Se ha convertido en uno de los autores revelación de la literatura espiritual en España a principios del siglo XXI. Sus dos primeras obras, Medjugorje y ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?, han alcanzado la etiqueta de Best Seller en muy poco tiempo, y el beneplácito tanto de crítica como de lectores.

Responde al nombre de Jesús García, y no es teólogo ni religioso, y sin embargo, parece haber dado con las claves del éxito en literatura religiosa en su última obra, ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?, que ha superado las cuatro ediciones en apenas cuatro meses. Su título anterior, Medjugorje, alcanzó seis en dos años.

De esto y mucho más hablamos con él en esta entrevista muy personal…

-¿Se esperaba que esta obra, un libro de monjas, funcionase tan bien?

-Pues en cierta manera sí, porque así funcionan las cosas de Dios. Este libro está lleno de Dios por todas partes, y eso se va viendo a medida que va tomando forma. Yo se lo comentaba a mis amigos, que iba a ser un bombazo, y así está siendo. De todos modos, creo que esa pregunta está hecha en clave empresarial, y para mí el éxito de ventas es un éxito efímero, importante para según qué cosas, entre otras para que te sigan editando y seguir pudiendo anunciar a Dios, pero en ningún caso trascedente ni definitivo. Es cierto que es una alegría saber que diez mil personas han pagado veinte euros por uno de tus libros, pero me siento como un actor de reparto en este trabajo, como un extra que pasaba por allí y le dan un bote y un bocadillo.

-Si usted es un extra, ¿quién es el actor principal, o el director y el productor?

-Bueno, la productora debe de ser la editorial, que ha confiado en este trabajo. Pero el Director le aseguro que es Dios, no tiene otra explicación. Estas cosas pasan cuando decides dejar tu vida en manos de Dios. él es así, que te sorprende con cosas como esta. Resulta que escribes un libro sobre monjas, que es el asunto menos mediático del mundo, y se vende como churros. Además lo haces sin ser teólogo, ni religioso, ni cura, siendo una persona muy normal, que estudió en un colegio de Vallecas y que nunca fue a la Universidad. Me encanta la pedagogía de Dios, de verdad.

Luego, después del Director, que es Dios Padre, este libro tiene un actor principalísimo, que es Cristo. Este es un libro cristocéntrico, pues la diez monjas que participan en él, no paran de hablar de Cristo. Sin Cristo no se entendería la vida de ninguna de ellas. Cristo las ha arrebatado el corazón para darles una vida plena, alegre, para darles un amor arrollador. Cristo es una persona que, misteriosamente, sigue viva. Yo entiendo que para el que no tenga fe, esto es una locura, pero ellas, las monjas, son testimonio vivo de que esto es así, y lo explican muy bien en el libro.

Después de Cristo, habría otras diez actrices que son las diez monjas. Así que figúrese. No soy más que un extra. Eso sí, el que sale en el mejor plano de la peli. Eso que me llevo.

-Al hilo de la pregunta anterior, ¿cual es para usted el auténtico éxito de este libro?

-En el plano personal, sencillamente el haber respondido, con mi desorden y pereza, a una inquietud sembrada por Dios. Nadie se levanta una mañana de martes y dice: “Hombre, voy a escribir un libro de monjas”, y lo hace. No, es una inquietud que va cogiendo forma en la oración y en los aconteceres que te presenta Dios.

Y luego, el ver que es un libro que, según dicen quienes lo leen, abre una puerta entre el lector y Dios. Da a conocer una realidad de Dios a gente que no la conocía, y eso es una pasada, se lo aseguro. Porque veo que Dios actúa en mí tanto como en los lectores y en las monjas. Que yo soy su actor principal para su película sobre mi vida, y es capaz de hacer cosas como esta para que yo me sepa protagonista de su historia de salvación por mí. Eso te lleva a él, le conoces más y cuando le conoces, te enamoras de él. Todo el tema de la encarnación de Dios, su asesinato en la cruz y todo lo que pasó con él, cobra un sentido absoluto para ti, y te cambia la vida.

Para terminar, también está siendo muy satisfactorio ver que este libro está ayudando mucho a los familiares de un montón de monjas, a acoger con paz y confianza lo que les ha pasado a sus hijas, sus amigas, a sus hermanas… Eso es una alegría que te pone los pelos de punta, de verdad.

-¿Se han leído el libro las protagonistas?

-Pues no todas, la verdad, y no me extraña, porque ellas ya saben de qué va.

-Cuéntenos algo de ellas, alguna anécdota que no sale en el libro

-No, por ahí no paso. Hay muchas anécdotas, pero lo que se tiene que saber de ellas, ya está escrito y es público. Son anécdotas personales que tienen mucho que ver con el afecto personal que nos hemos cogido. Yo ahora las quiero como a mis hermanas, y ellas a mí como a un hermano que necesita de ellas, de su vida, de sus oraciones y de sus sacrificios, pero es verdad que nos hemos reído mucho, y sobre todo, que hemos crecido hacia Cristo. Las monjas, ahí donde las ves, pueden ser muy atrevidas a la hora de explicarte a Cristo, y muy divertidas también.

-¿Qué es una monja?

-Para empezar, una mujer. Una mujer con todo lo que conlleva: su afectividad, su sensibilidad, su instinto maternal, su atención extrema para algunas cosas y sus despistes para otras. No saben leer los mapas, como todas, pero saben leer los corazones y las miradas mucho mejor que nosotros.

Luego, son mujeres enamoradas, con todo lo que ello conlleva. Se han enamorado de Cristo, y se desvelan por él cuando nace el enamoramiento, ansían estar delante de él, compartir con él. La diferencia está en que no tienen una experiencia tangible de Cristo como lo tendrían de su novio o marido. Pero por eso creo que todo esto es auténtico, porque si no, no sería posible. Ellas nos son unas locas o unas chicas que no tenían nada que hacer. Ni mucho menos. ¿Era Teresa de Calcuta una pobrecilla desgraciada? ¿Era Teresa de Jesús una tonta que no sabía lo que hacer con su vida? Me parto de risa con quienes sostienen cosas como estas. Hace falta ser muy corto de miras para decirlo.

Luego, son unas mujeres que, como todas, tiene sus épocas mejores y peores, pero al menos las que yo he conocido para este libro, son sencillamente mujeres enamoradas que han dado su vida a un hombre vivo, que es Dios en la persona de Cristo. No a un muerto, sino a un vivo.

-¿Pero no negará que no todas las vocaciones son auténticas?

-Ni todas falsas. Y si no son todas falsas, con que solo una sea auténtica, es que Dios existe. Además, en otros tiempos, no lo sé, porque no los he vivido, pero hoy en día las vocaciones son muy auténticas, porque nadie te da nada por ser monja en este mundo de hoy. Dicen que hay crisis de vocaciones porque hay menos que en otros tiempos. Pues yo creo que la crisis es que no sean vocaciones auténticas, como dice usted. Lo bueno es ver que las que hay, sean muchas, pocas o poquísimas, son auténticas, y ahora hay mucha monja muy auténtica, convencida de Cristo, de su vocación y de su vida, cuya vocación ha sido probada y discernida con experiencias de vida como el noviazgo, el éxito profesional, el mundo y todo lo que les rodea. ¿Crisis de vocaciones? Y una leche, con perdón. En España hoy hay unas setecientas mujeres de entre 17 y 35 años, felices a rabiar siendo monjas de clausura o de realidades muy entregadas. ¡Pero son mujeres felices, plenas! No me mire así, que tengo datos.

-¿Nos puede dar una pista?

-En el noviciado de las Hermanas de la Cruz, en Sevilla, hay setenta chicas. ¡Setenta novicias en una de las órdenes más estrictas de la Iglesia! Y en Sevilla, con el calor que hace… En Iesu Communio, las menores de treinta y cinco años son cerca de 180. En las Reparadoras de El Escorial, ya son unas setenta las jóvenes, cien con las menos jóvenes. Las Clarisas de Soria son cien, en cuatro conventos diferentes, y las Hermanas de Belén, son unas cincuenta las jóvenes. Si quieres te hablo de la Hermanitas del Cordero, de las Servidoras del Señor y la Virgen de Matará, o de las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús, las café con leche de Galapagar. O las Reparadoras del Corazón de Cristo Sacerdote, un montón de chicas jóvenes que rezan que te caes, que adoran de rodillas todo el día y la noche también, y que por cierto, visten con hábito vaquero desde treinta años antes que las Iesu Communio.

-¿Qué vistan de vaquero responde a un intento de acercarse a gente joven?

-Eso es una estupidez. Visten de vaquero porque es lo más barato y lo más fácil de hacer. ¡Y porque les da la gana y punto! Pero entiendo su pregunta. ¡Es importante! La gente que está fuera de la Iglesia necesita que detalles como éste se los expliquemos, porque choca ver a una monja vestida con hábito vaquero. Simplemente porque no saben. Lo malo, lo sangrante, es que comentarios como ese vengan de los nuestros, y han venido muchos a colación de esto. Qué razón ha tenido el Papa al decir en Alemania que un agnóstico puede estar más cerca de Dios que el creyente rutinario.

-Hablando del Papa, él tiene uno de sus libros

-Sí.

-¿Cómo consiguieron hacérselo llegar?

-Yo no conseguí nada, no me lo propuse yo, ni se lo propuso nadie. De hecho, comenté hace poco con Alex Rosal, el editor, que si nos hubiésemos propuesto hacerle llegar un libro al Papa, habríamos celebrado tres o cuatro reuniones con todo tipo de contactos y de “expertos”, y no lo hubiésemos logrado. Sin embargo, tú no haces nada y se desencadenan un montón de circunstancias que tú no controlas, y cuando te das cuenta, sale el Papa en la tele con uno de tus libros.

-¿Qué sintió?

-Una alegría enorme. Sobre todo por lo inesperado, ya le digo que ni se me pasó por la cabeza algo así. Al editor le he dicho que ya no puedo escribir más, porque no sé a quién vamos a llegar ya después del Papa.

-¿Cómo fue que le llegó el libro a Su Santidad?

-Eso se lo debo a sor Teresita, un amor de mujer a la que le debemos mucho todos, también los que no la conocen. Es la última protagonista del libro, la monja de 104 años que ingresó en su monasterio el 16 de abril de 1927, el mismo día que nació Joseph Ratzinger. Fue invitada por la nunciatura a saludar al Papa y ella le llevó uno de mis libros firmado por ella.

-Ninguno de sus dos libros tiene el Imprimatur ni el Nihil Obtat, los permisos que certifican que la obra no contiene nada contrario a la doctrina ¿Por qué?

-Muy sencillo: porque no lo he pedido. No es necesario pedirlo. Si lo fuese, lo haría, pero no es necesario.

-¿Pero siempre es una garantía y abre más puertas?

-Una garantía para usted, que está en la Iglesia, pero para quienes no lo están, les importa un bledo, y yo escribo más para los que nos miran con asombro desde fuera, que para los que ya estamos dentro. No hace falta y es dedicar más tiempo. Si fuese necesario, lo haría, pero si no lo es, no seré yo más papista que el Papa.

-¿Puede explicar un poco mejor esto de escribir para los de fuera?

-Claro que sí, verá. En la Iglesia, muchas veces damos demasiadas cosas por supuestas, y en muchísimas ocasiones hablamos un lenguaje que no entiende ni el tato. Esto es paradójico, porque el Evangelio es universal, es una llamada a la conversión del corazón, hacia Dios, para todos los hombres, y a veces hablamos un lenguaje que no entiende ni nuestro vecino, ni nuestra cuñada. A veces tengo la sensación de que pescamos en una pecera. Y mire, es cierto que es necesario alimentar a los peces de la pecera, pero para mí es aburrido. El reto es echar las redes en mar abierto, ir a programas de televisiones ajenas a nuestra doctrina y forma de vida, escribir en periódicos de línea editorial opuesta, publicar libros en editoriales generalistas, que se distribuyen en librerías no espirituales, y así dar testimonio alegre y convencido de que lo nuestro no es solo para nosotros, sino para todos. Hablando en plata, es muy fácil hablar en Radio María o en COPE, y siendo muy necesario cuidar de las 99 ovejas del redil, lo que a mí me entusiasma a rabiar es salir a por la oveja que se ha perdido. ¿Sabe por qué?

-Dígamelo usted.

-Porque yo fui la oveja perdida y hubo quien vino a por mí. Una cosa es mirar desde lo alto del pozo a quien esté en el fondo, y otra meterse y sacarle.

-¿Tal vez sea esta la clave oculta de su éxito?

-Mi éxito es Dios, ya se lo he dicho. No es oculto. Tengo facilidad, por obra de Dios, para hablar de Dios a gente de fuera, con un lenguaje cercano, coloquial, sin perder ni un ápice del contenido evangélico, pero hablando un idioma que la gente entienda. Tal vez ese don de Dios se desarrolló porque fui a Tajamar, un colegio del Opus, donde la formación es a fuego, pero en Vallecas, donde lo que es a fuego es la vida misma, pura y dura. Es una realidad apasionante, se lo aseguro.

-¿Pertenece Jesús García a algún movimiento de la Iglesia?

-No. La Iglesia es mi movimiento. Mi sitio en la Iglesia es la Iglesia. Vivo de la oración y de la Eucaristía. Mi fundador es Cristo y su doctrina es el amor. él fue ejemplo de ello. Si esto te parece poco movimiento, tienes un problema…

-¿Reconocerá de todos modos que el ambiente no está para ir mucho a ciertos medios de comunicación?

-Está claro que si te faltan al respeto, te vas. Punto. Eso también es hacerse respetar. Es curioso como la sociedad española no ha madurado en este sentido, y en otros parecidos sí que lo haya hecho. Verá: Cuando yo era pequeño, había un humorista llamado Arévalo, y este tío se hizo famoso contando chistes de mariquitas y de gangosos. Eso es así, y nadie se escandalizaba. Seguro que él lo hacía con la mejor de las intenciones, pero no procede. Eso es reflejo de una sociedad inmadura, y por supuesto, hoy en día no se comería un colín, y se querellarían contra él todas las asociaciones de gays del mundo y todas las de disminuidos físicos o psíquicos, porque no se debe hacer mofa de una condición, por muy alejada que te sientas de ella, ya sea la opción sexual o una incapacidad. Otro ejemplo son los Martes y Trece, que tenían un esquetch de una señora a la que su marido la zurraba. Yo lo he visto, está grabado, y sin embargo, la sociedad española ha madurado y a ha aprendido que eso no tiene gracia. Sin embargo, aún no se ha madurado en el respeto hacia las creencias religiosas de la gente. A España le falta un puntito de madurez en este sentido, para que todos, cada uno con su película, seamos capaces de respetar al otro.

El espectáculo que vimos en Sol con los peregrinos de la JMJ siendo violentados y agredidos por los manifestantes antipapa, es la radiografía de una sociedad inmadura, que no ha sido capaz de crece en el respeto a las personas creyentes como sí lo ha hecho en el respeto las personas homosexuales, a las personas enfermas o a las personas mujeres maltratadas. Pero ya queda menos, poco a poco.

-¿No es cierto que no va a volver a escribir, no?

-No lo sé. Eso depende de Dios. Si él quiere aquí me tiene. Yo trabajo así, y si veo que es de Dios hacer otra cosa, pues la haré. De todos modos, en otoño sale otro libro. Es una novela que escribí hace un tiempo, y que ahora sale a la luz. Se titula Tíos con suerte, y la publica Ediciones Cobel.

-No se ha planteado hacer una segunda parte de ¿Qué hace una chica…. en versión chicos?

-La gente me lo pide, pero yo no lo veo, por ahora. El libro de las monjas ha sido algo nuevo, algo que no existía. La gente ya tiene mucho acceso a la vida de los hombres consagrados, tienen una faceta mucho más visible en el seno de la Iglesia. Sin embargo, las monjas son un misterio, una presencia que sabemos que está ahí, pero que ignoramos con mucha frecuencia, que denostamos. Yo creo que Dios quería que se las diese un poco de luz, un poco de aire. Eso aparte de que yo no vivo de mis libros, yo tengo mi trabajo y esto lo hago sacando tiempo de donde me sobra un poco, y no me sobra mucho. De todos modos, ya le digo que es cosa de Dios, y como se empeñe en que haga una versión de chicos, solo tiene que decírmelo. Yo estoy abierto a lo que sea.

-¿Cómo es posible que un autor de Best Sellers no se plantee dedicarse en exclusiva a escribir sus obras?

-Tal vez sea porque posiblemente, si me dedicase en exclusiva a mis obras, no serían Best Sellers. Ya le he dicho que todo es de Dios. Mi éxito es una bendición suya, mi obra también. No quiero ser protagonista de algo que no me pertenece. Todo es gracia, y esto sí que me interesa que lo lea la gente, más que mis libros. Si entregas tu vida con confianza en manos de Dios, él hace tu vida. Por supuesto que estoy abierto a dedicarme en exclusiva a escribir mis obras, pero solo si es Dios el que así lo dispone, y hoy, no lo quiere. Mañana no lo sé. Yo no dependo de mí, sino de Dios. ¿Ha quedado esto claro?

-Como el agua.

-Es que esto es lo más importante. Mi testimonio, mucho más que mis libros. Yo no vivo de mis libros. Yo tengo mi trabajo en Ayuda a la Iglesia Necesitada, que es donde me desarrollo como profesional y como cristiano. A partir de ahí, lo que Dios quiera. Escribiendo o haciendo otra cosa, dentro o fuera, sea donde sea, que sea con él. Bendito sea Dios.

Fuente: religionenlibertad.com
 

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