“Queridos hijos, mi Corazón materno sufre mientras miro a mis hijos que no aman la verdad y que la esconden, mientras miro a mis hijos que no oran con el corazón y con las obras. Estoy triste mientras hablo a mi Hijo de tantos hijos míos que ya no tienen fe y que no le conocen a Él, mi Hijo. Por eso os invito a vosotros, apóstoles de mi amor: tratad de mirar hasta lo profundo del corazón humano y allí encontraréis con seguridad aquel pequeño tesoro escondido. Mirar de esta manera es la misericordia del Padre Celestial. Buscad el bien también donde domina el mal, tratad de comprenderos los unos a los otros y no juzgaros. Esto es lo que mi Hijo os pide y yo, como Madre, os invito a escucharlo. Hijos míos, el espíritu es más potente que el cuerpo y sostenido con el amor y con las obras supera todos los obstáculos. No lo olvidéis: mi Hijo os ha amado y os ama. Su amor está con vosotros y en vosotros cuando sois una cosa con Él. Él es la luz del mundo y ninguno y nada logrará detenerlo en la gloria final. Por eso, apóstoles de mi amor, no tengáis miedo de testimoniar la verdad. Testimoniadla con entusiasmo, con las obras, con amor, con vuestro sacrificio y sobre todo con humildad. Testimoniad la verdad a todos aquellos que no han conocido a mi Hijo. Yo estaré a vuestro lado, yo os fortaleceré. Testimoniad el amor que no pasa nunca, porque proviene del Padre Celestial que es eterno y que ofrece la eternidad a todos mis hijos. El Espíritu de mi Hijo estará a vuestro lado. Nuevamente os invito, hijos míos, a orar por vuestros pastores. Orad para que puedan ser guiados por el amor de mi Hijo. Os doy las gracias”.

Mirjana ha dicho que la Virgen estaba triste.

La Virgen ha bendecido a todos los presentes y todos los objetos de devoción. Después, como la Reina de la Paz desea, los sacerdotes han bendecido a todos los presentes y todos los objetos de devoción.

 

Queridos hermanos:

Reciban hoy y siempre la paz y la alegría de Jesús y de María.

El mensaje de este 2 de noviembre tiene para mí -por diversos motivos- una especial relevancia.

El primer motivo ha sido haberlo podido recibir estando en Medjugorje, guiando una peregrinación/retiro con personas que han llegado desde diversos países de América Latina y el Caribe para participar juntos de este camino espiritual y de esta experiencia de una semana.

Efectivamente -por las diversas ocupaciones-, cuando acompaño grupos de peregrinos a Medjugorje no siempre tengo (como en esta ocasión) la oportunidad de estar una semana completa. Pero por la Providencia de Dios, en esta ocasión tuve la oportunidad de poder ir meditando junto con el grupo de peregrinos los mensajes de la Reina de la Paz durante todo el tiempo, y haber orado con ellos pidiendo a Dios la gracia de una mayor conversión, liberación y sanación integral.

 

El segundo motivo, ha sido la fecha. El 2 de noviembre es un día muy querido y apreciado por mí, es el día en que la oración del pueblo de Dios hecha con fe y el poder de Jesús Eucaristía, permite que -de una manera especial- una gran cantidad de almas que se encuentran en el purgatorio puedan experimentar la misericordia de Dios, y avanzar hacia el encuentro definitivo con él, con la Virgen Santísima, y con todos los Santos, incluidos los seres queridos que ya participan de la visión celestial.

El 2 de noviembre es un día en el que se derraman gracias especiales para las almas del purgatorio, y donde seguramente nuestros ancestros interceden por nosotros, para que no repitamos algunos de los errores que ellos cometieron en vida, y a fin de que recibamos nosotros -sus descendientes- solo la herencia intergeneracional que nos comunica el don de piedad y las bendiciones familiares.

¡Pienso que, si los católicos tomásemos mayor conciencia del poder intercesor que tenemos por medio de la oración hecha con el corazón, y si orásemos con fervor y frecuencia pidiendo por las almas de quienes partieron de esta vida, entonces veríamos cambios reales en nuestras vidas y a nuestro alrededor, y seríamos testigos de numerosos milagros!

Para poder orar de este modo debemos anhelar liberar el corazón de su “ganga”, baratijas y rumores, para agudizar el oído interior, escuchar allí donde el propio corazón ya ora, y entregarnos a esa oración hasta que la oración haga brotar el manantial de la verdadera paz y la autentica alegría.

Es lo que afirmaba el padre del desierto Hesiquio de Batos (+433), quien escribió: “Quien vela cuidadosamente sobre su corazón, por naturaleza, irradia luz. Como un ascua arde, como el fuego enciende el cirio, así Dios hace arder nuestro corazón con vistas a la contemplación, él, que desde el bautismo habita en nuestro corazón”.

Esto es lo que nos sucede cuando a través de la oración del corazón nos acercamos a Dios y nos escapamos de su Santo Espíritu.

 

El tercer motivo del obrar de Dios que me asombró, ha sido que el día previo a la aparición podía percibir en el corazón y en los ojos de Mirjana una dulce tristeza y un suave dolor, pero que a pesar de eso no lograba robarle la paz que ella trasmitía al compartir con nuestro grupo de peregrinos.

También me ánimo a afirmar que Dios iba preparando nuestros corazones para el momento de la aparición y para lo que sería el contenido del mensaje que la Reina de la Paz, un mensaje que como vemos pone de relieve el sufrimiento del corazón de la Virgen y su tristeza a causa de diversas situaciones, especialmente por:

  • Los hijos de Ella que no aman la verdad o que la esconden.
  • Una gran cantidad de personas que no conocen a Dios y que no tienen fe.
  • La incapacidad para comprendernos y amarnos los unos a los otros, sin juzgarnos mutuamente.
  • Tener miedo de dar testimonio de la verdad a quienes no han conocido a Jesús.

 

El cuarto motivo, ha sido que Mirjana y su esposo Marcos quisieron que el padre Diego y yo estuviésemos durante la aparición junto a ella, uno a la derecha y otro a la izquierda, acompañándola sobre todo como amigos en Cristo y con nuestra oración de intercesión.

Durante ese tiempo y antes de la aparición Mirjana temblaba como una hoja frágil sacudida por el viento y lloraba incesantemente, anunciando la tristeza que en esta ocasión reflejaría la Madre en su rostro.

Sin embargo, en el momento en que la Virgen se presentó, Mirjana dejó de temblar y de llorar, la multitud hizo un profundo silencio, y una gran paz nos inundó a todos.

Durante el tiempo que duró la aparición, y antes de conocer el contenido del mensaje, fui poniendo en las manos de Nuestra Madre las siguientes intenciones, según recuerdo:

  • Cada uno de los movimientos eclesiales y grupos de oración, especialmente aquellos formados a partir del pedido de la Reina de la Paz.
  • Mis seres queridos que partieron de esta vida, y todas aquellas almas del purgatorio que no tienen familiares que oren por ellos.
  • Las diversas situaciones de dolor que llegan a mi cada día, y aquellas que -sin yo conocerlas directamente- son conocidas por la Madre.
  • También he sentido que el Espíritu Santo me pedía interceder por los gobernantes de los diversos países, por los legisladores, por quienes trabajan en la justicia, y especialmente por quienes trabajan en los medios de comunicación social, a fin de que reciban el don de la fe y se abran la experiencia del amor de Dios.
  • He sentido que el Espíritu Santo me pedía de interceder por quienes trabajan por la defensa de la vida desde el momento mismo de la concepción, y por la justicia y la dignidad de toda persona humana.
  • En un momento vino a mi corazón el rostro del Papa Francisco y su pedido de orar por la protección de la Iglesia. Por lo tanto, puse en las manos de la Virgen: cada laico/a comprometido con la evangelización, las familias, los obispos, sacerdotes, religiosas y seminaristas.
  • Casi al final de la aparición, fueron apareciendo los rostros de los seminaristas de nuestra familia religiosa: Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz, y le pedí a la Reina de la Paz por ellos, y por aquellos jóvenes que Ella está llamando a discernir su vocación en nuestra casa.

 

Una vez que término la aparición, y antes de que Mirjana compartiese el mensaje dado por la Gospa, sentí una necesidad apremiante de apartarme de la multitud para orar a solas y pedir al Señor su Palabra a través de las Sagradas Escrituras; fue entonces que el Señor me reconfortó con las palabras del apóstol Pablo: “Igualmente, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.” (Romanos 8:26).

A la luz de esta palabra, puedo comprender -al menos un poco más- la experiencia vivida durante la aparición de la Madre y la meditación que luego hice del mensaje.

Este regalo fue coronado con la Santa Misa que, con los demás sacerdotes y grupo de peregrinos, celebramos en la parroquia de Jesús de la Divina Misericordia en Surmanci, donde pusimos en el altar todas las peticiones, y sobre todo, nuestra acción de gracias a Dios y a María, Reina de la Paz, por tan profunda experiencia de amor y de misericordia.

 

Le pido a Dios que te bendiga y me encomiendo tus oraciones.

Padre Gustavo E Jamut

www.peregrinosenlafe.com.ar/

 

*Para aquellos jóvenes que necesitan ayuda para un discernimiento vocacional, pueden comunicarse con el Padre Diego A. González.

diegoarmandopaz@hotmail.com

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