Otoño en Medjugorje

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La solemnidad de Todos los Santos marca el comienzo del otoño, aunque en el calendario se haya dado hace tiempo. Ese día los parroquianos llenaron los cementerios de flores y velas encendidas, fue verdaderamente un día de fiesta, y así lo vivieron. El recordar a los santos nos abre al interior de nuestro ser, nos anima a imitar sus virtudes, a purificarnos de todo aquello que nos aleja del Señor, limpiando nuestro corazón. Es un tiempo que nos lleva a la intimidad, a recogernos.

Ese día también se atrasó una hora el reloj, es por eso que a las 5 de la tarde ya es de noche y, luego del programa vespertino de oración, no se ve gente en el pueblo. Los parroquianos vuelven a sus hogares y los pocos peregrinos que todavía quedan, a sus pensiones. Para esta fecha quedó atrás el tiempo de calor donde podíamos encontrarlos subiendo los montes bien temprano por la mañana. Además los días son más cortos, y es también en esta época cuando comienza el período de lluvias.

El clima se va volviendo poco a poco más frío y la comunidad parroquial se reúne dentro de la iglesia para la celebración de la eucaristía. Hay solo algunos comercios abiertos, no se escucha como antes a toda hora el rezo del rosario por las calles en diversas lenguas. Sí, se sigue orando, como siempre en Medjugorje, pero ahora en el silencio del corazón, como si el cambio de temperatura nos llevara a la interioridad. Por eso es posible subir los montes disfrutando de la soledad con Dios y viviendo un clima de oración con el corazón, de la mano de la Virgen, y prepararnos así para el Adviento y la Navidad, a fin de que el Niño Jesús realmente nazca en nuestra vida dando frutos de santidad.

Así nos invitaba nuestra Madre en el mensaje del pasado 25 de octubre: «¡Queridos hijos! Regresen a la oración, porque quien ora no le tiene miedo al futuro. Quien ora, hijitos, siente la libertad de los hijos de Dios y con un corazón alegre sirve al bien del hombre, su hermano. Porque Dios es amor y libertad. Por eso me envió: para ayudarlos a crecer en el camino de la santidad. Gracias por haber respondido a mi llamado.»

Estemos en Medjugorje o en cualquier otro lugar del mundo, la invitación de la Gospa a poner a Dios en primer lugar en nuestra vida, es aquí y ahora. El mensaje de Amor de Dios es para toda la humanidad, por eso no solo debemos volvernos a Él cuándo el ambiente nos favorece la oración, sino que debemos abrirnos a Dios en todo tiempo y circunstancia. Él nos envía a su Madre desde hace 40 años para recordarnos que no debemos tener miedo y que la libertad es el mayor regalo que hemos recibido de Dios.

 

 

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