MENSAJE  2 DE JUNIO DEL  2018

“Queridos hijos, os invito a que acojáis mis palabras con sencillez de corazón, que como Madre os digo para que emprendáis el camino de la luz plena, de la pureza, del amor único de mi Hijo, hombre y Dios. Una alegría, una luz que no se puede describir con palabras humanas, penetrará en vuestra alma y os envolverá la paz y el amor de mi Hijo. Es lo que deseo para todos mis hijos. Por eso vosotros, apóstoles de mi amor, vosotros que sabéis amar, vosotros que sabéis perdonar, vosotros que no juzgáis, vosotros a los que yo exhorto: sed ejemplo para todos aquellos que no van por el camino de la luz y del amor, o que se han desviado de él. Con vuestra vida mostradles la verdad. Mostradles el amor, porque el amor supera todas las dificultades, y todos mis hijos tienen sed de amor. Vuestra unión en el amor es un regalo para mi Hijo y para mí. Pero, hijos míos, recordad que amar significa desear el bien a vuestro prójimo y desear la conversión de su alma. Pero, mientras os miro reunidos en torno a mí, mi Corazón está triste, porque veo muy poco el amor fraterno, el amor misericordioso. Hijos míos, la Eucaristía, mi Hijo vivo en medio vuestro y sus palabras, os ayudarán a comprender, porque Su Palabra es vida, Su Palabra hace que el alma respire, Su Palabra hace conocer el amor. Queridos hijos nuevamente os pido como Madre que desea el bien de sus hijos: amad a vuestros pastores, orad por ellos. ¡Os doy las gracias!”

 

El verdadero conocimiento de Dios presupone la comunión con Él. No es solo una erudición, un dato o una información adquirida o un contenido memorizado. Es  la pertenencia a una persona amada, que ejerce señorío amoroso sobre el corazón, que da sustento al alma, al ver, contemplar y vivir en comunión personal con quien es camino, verdad y vida.

“Sólo estando en comunión con el otro comienzo a conocerlo; y lo mismo sucede con Dios: sólo puedo conocerlo si tengo un contacto verdadero, si estoy en comunión con él.”

Pregunta el Papa Emérito Benedicto XVI: “¿A quién quiere revelar el Hijo los misterios de Dios?” (17/VI/2012)

San Lucas (10, 22) responde: “Doy a ti loor, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeñitos.

Dios ha usado un estilo muy diferente a la lógica mundana: los destinatarios de su comunicación han sido precisamente los «pequeños». Esta es la voluntad del Padre, y el Hijo la comparte con gozo. Dice el Catecismo: «Su conmovedor “¡Sí, Padre!” expresa el fondo de su corazón, su adhesión al querer del Padre, de la que fue un eco el “Fiat” de su Madre en el momento de su concepción y que preludia lo que dirá al Padre en su agonía.

Este es el camino de la luz plena, de la pureza, del amor único de Jesús en la adhesión amorosa de su corazón de hombre al “misterio de la voluntad” del Padre (Ef 1, 9)» (2603 CEC). S. Benedicto XVI afirma que  “ser discípulos significa “perderse a si mismo”, para reencontrarse plenamente a uno mismo (Lc 9,22-24).

El Papa Francisco dos formas de dañar una comunidad. Sobre todo, “la comparación”, el “compararse con los otros y terminamos en la amargura y en la envidia, que  enmohece a la comunidad cristiana. Y la segunda modalidad de esta tentación, son “las habladurías”. Se inicia con “modalidades tan educadas”, pero luego terminamos “despellejando al prójimo”.(18/V/2013)

No debe ocurrir así con los “apóstoles del amor materno de María”. Nuestra Madre Santísima describe el perfil espiritual de sus hijos: “Por eso vosotros, apóstoles de mi amor, vosotros que sabéis amar, vosotros que sabéis perdonar, vosotros que no juzgáis, vosotros a los que yo exhorto: sed ejemplo para todos aquellos que no van por el camino de la luz y del amor, o que se han desviado de él. Con vuestra vida mostradles la verdad. Mostradles el amor, porque el amor supera todas las dificultades, y todos mis hijos tienen sed de amor.”

Y solo el corazón sencillo se reconoce necesitado de amor. No desconoce su precariedad y pobreza, ubicándose en el lugar de los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con un corazón humilde.  Los   «pequeños» a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y entendidos. Más aún, Jesús mismo se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino. Él nos  llama a entrar en el Reino y nos exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo; las palabras no bastan, hacen falta obras. (544-546 CEC)

La Reina de la Paz dice: “…mientras os miro reunidos en torno a mí, mi Corazón está triste, porque veo muy poco el amor fraterno, el amor misericordioso.”

Sin la caridad fraterna, sin el amor activo, la virtud de la fe esta puesta en peligro, ya que aunque la fe es un acto personal, no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo… Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros. (188 CEC)

Es la Eucaristía un momento y lugar privilegiado, para reconocer nuestra fragilidad y hacernos pequeños. Es ahí donde Cristo vivo está en medio nuestro, y su Palabra se hacen vida y respiración en nosotros. Inmolando su vida y dándola como alimento de vida eterna, nos hace conocer el verdadero amor y amar de verdad a la Iglesia y a nuestros Pastores.

REGNUM DEI

“Cuius regni non erit finis”

Compartir:Compartir en FacebookCompartir en Google+Tweet en TwitterEnviar esta página por correoImprimir esta pagina