Queridos hermanos, reciban hoy y siempre la paz y la alegría de Jesús y de María.

Continuamos con estas reflexiones, a la que podríamos llamar: «un taller para crecer en la alegría de Dios y de María»: principalmente porque nuestro buen Dios, al igual que Nuestra Madre en sus mensajes, nos invitan a convertirnos haciendo un éxodo desde la oscuridad de la tristeza o el enojo, hacia la luz de la paz y la alegría, por eso ella nos dice frecuentemente: “¡Queridos hijos! Alégrense Conmigo” (25 de diciembre de 1987).

Sin embargo, en mi tarea pastoral encuentro con demasiada frecuencia a católicos que no transmiten la alegría de Dios, y que a veces encuentran justificativos para quedarse sumidos en la tristeza por largos periodos de tiempo.

Por lo tanto, a continuación veremos algunos de los motivos que algunas personas fundamentan para creer que no deben pedir el fruto del Espíritu Santo que es gozo, ni desarrollar la virtud de la alegría.

Motivos qué algunos alegan para no tener esta alegría.

“Se puede crecer en la alegría, aun en medio de las peores angustias”

1. Los propios pecados:

Estos o son voluntarios o son involuntarios. Hay que distinguir unos de otros.

Los involuntarios no ofenden a Dios.

En cuanto a los voluntarios, tengo que ver si son pasados, presentes o el temor de cometerlos en el futuro.

Aún así no se debe olvidar uno de los atributos más importantes de Dios: que es la Misericordia que surge de su Corazón y que nos recibe con alegría en el sacramento de la Reconciliación, y que en sus Mensajes, la Reina de la Paz nos invita continuamente a confiar en la Misericordia y el perdón de Dios.

2. Las dificultades, tribulaciones y adversidades:

Muchas veces estas penas son creadas por la imaginación; pero una persona con un espíritu alegre fácilmente las aleja; de hecho, muchas veces son cosas sin importancia o sin fundamento.

Ejemplos: alguien no nos saluda, y quizá sin darse cuenta, ¿por qué entonces tomarlo por malignidad o desprecio?; Alguien dijo algo que no me gustó y quizá lo dijo sin malicia, pero enseguida lo tomas por ofensa. Cuántas veces el disgusto es disgusto, porque tú permites que se transforme en tal.

Pensemos en todas las persecuciones y dificultades que han tenido los videntes en Medjugorje, y sin embargo lo que más impacta en algunos de ellos, es la alegría que parecer brotar desde adentro y que se transmite en sus rostros y palabras.

Remedios:

1°. No dejarse llevar por los juicios precipitados de la imaginación, recuerda aquellas veces en que te has equivocado.

2°. Abrir el corazón al director espiritual o superior u otra persona espiritual y con discernimiento que nos pueda ayudar e iluminar.

3°. Poner en la mano extendida de la Reina de la Paz, tu imaginación, y aquello que te preocupa o aflige.

En cuanto a las verdaderas y reales tribulaciones y dificultades:

1°. Démonos cuenta que en ocasiones no las tomamos con fuerza de ánimo, y con la confianza optimista en Dios, y que por eso se hacen mucho más pesadas y harán daño al espíritu, produciendo impaciencias, faltas de caridad, quejas contra Dios; y algunas veces daño también al cuerpo.

Tal vez te estarás preguntando: “Pero ¿cómo hago para tomarlas con alegría?”:

Mirándolas:

1. Con mirada de fe. Descubriendo de quién es verdaderamente la mano que nos sostiene (Dios), descubrir el principio de Quien lo permite.

2. Mirando el bien que contienen (el desapego de las criaturas, de los cargos, del amor propio u otros defectos; la unión con Dios; los méritos).

3. Aceptándolas con amor, como nos enseña Nuestra Madre: “Con el amor, superen todas las dificultades que se les presenten” (10 de julio de 1986)

4. Mirando en fe la recompensa eterna.

Podemos decir con Job: “!Si del Señor recibimos los bienes, ¿por qué no hemos de aceptar los males?”. Y también: “Desnudo salí del seno materno y desnudo volveré a él. Yahvé me lo ha dado y Yahvé me lo ha quitado. Bendito sea el nombre de Yahvé”.

Conservemos la serenidad de corazón y de conciencia, y no temamos más nada. Tomemos el ejemplo de un niño que duerme tranquilo en su cuna pues confía en sus padres. Y recordemos las palabras de Jesús a los discípulos en la tempestad: ¿»Por qué tienen miedo?, ¿acaso no tienen fe?».

Recuerda que todo lo que Dios consiente, lo permite para nuestro bien. Por lo cual podemos reflexionar sobre la gracia que viene anexada al sufrimiento y a la recompensa eterna que nos prepara.

Para justificar la falta de alegría, algunos cristianos aducen las citas de la Sagrada Escritura que nos llaman al santo temor, como es el temor de Dios recomendado incluso a los justos.

El Venerable Padre Bruno Lanteri, fundador de los Oblatos de la Virgen María, dice al respecto: “la Sagrada Escritura no se contradice, sino que suministra armas para todos. Estas citas son para los pecadores obstinados que no se rinden a las invitaciones hechas por la bondad del Señor y quieren perseverar en el pecado. Ya que la idea de la bondad de Dios no los hace cambiar; debe presentárseles entonces la idea de la justicia divina. Pero una vez que comienza la conversión debe quedar solo el temor filial el cual no es incompatible con la verdadera alegría”.

Por lo tanto, no dejemos de trabajar estos puntos para abrirnos a la alegría de Dios y de María, y transmitirla a todas las personas.

En la próxima entrega reflexionaremos, acerca del ejemplo que los santos nos brindan, acerca de como vivir con alegría.

Si conoces a algún joven que necesite discernir su vocación y lo que Dios y la Virgen le piden, puedes ponerlo en contacto con nosotros, escribiendo a: diegoarmandopaz@hotmail.com

Padre Gustavo Jamut,
Oblato de la Virgen María
www.mensajerodelapaz.org.ar/

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