Y el Maestro abrió la boca y dijo otra parábola: “Se parece el Reino de los cielos a un hombre que luego de estar mucho tiempo dormido, de pronto despierta y se da cuenta de toda la torpe ilusión en la que lo tenían atrapado sus sueños. Y una vez despierto, se da cuenta de que vive, respira, piensa y siente.  Y ya no quiere ser más engañado ni atrapado por vanos adormecimientos”.

***************

El hombre dormido es la imagen del ser humano cegado espiritualmente.  Es el ser humano que no se ha dejado iluminar por Jesucristo.  Este hombre dormido cree ver, cree estar vivo, cree conocer el bien y el mal, cree tener discernimiento, cree ser capaz de afrontar él sólo su camino.  Puede incluso tener una fe religiosa, puede ser un bautizado católico que no ha conocido aún el amor de Dios.  Tiene por lo general una fe teórica, que no le obliga a nada o a muy poco.  Su fe no ha permeado su vida práctica.  Su fe no tiene alegría ni es contagiosa. El hombre dormido lleva su fe como quien arrastra cadenas muy pesadas, como quien lleva una condena y por eso quiere zafarse apenas pueda de su fe.

Muchas veces, el hombre dormido es una persona que ha dejado que se ablande su voluntad, no lucha contra el pecado, no tiene fuerzas porque no quiere en el fondo despertar, está muy apegado a sí mismo.  Su voluntad –su corazón- no ama la Verdad ni la Luz, se ama a sí mismo y se conforma con ello.  Probablemente piensa que no se puede condenar al infierno puesto que Dios es bueno, por ello se conforma pensando que irá al purgatorio sí o sí.  El hombre dormido no se ha planteado la posibilidad y la necesidad de ser santo para salvarse.  Puede ser una persona que materialmente ha triunfado en la vida: tiene bienes, dinero, placeres, satisface sus gustos e incluso reza de cuando en cuando… pero no tiene alegría verdadera.  En el fondo se trata de un alma mediocre, tibia, indecisa, cómoda, débil y mundana.

¿Qué necesita el hombre dormido?  Necesita despertar pronto, antes de que sea tarde para él. Despertar será para él encontrarse con el amor de Dios, experimentar Su misericordia.  Esta experiencia nos hace abrir los ojos a las realidades del Espíritu y nos permite ver de verdad, vivir de verdad.  Todo aquel que ha tenido una real experiencia de Dios, siente que a partir de entonces recién ha comenzado a vivir de verdad, se siente como un recién nacido y siente y vive la maravilla de existir de verdad, se siente asombrado y se hace también en cierto modo contemplativo de las obras de Dios.  Es lo que experimentan los convertidos, aquellos a los que en algún momento de su vida les salió al encuentro la Verdad en persona: Jesucristo.  La experiencia del encuentro con Jesucristo es un despertar a una vida más profunda y verdadera.

Un recién despierto por el amor de Dios puede darse cuenta con más claridad del pecado que le circunda y puede en cierto modo participar de cómo Dios ve las cosas de este mundo.  Por esa razón el recién despierto comienza un estilo de vida distinto y puede apartarse del mundo con mayor decisión.  Una vez que se ha tenido experiencia de la Verdad, la vida ya no puede ser la misma, esa Verdad gustada y saboreada mueve a una conversión interior, afectiva y efectiva.

El recién despierto no se siente obligado a nada, simplemente es urgido por su propia experiencia a reformar su vida y adecuarla a la Palabra de Dios.  La fe ya no se le hace un peso o una serie de obligaciones, la fe es la manera que él tiene de agradecer el hecho de haber sido despertado antes de que sea demasiado tarde para él.

Algunas preguntas para la reflexión:

– ¿Has tenido esta experiencia de despertar interiormente?

– ¿Has tenido algún encuentro con La Verdad, Jesucristo?

– ¿En qué lado te encuentras: en el lado de los dormidos o en el lado de los despiertos?

– ¿Cómo podrá una persona despertar del letargo y de la vana ilusión del mundo?  ¿Es necesario despertar?

 

Algunos textos bíblicos para meditar:

Libro de los Proverbios, capítulo 24, versículos del 30 al 34:

“He pasado junto al campo de un perezoso, y junto a la viña de un hombre insensato, y estaba todo invadido de ortigas, los cardos cubrían el suelo, la cerca de piedras estaba derruida.  Al verlo medité en mi corazón, al contemplarlo aprendí la lección: Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco estirar los brazos al tumbarse, y como un rondador te viene la pobreza y la indigencia como un hombre armado”.

 

Carta de San Pablo a los Romanos, capítulo 13, versículo 11:

“Ya es hora que despierten del sueño, pues la salvación está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe.  La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz”.

 

Nos dice la Reina de la Paz:

Mensaje, 25 de febrero de 2000:

“¡Queridos hijos!  Despierten del sueño de incredulidad y pecado, ya que este es un tiempo de gracia que Dios les da. Aprovechen este tiempo y pidan a Dios la gracia de la curación de vuestro corazón, para que con el corazón miren a Dios y al hombre.  Oren de manera especial por los que no han conocido el amor de Dios y con vuestra vida testimonien a fin de que ellos también conozcan a Dios y su inmenso amor.  ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”.

 

Mensaje, 25 de marzo de 2001:

“¡Queridos hijos!  Hoy también los invito a abrirse a la oración. Hijitos, viven en un tiempo en que Dios les da grandes gracias, y ustedes no saben aprovecharlas.  Se preocupan de todo lo demás, menos del alma y de la vida espiritual.  Despierten del sueño cansado de su alma y digan a Dios con todas sus fuerzas, Sí.  Decídanse por la conversión y la santidad. Estoy con ustedes hijitos, y los invito a la perfección de su alma y de todo lo que hacen.  ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”.

 

Mensaje, 25 de marzo de 2009:

“¡Queridos hijos!  En este tiempo de primavera, cuando todo se despierta del sueño invernal, despierten también ustedes sus almas con la oración para que estén dispuestos a recibir la luz de Jesús resucitado.  Que Él, hijitos, los acerque a su Corazón para que puedan estar abiertos a la vida eterna.  Oro por ustedes e intercedo ante el Altísimo por su sincera conversión.  ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”.

 

Mensaje, 25 de junio de 2011:

“¡Queridos hijos!   Agradezcan conmigo al Altísimo por mi presencia entre ustedes.  Mi corazón se regocija mirando el amor y la alegría en la vivencia de mis mensajes.  Muchos de ustedes han respondido, pero espero y busco a todos los corazones adormecidos que se despierten del sueño de la incredulidad.  Acérquense aún más hijitos, a mi Corazón Inmaculado para que pueda conducirlos a todos hacia la eternidad.  ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”.

Compartir: