España ha sido desde el primer siglo de nuestra era la “tierra de María Santísima” y no hay un lugar de su geografía sin una ermita, capilla, santuario, iglesia o basílica consagrada a Ella. Pero entre tantas advocaciones, acaso no haya otra tan entrañable ni tan enraizada como la de la Virgen del Pilar, venerada y celebrada en Zaragoza, en el resto de España y en todas las naciones de Hispanoamérica.

La entrañable y antiquísima devoción a Nuestra Señora del Pilar (la secular tradición pilarista) se inicia en la “venida extraordinaria” de la Santísima Virgen María a España (concretamente a Zaragoza) cuando aún vivía (en carne mortal) en Palestina: acontecimiento asombroso que constituye el origen principal de la devoción mariana en la península ibérica y posteriormente (tras el descubrimiento de América) en el continente americano.

Aunque considerada por muchos la primera aparición mariana de la historia, en realidad no se trata de una “aparición” como las de Fátima o Medjugorje (o como las que realizó en el siglo pasado a Pontevedra, Tuy, Umbe o Garabandal), pues cuando “viene” a Zaragoza todavía no ha sido glorificada. Todo acontece antes de su Asunción al cielo: cuando “vino” a Zaragoza, vivía aún en Tierra Santa.  De ahí que el pueblo fiel cante con encendida pasión: “Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza”.

De esta suerte, podemos asegurar que se trata de una “visitación”: una visita “extraordinaria” que María de Nazaret hizo a su hijo Santiago como cuando (años antes) visitó a su pariente Isabel.  Fenómenos de bilocación sobrenatural están históricamente atestiguados. La bilocación es la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares diferentes. Si este fenómeno místico se da en la vida de numerosos santos (Martín de Porres, José de Cupertino, Padre Pío de Pietrelcina, Madre Esperanza, …), ¡cuánto más pudo, la Bienaventurada Virgen María, estar (ubicarse) en Cesar Augusta, para alentar a su hijo Santiago! Pudo, convenía, luego estuvo.

Así pues, a diferencia de otras mariofanías, la Virgen viene a Zaragoza cuando todavía vive en Tierra Santa: “Con ninguna nación hizo cosa semejante”, cantará con razón la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.

Esta tradición pilarista está íntimamente vinculada con la tradición jacobea (del Santuario de Santiago de Compostela). Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y la tumba del apóstol Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española.

Medjugorje junto con los pueblos de Bijakovići, Vionica, Miletina y Šurmanci, forma una parroquia católica romana. Atienden la Parroquia de Medjugorje sacerdotes de la Provincia franciscana de Herzegovina de la Asunción de María. La región está habitada por croatas evangelizados hace 13 siglos. La Parroquia actual fue fundada en 1892 y está dedicada providencialmente al Apóstol Santiago (algo totalmente inusual por estas tierras), santo patrono de los peregrinos y protagonista principal (junto a Nuestra Bendita Madre y Su Pilar) de ambas tradiciones españolas. ¿Simple casualidad? La fe nos asegura que nada es casual, que nada ocurre por azar.  He aquí, pues, un punto de conexión (una primera relación) entre lo que aconteció en Zaragoza (en el año 40) y lo que está sucediendo (hace casi de 40 años) en Medjugorje.

En la catedral de Zaragoza se conserva un Código (unos documentos) del siglo XIII que narra lo que aconteció a la ribera del río Ebro en la ciudad romana de Caesar Augusta (la actual Zaragoza): el testimonio más sólido y fidedigno de esta piadosa tradición pilarica.

Aún no se habían cumplido diez años de la Resurrección del Señor, cuando el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, uno de los discípulos predilectos de Cristo, cruzando el Mar Mediterráneo desembarca en Hispania (actuales España y Portugal) para predicar el Evangelio: “Pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro”.

Pero su predicación apenas lograba frutos de conversión. Y, desalentado por la dureza de aquellos rudos corazones, estaba pensando regresar de nuevo a Jerusalén.

Entonces, en la noche del 2 de enero del año 40, encontrándose Santiago con siete discípulos (los primeros conversos) orando a orillas del Ebro, en Cesaraugusta (la actual Zaragoza), “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”.

La Virgen María, que aún vivía en carne mortal (en Éfeso o en Jerusalén), venía a animar a su hijo Santiago y decirle, que siguiera predicando, a pesar de la resistencia y oposición que encontraba:

“He aquí, Santiago, el lugar donde edificarás un templo en mi memoria. Mira bien este pilar en que estoy, al que mi Hijo y Maestro tuyo trajo de lo alto por mano de los ángeles. Alrededor de él harás el altar de la capilla, en este lugar obrará la virtud del altísimo portentos y maravillas por mi intersección con aquellos que, en sus necesidades imploren mi patrocinio. Este pilar permanecerá en este sitio hasta el fin del mundo y nunca faltarán en esta ciudad verdaderos cristianos”.

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago confortado por esta presencia de María, comenzó inmediatamente a edificar con la ayuda de los siete testigos del prodigio, una capilla en aquel sitio. Es la primera iglesia del mundo, pues hasta entonces, los cristianos se reunían en las llamadas “domus ecclesiae” (en esta época parten el pan, es decir, celebran la eucaristía, en casas privadas). ¡La primera Iglesia dedicada a la Madre de Dios! Iglesia que, a través de la historia, ha llegado a convertirse en la monumental Basílica de Nuestra Señora del Pilar donde se custodia su imagen, en madera de 39 cm. de altura, descansando sobre el pilar o columna de jaspe, sobre la que se apareció la Virgen. El pilar está resguardado por una funda de plomo que a su vez se reviste ricamente con planchas de plata repujada y cubierto por un manto que alcanza hasta los pies de la imagen. Basílica que cada año registra la visita de más de cinco millones de peregrinos.

Desde el momento en que la Madre de Dios bendijo las tierras españolas con su presencia personal intercediendo con amorosa solicitud materna por la conversión de sus moradores y sosteniendo el testimonio y la predicación apostólica de Santiago, la fe en Su Hijo Jesucristo y la propagación del Evangelio comenzó a producir sus frutos.

El Santo Pilar (una columna pétrea de jaspe rosado de 170 cm. de altura y 24 cm. de diámetro) que dejó como testimonio de su visita, está cargado de significado: evoca la columna de fuego que de noche guiaba a los israelitas por el desierto (cf. Ex 13, 21-22), siendo como un “faro esplendente” que mantiene viva la luz de la fe; simboliza el conducto que une el cielo y la tierra y la solidez de la Iglesia (como si se tratara de un edificio, siempre perseguida, pero siempre en pie), manteniendo la esperanza del que (como canta el himno) “se abraza a su Pilar”.

Contra esa columna o pilar, al paso de los siglos, se rompieron las oleadas de las herejías, la amenaza de la dominación musulmana, la persecución religiosa del S. XX y la impiedad y apostasía del fin de los tiempos.

Construida la pequeña capilla, el apóstol Santiago regresó a Jerusalén, donde Herodes Agripas lo mandó ejecutar alrededor del año 44, siendo así el primer apóstol mártir. Sus discípulos, tomaron su cuerpo y lo llevaron a España enterrándolo en el lugar sobre el que se levanta la gloriosa Basílica Compostelana, tercer foco de peregrinación mundial, tras el sepulcro vacío de Jesús en Jerusalén y la tumba de San Pedro en Roma. Así, a lo largo de la Edad Media, peregrinando la cristiandad al sepulcro de Santiago, en Compostela, siguiendo la Vía Láctea, se fue forjando Europa.

Y precisamente, el día de la fiesta de la Virgen del Pilar, el 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón descubrió América. España llevaba la evangelización, la fe apóstolica, la fe mariana, a tierras americanas.

Cada año, el día 2 de enero, se celebra el Aniversario de la venida de la Santísima Virgen María en carne mortal a Zaragoza. Una fecha que, sin duda, no es casual. Porque la Virgen pudo visitar a Santiago cualquier día del año. Pero, eligió el día dos. El mismo día que eligió para aparecerse, cada mes, de forma extraordinaria, a la vidente Mirjana de Medjugorje: en la actualidad, se trata de apariciones públicas (abiertas a la participación de todos los peregrinos) con un fin muy concreto y un mensaje para el mundo.

Mirjana Dragicevic-Soldo tuvo apariciones diarias desde el 24 de junio de 1981 hasta el 25 de diciembre de 1982. Durante la última aparición diaria, Nuestra Señora le confió el décimo secreto, y le dijo que se le aparecería una vez al año, el 18 de marzo. Pero, cinco años después, el 2 de agosto de 1987, la Virgen se le manifiesta nuevamente: las primeras veces mediante locuciones interiores, visiblemente después (como en las apariciones diarias y la anual). El motivo de estas apariciones mensuales extraordinarias es rezar por los que no creen. Aunque la Gospa no se refiere a ellos como “no creyentes”, sino aquellos que “no conocen a mi Hijo, no han conocido el amor de Dios”.

El 3 de agosto de 1997 durante el Festival de la Juventud, en su testimonio a los jóvenes, Mirjana dijo: “Mi día preferido es el 2 del mes, desde 1987. El 2 de cada mes rezo con la Virgen por los no creyentes, pero Ella no dice nunca los «no creyentes»; dice siempre «aquellos que no conocen el amor de Dios». Y Ella pide nuestra ayuda, y esto no lo dice sólo a nosotros los seis videntes, sino a todos aquellos que sienten a la Virgen como a su madre. La Virgen dice que nosotros no podemos salvar a los no creyentes sino con nuestra oración y nuestro ejemplo.

Y Ella nos pide de poner la oración por ellos en primer lugar, porque Ella dice que las cosas más malas, las guerras, los divorcios, los abortos, llegan de las personas que no creen: «Cuando ustedes recen por ellos, rezan por ustedes mismos, por sus familias y por el bien del mundo entero»”.

Mirjana ha afirmado también que no es casualidad que las apariciones las tenga cada segundo día de mes y que el motivo se comprenderá cuando acontezcan los 10 secretos proféticos.

Cuando la Santísima Virgen María vino a Zaragoza el 2 de enero del año 40 no sólo fue por Santiago (para reconfortarle y reavivar su esperanza), también fue por los que todavía no conocían a Su Hijo Jesús, los que aún no tenían el amor de Dios en sus corazones. Para interceder por ellos e impetrar el don de su conversión.

De esta suerte, podemos intuir una conexión particular entre aquella primera mariofanía de la historia en Zaragoza (del 2 de enero del 40) y las de Medjugorje, de las que la misma Virgen dijo: “estas apariciones son las últimas en el mundo” (23.06.1982). Sobre todo, las apariciones extraordinarias mensuales a Mirjana en la Cruz Azul (cada segundo día de mes) cuando Nuestra Madre del cielo viene a rezar con nosotros por la conversión de todos los que aún no conocen el amor de Dios.

Un día, no muy lejano, cuando comiencen a desvelarse los Secretos que darán paso al triunfo del Corazón Inmaculado de María, comprenderemos el profundo significado del día dos y la íntima relación entre la primera y la última mariofanía de la historia: Zaragoza y Medjugorje.

Francisco José Cortes Blasco

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