El Santo Rosario es, por excelencia, la oración más completa que tenemos en la tradición de la Iglesia. El ejercicio de contemplar los principales misterios y acontecimientos de la vida de Jesús y María a través de la devota recitación del Ave María constituye un tesoro eterno e inagotable para el crecimiento espiritual, así como una fuente de gracias para los que abrazan esta hermosa práctica con el corazón.

Muchas han sido las vidas que se han visto profundamente transformadas por el rezo del Santo Rosario, incluyendo las de célebres santos y figuras espirituales. Sin embargo, cabe señalar que el poder del Santo Rosario no radica en sentarse a repetir mecánicamente las Aves Marías una y otra vez. Afirmar esto sería un gran error. El corazón que ha sido transformado por el poder del Santo Rosario es aquel que ha comprendido su verdadera esencia y la ha asumido plenamente. La esencia del Santo Rosario, donde radica todo su poder, consiste en entrar en el Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María, en lo más profundo de su ser, donde ella “atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas” (Lucas 2, 19). Rezar el Santo Rosario con el corazón es acceder a tomar con la Virgen María el viaje hacia su interior, donde nos invita a contemplar con ella los misterios y acontecimientos principales de su propia vida y la de su Hijo, los cuales llevaron al cumplimiento las promesas del Señor y nos dieron la salvación y la vida eterna. “Recorrer con María las escenas del Rosario,” dice San Juan Pablo II en su carta Rosarium Virginis Mariae, “es como ir a la ‘escuela’ de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje… [Pues] nadie mejor que Ella conoce a Cristo, nadie como su Madre puede introducirnos en un conocimiento profundo de su misterio.”

En Medjugorje, Bosnia-Herzegovina, la Santísima Virgen María, Reina de la Paz, ha establecido en nuestro tiempo su escuela de santidad, un camino seguro guiado por ella misma para vivir el Evangelio y la enseñanza de la Iglesia con el corazón, y así poder ser transformados, por la gracia y la acción del Espíritu Santo, en la viva imagen de su Hijo Jesús. La Reina de la Paz ha dado un lugar privilegiado al rezo del Santo Rosario en su pedagogía materna de conversión y santidad, pues ella invita al hombre de hoy a contemplar con ella a Cristo con el Santo Rosario, en el fondo de su corazón, mientras que con sus labios recita las oraciones cristianas por excelencia. Desde el inicio de las apariciones en 1981 se reza el Santo Rosario en Medjugorje, pero a partir del 14 de Agosto de 1984, por petición de la Santísima Virgen, se rezan diariamente tres partes del Rosario, es decir, los Misterios Gozosos, Dolorosos, y Gloriosos (los Luminosos solo los Jueves). Diez de estos quince misterios sirven como preparación previa a la Santa Misa, mientras que los últimos cinco sirven como acción de gracias por la Eucaristía al finalizar la Misa. Podemos ver que, en su pedagogía, Nuestra Señora nos invita a viajar con ella a su Corazón para contemplar la vida de Cristo, a quien recibiremos plenamente en su Palabra y en la Eucaristía durante la Misa. Después, nos invita a volver a contemplar con ella a Jesús, a quien ya llevamos vivo en nuestro corazón, para poder hacer vida su Palabra y permitir que su amor y gracia recibidos en la Comunión nos transformen y nos hagan reflejos vivos de Él.

La Santísima Virgen María ha enfatizado la eficacia y el poder del Santo Rosario para la vida espiritual de todos los fieles, pues quienes asumen el amoroso compromiso de acompañarla y pedir su intercesión con el Rosario, poco a poco experimentan los frutos de las gracias que ella consigue a través de esta oración. El 25 de Enero de 1991 ella decía: “Oren, para que por medio de la oración ustedes sean protegidos con la bendición de la paz de Dios. Dios me envió a ustedes para que Yo los ayude. Si lo desean, tomen el Rosario. El Rosario por sí solo puede hacer milagros en el mundo y en sus vidas.” Recientemente, en los mensajes del 2 y 25 de Septiembre de 2019 añadió: “Recen el Rosario cada día, esa corona de flores que me enlaza directamente, como Madre, con sus dolores, sufrimientos, deseos y esperanzas… Hijitos, recen el Rosario y mediten los misterios del Rosario, porque también ustedes en su vida atraviesan por alegrías y tristezas. De ese modo, convierten los misterios en su vida, porque la vida es un misterio hasta que no la ponen en las manos de Dios.” En sus catequesis, la Santísima Virgen se muestra en perfecta concordancia con el pontífice San Pablo VI, quien en su exhortación Marialis Cultus de 1974 enseñaba:

Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezcan en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del Corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza… [Ésta contemplación] por su naturaleza, lleva a la reflexión práctica y a estimulante norma de vida (n.47, 49).

Debido al gran poder espiritual y abundancia de gracias que se derraman con el Santo Rosario, Nuestra Señora ha invitado especialmente a los sacerdotes a rezarlo y enseñar a sus fieles a hacer lo mismo, pues si el sacerdote es un hombre de oración, entonces podrá más fácilmente inspirar a otros a orar. El 25 de Agosto de 1997, la Reina de la Paz dijo en su mensaje: “Invito a todos los sacerdotes, religiosos y religiosas a rezar el Rosario y a enseñar a rezarlo a los demás. El Rosario es para Mí, hijos míos, algo especialmente querido. Mediante el Rosario, abrid vuestro corazón y así os podré ayudar.” Tristemente, hoy muchos sacerdotes y religiosos han perdido el gusto por el Santo Rosario, ya que en muchos casos no se ha enseñado o comprendido bien su riqueza y beneficios para la vida interior. Por consiguiente, en muchos seminarios, casas de formación, y parroquias, su rezo es nulo o casi inexistente, y en consecuencia, no llega a ser apreciado y promovido en las comunidades. En el número 112 del documento de la Congregación para el Clero titulado El Don de la Vocación Presbiteral (Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis), texto clave para la formación sacerdotal, se lee: “Los seminaristas sean invitados a cultivar una autentica y filial devoción a la Virgen María, sea a través de su memoria en la liturgia como en la piedad popular, concretamente con el rezo del Rosario y del Angelus Domini, considerando el hecho de que <<cada aspecto de la formación sacerdotal puede referirse a María como la persona humana que mejor que nadie, ha correspondido a la vocación de Dios.>>” Rezar el Santo Rosario con el corazón introduce, pues, al seminarista y al sacerdote en la escuela de María, aprendiendo a ser discípulo e imagen viva de Cristo guiado por aquella cuya vida fue un constante “si”, por amor y en amor, a la voluntad de Dios.

Como toda disciplina espiritual, rezar el Rosario y apreciar su valor tomará tiempo, esfuerzo, y dedicación. Sin embargo, al asumir esta preciosa devoción, estemos seguros que todos nuestros esfuerzos se verán recompensados con la presencia, amor, e intercesión especial de la Madre de Dios. Rezar el Rosario con el corazón no debe ser visto como una carga o pérdida de tiempo, sino como un encuentro de amor entre un hijo y la madre, quien desea llevarnos con ternura y paciencia hasta Cristo, quien ha prometido a aquellos que lo dejan todo por seguirle: “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar” (Mateo 11, 28).

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