La Reina de la Paz en sus mensajes, nos habla con frecuencia del llamado que nos hace Dios a vivir la santidad. Para citar sólo un par de ejemplos, Ella nos dice: “Ustedes están llamados a la santidad y han sido creados para el Cielo”. (25 de enero de 2018) “¡Queridos hijos! También hoy los invito al camino de la santidad.” (Mensaje, 25 de enero de 1989).

En esa misma línea, el Espíritu Santo nos acaba de regalar, a través del Papa Francisco, una exhortación apostólica llamada: “Gaudete et exsultate”, con la que nos invita a todos: laicos, sacerdotes, consagrados/as, a vivir con alegría y gozo, la santidad en el mundo actual.

En sintonía con el pedido del Papa, la Gospa nos invita a vivir la vocación cristiana con una conciencia cada vez más clara: “¡Queridos hijos! Hoy día los invito a que comprendan su vocación cristiana. Hijitos, yo los he guiado y los estoy guiando a través de este tiempo de gracia, para que lleguen a ser conscientes de su vocación cristiana.” (Mensaje, 25 de noviembre de 1997).

A medida que crezca en nosotros la conciencia de la invitación Divina a vivir en plenitud la vocación cristiana, también se hace más fácil discernir la propia vocación y el estado de vida al que cada uno es llamado, y recorrer el camino de santidad desde lo cotidiano.

Como católicos que deseamos crecer en la vida espiritual, no deberíamos dejar de leer la exhortación del Papa Francisco sobre la santidad, pues nos hará un gran bien, ya que contiene en sí misma la fuerza para alimentar en nosotros este deseo de construir la santidad día a día, de la mano del Señor y de María.

Pero, a través de estas líneas, te invito a que reflexionemos de modo particular, sobre el llamado que Dios hace a muchos jóvenes, para que, dejándolo todo, sigan a Jesús en la vocación religiosa y/o sacerdotal. Así como también el mandato de Jesús de que oremos para que surjan más vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha” (Mat 9:37 – 38).

A través de muchos de sus mensajes, la Reina de la Paz nos invita a tener una mirada de fe sobre esta vocación que es tan atacada y desvalorizada en la sociedad moderna: “Queridos hijos! Los invito a ser generosos en la renuncia, en el ayuno y en la oración por todos los que están en la prueba, y son sus hermanos y hermanas. De manera especial, les pido que oren por los sacerdotes y por todos los consagrados, para que amen con más fervor a Jesús, para que el Espíritu Santo llene sus corazones de gozo; para que testimonien el Cielo y los misterios celestiales” (25 de septiembre de 2017).

San Agustín dijo: “Si existen buenas ovejas habrá también buenos pastores, pues de entre las buenas ovejas salen buenos pastores” (Sermón 46). Por lo cual, cada bautizado debería sentir fuertemente la necesidad de orar cada día por el aumento, perseverancia y santidad de los sacerdotes. Cada católico debería interceder diariamente por aquellos sacerdotes que están viviendo su vocación con gozo, fervor, fidelidad y alegría; pero también por los que están necesitados de una especial intervención de Dios en sus vidas para recuperar el primer amor y el suave perfume de la unción que recibieron, cuando Cristo Sacerdote les confirió por medio de la imposición de manos del Obispo el increíble privilegio de ser sus sacerdotes; así como también, por quienes en la vida religiosa, entregaron su corazón al Esposo y su vida al Maestro, por medio de la profesión perpetua de los Consejos Evangélicos.

Asimismo debemos interceder junto a la Reina de la Paz, por los sacerdotes calumniados y perseguidos, por quienes se encuentran sirviendo en lugares de riesgo, por quienes carecen de los medios materiales necesarios para llevar adelante la obra evangelizadora que se les ha confiado, por quienes se sienten solos, abandonados, traicionados, enfermos y por quienes atraviesan toda clase de luchas y dificultades, que solo Dios conoce en profundidad.

No lo dudes, tú les darás una gran alegría al Señor y a su Madre, al orar por sus hijos predilectos.

El Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, solía decir: “El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”.  Quizás este amor especial de Jesús y de María hacia los sacerdotes y consagrados -y la importancia que se sigue de su fidelidad y felicidad en Dios y en su ministerio- sea uno de los motivos por el cual desde que Jesús llamó a los primeros discípulos, Satanás no ha cesado de querer destruir a su Iglesia, atacando de manera particular a los sacerdotes de Jesús.

Satanás, no pudiendo destruir a Dios, ataca a quienes Nuestro Señor tanto ama, a sus sacerdotes y consagrados.  Por eso la Reina de la Paz nos advierte: “Queridos hijos! También hoy los invito a vivir en oración su vocación. Ahora más que nunca, Satanás quiere sofocar, con su viento contagioso de odio y de inquietud, al hombre y su alma” (25 de enero de 2015).

Por lo cual, no debemos olvidar que ellos son el “bocado” preferido del maligno, y que él los ataca por todos los flancos posibles; por lo que ellos necesitan de la oración de protección hecha, no solo por ellos mismos, sino también por todos los laicos de sus comunidades y por todos los católicos. (Del Libro: “Protege tu Vida. La oración de Protección”.  Colección Paz Interior. Ed. San Pablo. Argentina).

El maligno intuye cuales son los dolores ocultos del sacerdote, y las ataduras que aun no han sido totalmente entregadas a Dios.  El maligno olfatea las heridas abiertas, que aún no han sido sanadas del todo.  El príncipe de la mentira da vueltas, buscando los puntos débiles por los cuales entrar con sus tentaciones: “el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8); y de esta manera, su propósito es destruir la vida de los sacerdotes y desbaratar sus comunidades, dice la Escritura: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño” (Mateo 26:31).

Por este motivo, cuando Bergoglio aún era arzobispo de Buenos Aires, me dio su autorización para comenzar con una nueva comunidad, llamada: “Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz”, donde los jóvenes, ayudados por María, Reina de la Paz, y a través del poder de la oración, de los retiros espirituales, y de la vida comunitaria, pueden venir a sanar sus corazones de muchas de las heridas de la vida.

El proceso de sanación interior, es esencial para poder comenzar a recorrer, un camino de discernimiento personal o comunitario, elaborar un proyecto de vida y poder discernir  -con libertad y paz- la vocación a la que Dios les está llamando.

De esta manera, muchos jóvenes que en estos años han visitado nuestra comunidad, al crecer en el amor de Dios y de María, han podido discernir y descubrir serenamente, que eran llamados a la vocación matrimonial, otros a vivir como laicos consagrados, algunos discernieron que estaban siendo llamados a ser sacerdotes diocesanos, y otros se han unido a nuestra comunidad, para vivir la espiritualidad de María Reina de la Paz, con un espíritu renovado.

En efecto, la experiencia pastoral me ha enseñado, que muchas crisis que explotan en la edad adulta -en el contexto del matrimonio o del sacerdocio-  son a causa de las heridas que no fueron diagnosticadas a tiempo, o no entregadas y sanadas por Dios en el momento oportuno.

Nuestra pequeña comunidad, es apenas una humilde gota de agua en el océano de la marea humana, pero que quiere ayudar a esos jóvenes que necesitan hacer un proceso de sanación y de discernimiento.

Al igual que hace más de dos mil años, ante la confirmación del amor de Pedro que se reencontró con el amor de Jesús (Juan 21, 15-17), el apóstol volvió a recuperar el gozo y las fuerzas de seguir y servir al Maestro, también en la actualidad hay sacerdotes que vuelven a recuperar el fervor y la motivación del llamado de Dios.  Y este regresar suele darse con mayor madurez, unción, gozo y entrega.

Algunas de las mayores alegrías en mi vida sacerdotal, han sido cuando, en consonancia con el carisma del Venerable padre Bruno Lanteri, fundador de mi Congregación, Oblatos de la Virgen María, he podido colaborar de diversas maneras, en que algunos sacerdotes del Señor recuperaran la alegría que surge de la fuerza motivadora de haber puesto la propia vida en las manos del Señor.

Yo creo, sinceramente, que ya está pasando para la gran mayoría de los sacerdotes la crisis llamada “postconciliar”, y otras crisis que han sido catalogadas con diferentes nombres, muchas de ellas producidas por la inmadurez afectiva.  Y pienso que todo lo sufrido en los últimos decenios puede aportarnos una nueva luz, madurez y fervor.

Así como quienes “huelen” la lluvia que se aproxima, yo “huelo” que está llegando a nuestra amada Iglesia una renovación sacerdotal y una nueva primavera de vocaciones, más conscientes que en el pasado, de lo que significa entregar la vida a Cristo.

Esta conciencia surge de la comprensión de que entregar en la vida religiosa o en el sacerdocio la vida a Cristo, no es un viaje de primavera por florecidas campiñas, sino parte de un combate espiritual que exige el seguir  muriendo cada día a nosotros mismos y abrazar con alegría la cruz del Señor, en el servicio a nuestros hermanos.

 

Oración Intercesora

“Dime cuanto oras por tu sacerdote y te diré que clase de sacerdote tienes”

Ten presente la promesa que Jesús nos ha hecho, cuando dijo: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.” (Mateo 7, 7-8).

Confía en el poder que Dios ha querido darle a tu oración.  Con ella permites que sucedan cosas positivas por la intervención directa de Dios.

Si hay algo que no te gusta de tu párroco, de los religiosos o laicos conocidos, no lo solucionarás con la crítica, el chisme, la queja, o alejándote de la Iglesia.  Así solo le estarás dando gusto a Satanás.  Comienza a orar con la confianza puesta en Dios y en María; pide para ti el don de la misericordia y el verdadero amor meditando 1º Corintios 13; si Dios muestra una ocasión favorable dialoga con esa persona; ten gestos efectivos de amor concreto; y recuerda que todos nosotros necesitamos que el Señor nos quite la viga del propio ojo, antes de censurar la paja del ojo ajeno (cf. Mateo 7, 3).

Yo creo que el Señor sabe recompensar a quienes dan de beber por medio de la intercesión a sus hijos dilectos, ya que el mismo Jesús lo prometió cuando dijo: “Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso con agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo” (Marcos 9, 41).

Y también, según la versión de san Mateo: “Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa” (Mateo 10, 42).

Por ello, la Reina de la Paz nos dice: “Queridos hijos… ¡oren por los sacerdotes! Oren para que la unión entre Mi Hijo y ellos sea lo más fuerte posible, para que sean una sola cosa. ¡Les doy las gracias! ”  (2 de septiembre de 2012 – Aparición a Mirjana).

Esta insistencia de Nuestra Madre en sus Mensajes, de orar por los sacerdotes y religiosos, me llevó a componer hace algunos años “El Rosario de Intercesión por los Sacerdotes” (Florida Center for Peace y ed. San Pablo).

Recién en la eternidad, junto a Dios, sabrás cuántas veces diste de beber por medio de la oración de intercesión y de los gestos concretos de amor y de desinteresada colaboración hacia tus sacerdotes, consagrados y obispos. Entonces Jesús te mirará a los ojos y de sus labios seguramente escucharás decir: “’Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber” (Mateo 25, 34-35).

Entre los jóvenes que Dios llama, algunos han recibido de Dios el llamado para ser esposos y padres de familia, otros hermanos, otros sacerdotes y otros laicos consagrados. La verdadera paz y la felicidad se encuentran al conocer y caminar en la vocación para la que Dios nos ha creado a cada uno.

Si conoces algún joven que necesita sanar las heridas de su alma, discernir lo que Dios y María le están pidiendo, o ayuda para elaborar un proyecto de vida, puedes ponerlo en contacto con el Diacono Diego González, de la Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz:  diegoarmandopaz@hotmail.com

 

Te pido que reces por mí.  Un fuerte abrazo y Bendiciones.

Padre Gustavo E. Jamut, omv

 

“¡Queridos hijos!… Agradezco especialmente a Dios por todas las vocaciones de quienes han expresado un Sí pleno a Dios…”

Mensaje, 25 de diciembre de 2000

 

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