La Reina de la Paz te invita a la santidad

“¡Queridos hijos, si ustedes viven los mensajes, vivirán la semilla de la santidad. Como su Madre, Yo deseo llamarlos a todos a la santidad para que ustedes puedan comunicarla a otros. Ustedes son un espejo para los demás. Gracias por haber respondido a mi llamado!” (Mensaje del 10 de octubre de 1985)

Frecuentemente, la Reina de la Paz nos invita a través de sus mensajes y su oración intercesora a vivir la santidad construyéndola día a día desde lo cotidiano.

Ciertamente Ella no nos pediría algo que no pudiésemos hacer, plasmar o vivir, pues Nuestra Madre nos repite lo mismo que nos pide Dios a través de las Sagradas Escrituras cuando dice:“Ustedes serán santos, porque yo soy santo.” (Levítico 11:45); o también: “A cada uno de nosotros el Señor nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor” (Efesios 1:4).

Asimismo el Papa Francisco nos anima a pensar en la santidad desde una esfera más amplia que las personas solamente identificadas o canonizadas por la Iglesia: “No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios”. («Gaudete et Exsultate» número 6).

“Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales.” («Gaudete et Exsultate» número 14).

Hay quienes en su pensamiento en relación con la vida espiritual, tienen la idea equivocada de que la santidad se reduce a la misa del domingo, a la participación de los actos religiosos, a leer y a dar a conocer el mensaje de la Reina de la Paz de cada día 2 o de cada 25. Nada más equivocado y alejado de lo que nos enseña Nuestro Señor Jesucristo y de lo que nos pide la Reina de la Paz: “Hijitos, decídanse también hoy por la santidad y tomen el ejemplo de los santos de estos tiempos y verán que la santidad es una realidad para todos ustedes.” (Mensaje, 25 de octubre de 2015). “Trabajen en sí mismos a fin de que la santidad de la vida pueda hacerse verdad para ustedes”. (Mensaje, 25 de julio de 2017).

 

Los santos de la puerta de al lado, tal como los llama el Papa Francisco en su exhortación apostólica “Gaudete et Exsultate”, son quienes luchan con constancia por seguir adelante día a día, a veces en medio de las situaciones más adversas. Son un ejemplo que con su vida y con sus palabras nos impulsan a vivir la santidad en la vida diaria: en las familias, en el trabajo, en nuestras parroquias, movimientos o grupos de oración, y en todos los ambientes.

Nuestra relación con Dios y la búsqueda de hacer en todo su voluntad, lo que más le agrada, no puede reducirse sólo a los momentos en los que participamos en las celebraciones litúrgicas, o en las tareas que realizamos en la parroquia o en el movimiento eclesial en el cual servimos, o en algún retiro o peregrinación, sino que debe extenderse a todas las áreas de nuestra vida.  Esta es la santidad que integra de manera sana y armoniosa la fe y la vida.

La santidad de la vida diaria, se desarrolla en los desafíos cotidianos, poniendo -con la ayuda de Dios- lo mejor de uno mismo, e impregnando de la misericordia de Dios, a las personas, las cosas, el trabajo y todos los ambientes.

Parafraseando las palabras de Santa Teresita del Niño Jesús, de lo que se trata, es de hacer las cosas ordinarias en forma extraordinaria, es decir, con el mayor amor posible.

“Deseo, hijitos, que cada una de sus familias sea santa, y que la alegría y la paz de Dios, que Dios hoy les envía de manera especial, reinen y moren en sus familias.” (Mensaje, 25 de diciembre de 2006 – Aparición Anual a Jakov Colo).

Hay cerca de nosotros -aún sin que lo sepamos-, personas santas que afrontan un gran dolor con fe, entereza y alegría. Ellas son como un faro que iluminan en medio de la oscuridad.

A lo largo de la vida he tenido el privilegio, de conocer algunas personas que cargaron con una pesada cruz: algunos de ellos que atravesaron una dura enfermedad, otros que sufrieron la traición de una persona en la que confiaban, o alguna forma de abandono, la muerte imprevista de un ser querido, o cualquier otra situación de profundo dolor, y que la afrontaron con una actitud que no podía venir solo de ellos, sino que era una gracia de Dios que los mantenía en pie.

Entonces, al pensar en su sereno y humilde heroísmo, no puedo más que sentir admiración por ellos; y el hacer memoria del ejemplo de su vida, me lleva a preguntarme: “¿cómo puedo yo quejarme en algunas ocasiones por tan poca cosa?”.

Jesús nos ha dado un nuevo mandamiento, cuando dijo: “sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo(Mt. 5:48).

La perfección, es sinónimo de santidad; pero esto es un camino a recorrer cada día. Como suelo repetir: “el camino ya es la meta… O al menos es parte de ella”.

Cuando se habla de “santo” o de “santidad”, se puede entender en tres sentidos:

  1. Son todos los cristianos que, peregrinando aún en esta tierra, están en gracia de Dios, y que participan de la santidad Divina. Es por este motivo que el apóstol San Pablo, para referirse a los fieles cristianos, utiliza la palabra “santos”. (Referencia: 2 Cor. 13,12; Ef. 1,1).
  2. Referido a todos aquellos que ya están en el Cielo, y que participan de la visión beatífica de Dios, aunque no hayan sido beatificados o canonizados por la Iglesia.
  3. Aquellos que son reconocidos por la Iglesia a través del proceso de beatificación o canonización, y que son presentados como modelos de conducta e intercesores ante Dios; aún cuando en esta vida no han estado exentos de cometer errores.

No somos perfectos, pero tendamos serenamente y con perseverancia a la búsqueda de la perfección. Pero no busquemos la perfección o la santidad para deleitarnos en la autocomplacencia de sentirnos buenos o mejor que los demás; hagámoslo para glorificar a Dios, y para poder ser instrumento de su gracia y de su misericordia. De este modo, seremos un puente entre las personas que encontramos cada día y el amor de Dios. Sin lugar a dudas la Reina de la Paz no dejará de interceder por nosotros para que nunca nos desanimemos, ni perdamos el deseo de ser auténticamente santos.

Termino esta reflexión regalándote un misterio del Rosario, en el que a cada “Dios te Salve” antepongo frases que pertenecen a la exhortación del Papa Francisco sobre la santidad, y que llevan al final de cada frase -entre paréntesis- el número de referencia.

 

Padre Nuestro…

 Antes de cada “Dios te salve”, quien guía el Rosario dice: “Que tu santidad, Señor …” 

Y Todos repiten: “Colme nuestras vidas”.

1. “El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados”. (1)

Guía: “Que tu santidad, Señor…”

Todos: “Colme nuestras vidas”.

“Dios te salve María…”

 2. “Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”. (1)

Guía: “Que tu santidad, Señor…”

Todos: “Colme nuestras vidas”.

“Dios te salve María…”

 3. “Se nos invita a reconocer que tenemos una nube enorme de testigos, que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta.” (3)

Guía: “Que tu santidad, Señor…”

Todos: “Colme nuestras vidas”.

“Dios te salve María…”

 4. “Y entre ellos (los que son ejemplo) puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas”. (3)

  • Guía: “Que tu santidad, Señor…”
  • Todos: “Colme nuestras vidas”.
  • “Dios te salve María…”

 5. “Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor.” (3)

  • Guía: “Que tu santidad, Señor…”
  • Todos: “Colme nuestras vidas”.
  • “Dios te salve María…”

 6. “Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión”. (4)

  • Guía: “Que tu santidad, Señor…”
  • Todos: “Colme nuestras vidas”.
  • “Dios te salve María…”

 7. “Podemos decir que estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios. No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo”. (4)

  • Guía: “Que tu santidad, Señor…”
  • Todos: “Colme nuestras vidas”.
  • “Dios te salve María…”

 8. “La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce.” (4)

  • Guía: “Que tu santidad, Señor…”
  • Todos: “Colme nuestras vidas”.
  • “Dios te salve María…”

 9. “No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios. Estos son los santos de la puerta de al lado”. (6)

  • Guía: “Que tu santidad, Señor…”
  • Todos: “Colme nuestras vidas”.
  • “Dios te salve María…”

 10. “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo”. (7)

  • Guía: “Que tu santidad, Señor…”
  • Todos: “Colme nuestras vidas”.
  • “Dios te salve María…”

 “Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad.”  (7)

  • Guía: “Que tu santidad, Señor…”
  • Todos: “Colme nuestras vidas”. 
  • “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…” 

– Virgen María, Reina de los Santos,

– Ruega por nosotros y por el mundo entero.

 

Oración

Padre amado, a través del Corazón de tu Hijo Jesucristo, queremos contemplar tu rostro y recibir todo el caudal de amor que tú tienes para nuestra vida.

Que la confirmación de tu amor nos sostenga, y nos dé la fuerza para no caer en las tentaciones de la vida, sino para caminar tras los pasos de tu Hijo Jesucristo, viviendo la misión que nos has confiado del mejor modo posible, con la conciencia de que todo lo bueno que hagamos surge de ti como de su fuente y tiende hacia ti como su único fin. 

Espíritu Santo, te pido que en las situaciones dolorosas de la vida, nunca olvide que yo no estoy solo, sino que tú estás conmigo y que vives en mí.

Señor, ven a fortalecerme, renovarme y ayudarme a cargar con fe, esperanza y alegría, la cruz de cada día.

Señor, que nada, ni nadie me robe tu paz, sino que pueda conservarla -e incluso acrecentarla-, en medio de las tormentas de la vida.

Ayúdame a ser con mis hermanos que sufren, como Simón de Cirene, que te ayudó a cargar la cruz camino al Monte Calvario; que también yo pueda ayudarlos a cargar con su cruz, y que así podamos crecer juntos en el camino de la santidad. 

Virgen María, Reina de la Paz, te pedimos que cada día podamos ser portadores de gozo y alegría.

Que sepamos entregarnos a ti, sirviendo a los miembros de nuestras familias, amigos, compañeros de trabajo, de comunidad, y a toda persona, como tú mismo lo haces, a través de todos los detalles de amor que diariamente tienes con cada uno de nosotros.

Que transmitamos tu luz, donde haya oscuridad; tu alegría donde haya tristeza; y la fe donde haya incredulidad.

Haznos en todo lugar y con todas las personas, mensajeros de la paz.  Amén.

 

“En lugar de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad”.

Santa Teresita de Lisieux

 

Padre Gustavo E. Jamut

Oblato de la Virgen María

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