Medjugorje se ha convertido, en uno de los centros de espiritualidad más grandes del mundo.

 

De manera similar a lo que sucede con muchos otros santuarios en diferentes partes del mundo, las conversiones, curaciones y la profundización de la fe que allí ocurre, son un poderoso testimonio del amor de Dios hacia la humanidad.

 

Yo mismo, como sacerdote, he sido testigo de centenares de conversiones profundas, y de incontables sanaciones, en todas las áreas de la persona. Además, han surgido miles de grupos de oración en todo el mundo, y la fe de muchísimos cristianos se ha renovado y profundizado.

 

Para poder atender a todos los que buscan reconciliarse con Dios y regresar a la Iglesia se forman cada día largas filas y son necesarios muchos sacerdotes para poder atenderlos a todos.  ¡Sólo Dios sabe la cantidad de personas que -a lo largo de los años- han sido liberados y sanadas espiritualmente por medio del sacramento de la reconciliación!

 

Las muchas Misas diarias, en las que concelebran decenas de sacerdotes cada día, están siempre colmadas de fieles de todo el mundo y llama la atención el fervor de los participantes.  Siendo además sorprendente  la cantidad de jóvenes que concurren. ¡Sólo Dios sabe la cantidad de personas que han crecido espiritualmente participando del Banquete celestial!

 

María nos dice, que Dios la ha enviado a nuestro mundo y, que estos años que pasa entre nosotros son un tiempo de Gracia regalado por el Señor.

 

En sus propias palabras, Ella nos dice:”He venido a decirle al mundo que Dios existe. El es la plenitud de vida, y para disfrutar esta plenitud y paz, ustedes deben volver a Dios…”

 

 La misión de Nuestra Señora es de paz y amor.

 

Si quisiéramos sintetizar -a mi entender- lo esencial del mensaje, podríamos hacerlo uniendo aquellos que más se repiten, los cuales son considerados esenciales para entender el conjunto:

 

¡Paz, paz y solo paz! Debe reinar la paz entre el hombre y Dios y entre los hombres. ¡Conviértanse! ¡Regresen a Dios! Mi llamado a la conversión es urgente.

 

Soy la Reina de la Paz y vengo a llevarlos a Jesús. Abandónense totalmente a Él y no teman nada. Dejen que Yo los guíe hasta Dios.

Oren y ayunen por la paz del mundo, por la paz en sus corazones, en sus familias, en su tierra. No dejen de orar.

 

Oro con ustedes y por ustedes, pero necesito sus oraciones. Oren con el corazón. Por eso perdonen, reconcíliense. Toda oración que viene del corazón es agradable a Dios. En la oración esta la salvación.

 

Oren hasta que la oración se vuelva alegría. Recen el Rosario, cada día, solos, en grupos, en familia. Dios le ha dado poder al Rosario. No hay situaciones por difíciles que parezcan que no se resuelvan con la oración.

 

 ¡Arrepiéntanse! Confiesen al sacerdote todos sus pecados. Hagan una confesión al menos una vez al mes. Asistan y vivan la Misa. Allí Jesús se da en sacrificio de amor por ustedes. Allí esta su Pasión y Resurrección. El es Dios y es el camino al Padre.

 

Ábranle sus corazones. Confíen en El. Adoren a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Pidan todos los días los dones del Espíritu Santo. Lean la Biblia. Lean San Mateo, cap. 6 vers. 24 al 34. ¡Oren, oren, oren! ¡Gracias por responder a mi llamado!..

 

¿Porque la insistencia de orar con el corazón? 

 

Es que por causa de las situaciones doloras que hemos atravesado a lo largo de la vida, lo que más  se ha herido es nuestro corazón.  Y como la oración es la presencia de Dios que restaura y sana a sus hijos, al orar con el corazón le estamos permitiendo a Dios que sane y restaure nuestros corazones, dolidos y quebrantados.

 

“Queridos hijos! Hoy me alegro y oro con ustedes por la paz: la paz en sus corazones, la paz en sus familias, la paz en sus deseos y la paz en el mundo entero. Que el Rey de la Paz los bendiga hoy y les dé la paz. Yo los bendigo y llevo a cada uno de ustedes en mi Corazón.  ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

 

Por eso, el Santo Padre, san Juan Pablo II nos invitaba con frecuencia, a ver en el rezo del Santo Rosario un fuerte llamado para ser constructores de la paz: “Invito a todos a tomar en la mano el rosario para invocar la intercesión de la Virgen Santísima: “No se puede rezar el Rosario sin sentirse implicados en un compromiso concreto de servir a la paz” 

 

Ejercicio de oración para sanar el corazón:

 

Aquí te presento 10 pasos de oración contemplativa, para pedirle al Señor, que tu corazón se llene de la paz del cielo.

 

  1. Imagina las manos amorosas de María que se aproxima lentamente hasta tu pecho y toman con suavidad y dulzura tu corazón.

 

  1. Imagina que tu corazón se encuentra sobre sus manos y va recibiendo todo su calor de Madre.

 

  1. Deja que tu corazón descanse en esas Benditas manos y entrégale todo tu cansancio.

 

  1. Contempla como sopla sobre tu corazón, pidiendo que sea lleno del Espíritu Santo.

 

  1. Pídele que de su mano comience a brotar la paz que necesitas para luego llevarla a quienes mas la necesitan.

 

  1. Luego siente como su paz pasa a través de sus manos llenando tu corazón y se va transmitiendo a tu cerebro, trayendo liberación de pensamientos opresivos.

 

  1. Pídele a María que con su intercesión invite al Espíritu Santo, para que llegue a esos recuerdos y situaciones de vida de donde surge el dolor, la angustia y la preocupación.

 

  1. Pídele a María que interceda ante su Hijo Jesús, para que su bendita Sangre llegue a esa parte de tu cuerpo donde haya enfermedad y pídele que te sane.

 

  1. Pídele a María para que interceda ante Dios Padre, para que El ponga en tu corazón todo el amor que necesitas, mientras que tú lo llamas: “Abba”, “Papá”.

 

  1. Descansa como María y junto a María en la presencia de Dios todo el tiempo que sea necesario.

 

“Así como el demonio anda buscando a quien devorar, de la misma manera María anda en busca de quien salvar y a quien dar la vida.”

San Bernardino

P. Gustavo E. Jamut,

Oblato de la Virgen María

http://www.peregrinosenlafe.com.ar/

 

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