FUENTE: www.avvenire.it/

TRADUCCIÓN Traducción equipo de www.virgendemedjugorje.org

AUTOR: Andrea Galli, viernes 19 de mayo de 2017

El arzobispo de Varsovia-Praga: no he visto ninguna “desviación”.  A finales de junio entregará a Francisco su informe pastoral sobre las necesidades de los fieles que acuden en peregrinación.

«He nombrado a un obispo bueno, que tiene experiencia en ocuparse de la parte pastoral.  Al final nos dará su opinión».  En la respuesta sobre Medjugorje que ha dado la vuelta al mundo, durante la entrevista con los periodistas en el vuelo de regreso de Fátima el sábado pasado, el Papa se ha referido de forma directa, pero con palabras halagadoras, a Henryk Hoser.   Religioso palotino, de 74 años, con un pasado de Secretario Adjunto de la Congregación para la Evangelización de los pueblos, Hoser es arzobispo de Varsovia-Praga, diócesis que recibe el nombre de una parte de la capital polaca, en la orilla derecha del Vístula. Pero sobre todo es la persona que Bergoglio eligió el pasado mes de febrero, como enviado especial a Medjugorje, para realizar una tarea de corte pastoral, o «adquirir un conocimiento más profundo de la situación de esa realidad y, sobre todo de las necesidades de los fieles que acuden en peregrinación y, basándose en eso, sugerir eventuales iniciativas para el futuro».

Ahora Hoser ha vuelto a Polonia –donde lleva una diócesis que tiene más de un millón de bautizados– pero todavía no ha terminado su misión. «Estoy redactando el informe conclusivo –dice por teléfono– que tendré que entregar al Papa a finales de junio.  Y es probable que entonces tenga un encuentro con él».  Con respecto a lo que ha visto en las semanas de estancia en Medjugorje, siendo encuentros y observaciones densas, el prelado lo expresa de forma concisa y más que positiva: «el trabajo pastoral que se realiza es muy intenso, desarrollado y diversificado.  Se basa en el culto mariano, pero a la vez se centra también en Cristo: adoración eucarística, Vía Crucis, Rosario… francamente no he visto nada fantasioso o desviado.  He constatado un clima de recogimiento, de oración, de contemplación, en fin, un gran fervor espiritual.  Lo que más impresiona es, sin duda, la cantidad de confesiones, muy positivo, así como el trabajo de formar las conciencias con los encuentros y seminarios que se organizan.  El número de peregrinos no ha disminuido».

En cuanto al clima eclesial: «No he percibido grandes contrastes entre la parroquia de Medjugorje y los franciscanos por un lado, y el clero y los demás religiosos por otro.  Incluso vienen diferentes párrocos de los alrededores para echar una mano. También es cierto que el obispo de Mostar, Ratko Peric, confirma su posición netamente contraria a la autenticidad de las apariciones y subraya que, en su opinión, sobre lo que es falso no se puede construir nada».

Recordamos a Hoser las palabras del Papa en el avión el pasado sábado, acerca de la Virgen que no es “el jefe de la oficina de correos” y sobre las “presuntas apariciones” que “no tienen tanto valor”.  Sin embargo el arzobispo no es que se sorprenda mucho: «el Pontífice ha dado su punto de vista personal sobre lo que podemos llamar la segunda fase de las apariciones.  Ahora también se ha filtrado a la prensa el contenido del trabajo realizado por la comisión teológica, presidida por el cardenal Ruini, que ha expresado un punto de vista positivo sobre las siete primeras apariciones (que van del 24-25 de junio al 1 de julio de 1981) no sobre todo el fenómeno».  Por lo tanto, hay separación entre “un antes” y “un después” tras los sucesos que tuvieron lugar en tan solo seis días y los sucesivos.  Pero ahora nos preguntamos: ¿cómo podemos realizar una división como esta en una historia que parece ser continua desde 1981 hasta hoy?  La respuesta de Hoser es inmediata: «Piense en Ruanda, en las apariciones de Kibeho».  Y aquí hay que hacer un pequeño paréntesis.

Las apariciones de Kibeho forman parte del pequeño número de apariciones que han recibido la aprobación oficial de la Iglesia, en el caso específico del entonces obispo de la diócesis de Gikongoro, Agustin Misago, el 29 de junio de 2001, de acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Los fenómenos sobrenaturales comenzaron en una escuela regentada por monjas el 28 de noviembre de 1981, se prolongaron durante varios años cuyos protagonistas eran seis chicas y un chico.  El trabajo de dos comisiones diocesanas, una médica y una teológica, examinó y “deshojó” una situación que se había vuelto compleja y confusa con la sucesión de eventos.  Al final, la aprobación llegó solo para tres videntes – Alphonsine Mumureke, Anathalie Mukamazimpaka y Marie Claire Mukangang– calificados como el “núcleo originario” y más fiable: fueron evaluadas como creíbles las visiones de la Virgen, presentada como “Madre del Verbo”, pero no aquellas en las que se podría haber aparecido Jesús; el lapso de tiempo que se tuvo en consideración fue solo los primeros dos años, hasta 1983.  El resto se excluyó.

Hoser conoce muy bien el acontecimiento de Kibeho: como religioso estuvo como misionero precisamente en Ruanda, a partir de 1975, donde trabajó como médico (se laureó en medicina antes de entrar en los palotinos) donde resolvió encargos nacionales y permaneció hasta los años 90.  En 1994, durante la ausencia del nuncio apostólico, fue durante un breve período de tiempo, visitador apostólico del pueblo africano. Entonces, la solución para Medjugorje ¿podría ser similar a aquella de Kibeho?  Si fuera así, ¿qué pasaría con los 36 años de mensajes, y los diez secretos que la Virgen habría revelado a una de las videntes, Mirjana, que se presentan como un aspecto central de Medjugorje?  Hoser es escueto: «los diez secretos todavía no se conocen… ¿no?  Entonces esto no cambia nada.  Recordemos que el culto mariano no está obligatoriamente ligado a las apariciones, se puede contemplar de forma autónoma, objeto de culto y la Virgen María».  Cierto, pero insistimos, si a Medjugorje se le quita todo lo que sigue a las primeras “simples” apariciones, ¿qué nos queda?  «El mensaje de la paz» responde el enviado del Papa

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