bautizado, experimentando así un crecimiento de paz, amor, alegría y salud integral y siendo testigos de cómo Dios puede guiarnos fácilmente, si se eliminan los bloqueos que han estado frenando su Divino obrar.

Que Nuestro Señor -que con su bendición obraba milagros- y la Reina de la Paz con su Bendición maternal, nos permitan ser también nosotros, canal de sus bendiciones, de manera que podamos ser testigos de los milagros que aun hoy, Dios quiere seguir realizando en medio de su pueblo.

P. Gustavo E. Jamut
Oblato de la Virgen María
[1](Figura geométrica formada por varios planos que concurren en un punto. “Diccionario de la Real Academia Española”)

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