Fray Marinko Sakota

Gospin trg 1

88266 MEDJUGORJE

BIH

A LOS PARTICIPANTES DEL CONGRESO EN PERÚ

 

¡Queridos amigos de la Reina de la Paz!

 

De todo corazón os doy la bienvenida desde Medjugorje, donde la Reina de la Paz nos ha estado enseñando desde hace 38 años a orar con el corazón, en el encuentro con Dios y en la apertura del corazón para buscar y encontrar la paz, y esa paz recibida, ofrecerla a los demás. Y vosotros, que participáis en el Congreso, habéis respondido a la llamada de la Madre y supongo que habéis experimentado la paz de Dios llegando a ser hombres y mujeres de paz – las manos extendidas de la Virgen- allá donde vivís.

Quisiera reflexionar con vosotros sobre el mensaje de Nuestra Señora del 25 de diciembre de 2019, así que os envío esta meditación. En él, también os encontrareis con el pensamiento del P. Slavko Barbarić, el humilde discípulo de la Virgen, que nació al Cielo hace 20 años, en el Križevac.

 

«¡Queridos hijos!»

¡Podéis imaginar que la Virgen nos dice «Queridos hijos”, a nosotros que somos débiles y pecadores!

Tal vez nos hayamos acostumbrado a estas palabras que la Virgen nos dirige todos los meses, por lo que no nos damos cuenta de ellas. Pero es bueno detenerse en ellas porque estas palabras son maravillosas y muy importantes porque, hablan de la Virgen, de que Ella es la madre que ama incondicionalmente, y porque hablan de nosotros, de nuestra identidad, de quiénes somos, que somos hijos de la Virgen, que tenemos una Madre, que somos queridos por Ella, que nos ama.

La alegría se despertará en nuestros corazones cuando nos demos cuenta de la profundidad de estas palabras que nos revelan que nosotros los pecadores somos muy importantes para la Virgen, tan importantes, que Ella, por nosotros y por nuestra salvación, viene a nosotros.

¡Si somos conscientes de su profundidad, además de la alegría, esas palabras de la Virgen, despertarán en nosotros la necesidad de conversión, ¡porque sentiremos que no hemos respondido lo suficiente a la llamada de nuestra querida Madre!

 

«Os traigo a mi Hijo Jesús para que os bendiga y os revele su amor que proviene del Cielo».

Ese es el papel de María, llevar a Jesús a las personas, porque Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.

Jesús nos trae la bendición y revela su divino amor. Si nos abrimos y nos abandonamos a Jesús, sentiremos que somos bendecidos. Si conocemos Su amor y crecemos en él, experimentaremos la paz.

 

«Vuestro corazón anhela una paz que cada vez está menos presente en la tierra».

Escuchemos algunos de los pensamientos de fray Slavko sobre la sed del hombre por la paz:

«El deseo de paz es el deseo más profundo del corazón del hombre». «El hombre tiene un profundo anhelo por la realización de la misma. Ese deseo es lo que el hombre busca constantemente porque el hombre es un ser que tiende a la paz. Por lo tanto, se puede decir, sin lugar a dudas, que el hogar del hombre reside allí donde encuentre ‘su paz’ ​​».

Nadie «jamás, y en ninguna parte, puede renunciar al anhelo de paz, de amor, de justicia, de misericordia, de perdón». La falta de paz no significa que una persona haya renunciado a la paz. «Mientras menos paz haya, más se clamará por la paz».

«La paz es más necesaria que la salud, que un hogar familiar, que la libertad. Porque estar sin la bendición del amor y de la paz significa estar ciego con respecto a lo que tenemos, y ser infeliz con lo que tenemos, lo cual es peor que no tener nada. Cuántas personas en el mundo son saludables y lo tienen todo, pero han perdido la paz, son incapaces de amar y sufren mucho, destruyendo su propia vida y la vida de los demás».

«La paz es el anhelo más profundo del corazón del hombre. Todo lo que el hombre hace, ya sea bueno o malo, de alguna manera lo hace buscando la paz. Y cuando mata a otro o se quita la propia vida, el hombre busca el camino hacia la paz, al igual que cuando da su vida por los demás».

«En todo lo que hacemos, sea bueno o malo, buscamos la paz. Cuando el hombre ama, busca y experimenta la paz, cuando odia y quiere venganza, busca la paz; cuando se mantiene sobrio y lucha contra la adicción, busca la paz; cuando se emborracha también busca la paz; cuando ora, busca la paz, cuando pronuncia blasfemias y habla mal, también busca la paz; cuando lucha por su vida y la vida de sus seres queridos, está en paz, y cuando levanta la mano y se suicida o mata a otro, nuevamente, busca la paz».

Todo hombre busca la paz, pero no todos la encuentran. Hay varios caminos que se presentan como verdaderos caminos hacia la paz, pero no todos conducen a ella. Por lo tanto, distinguimos entre la paz verdadera y la falsa. Por ejemplo, un alcohólico, en el deseo de encontrar paz, cuando bebe, encuentra algo de paz, al igual que aquellos que consumen drogas, que juegan o viven en pecado. Pero es una paz falsa. También las personas que condenaron y entregaron a Jesús a la crucifixión tenían la «conciencia tranquila». Mataron al inocente y estaban convencidos de que habían hecho el bien, de que habían hecho todo de acuerdo con la Ley.

 

«Es por eso que las personas están lejos de Dios y las almas están enfermas y avanzan hacia la muerte espiritual».

 El hombre de hoy está lejos de Dios. Pero éste no es el estado natural del hombre, porque el hombre ha sido creado para Dios. Bien lo ha dicho San Agustín: «Nos has creado para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que encuentre la paz en ti».

Las consecuencias del distanciamiento de Dios son: pérdida de paz, enfermedad del alma y, en última instancia, muerte espiritual. Fray Slavko nos explica qué es la muerte espiritual:

«La muerte espiritual se manifiesta en el hecho de que un cristiano que no puede perdonar, no puede amar o hacer el bien, cae en una variedad de hábitos pecaminosos y malos, pierde la libertad interior y su dignidad humana y cristiana.» Cuando uno está espiritualmente muerto, él «ya no reconoce el amor. Es incapaz de aceptar el amor».

Fray Slavko también nos habla de las causas de la muerte espiritual: “La vida espiritual también está sujeta a las mismas reglas que nuestra vida física. Uno debe alimentarse espiritualmente todos los días, lo suficiente para evitar la muerte. Todos aquellos que no rezan durante el día, y por la noche, deprisa, pronuncian una oración o una formula aprendida, ponen en peligro su vida espiritual. Los que encuentran razones para no ir con frecuencia a la santa confesión y la misa también ponen en peligro su vida… »

 

«Estoy con vosotros, hijitos, para guiaros en el camino de salvación al que Dios os llama».

La serpiente dirige al hombre su mirada y luego desvía su corazón de Dios hacia otra cosa, prohibida y deseable; pero María, la madre de Jesús, lleva al hombre de vuelta a Dios. La oración supone el retorno a Dios. Orar significa volver la mirada y el corazón de uno hacia Dios, acercarse a Él y vivir con Él desde esa relación con Él.

«Yo estoy con vosotros» – son las palabras de la Virgen que pronuncia a menudo. Son tan sencillas que fácilmente pueden pasar desapercibidas. Si se dan por sentadas, como «conocidas», uno se acostumbra a ellas, y el hábito esconde en sí el peligro de permanecer en el exterior y perder la profundidad del significado. Así que ahora detengámonos y, una vez más, pero con atención, escuchemos estas palabras: «Yo estoy con vosotros».

¡Pensad, la Madre de Dios está con nosotros! Ahí es donde se para la mente, ¿verdad? ¡Jesús nos envía a nosotros, a María, su madre! ¿Acaso no es maravilloso? ¿Acaso no es la noticia de todas las noticias? ¡¿No es ese el evento más importante para nosotros entre todos los demás eventos del mundo?! ¡Además sucede desde hace treinta y ocho años! Si somos conscientes de ello – al menos por un instante – se nos pondrá la piel de gallina.

«Yo estoy con vosotros» – ¡Cuán tiernas son estas palabras de la Madre! Es como si nos mimara. Es como si nos estuviera consolando dulcemente. Es como si nos estuviera diciendo: ¡No tengáis miedo! Sí, con esas palabras la madre desea alentar a sus hijos, darles la paz y la seguridad. Si somos conscientes de ellas, estas palabras de María serán de gran ayuda para nosotros en la vida. En los tiempos en que vivimos, no es fácil seguir a Jesús. Pero cuando recordemos que la Madre está con nosotros, será más fácil para nosotros, el miedo perderá el control sobre nosotros. Si tenemos problemas en la vida, pero recordamos que la Virgen está con nosotros, ya no nos sentiremos solos y nuestras preocupaciones cederán al saber que la Madre no nos ha abandonado.

Las palabras de la Virgen «Yo estoy con vosotros» además de paz quieren traer algo más: ¡la inquietud! Es decir, si creemos que la Virgen está con nosotros, ¿cómo podemos vivir como si Ella no hubiera venido? Ella nos llama pacientemente y cuenta con nosotros desde hace tantos años, quiere que seamos testigos, que le ayudemos a realizar sus planes. ¿Y nosotros? ¿Acaso escuchamos sus palabras? ¿O tal vez la ignoramos? ¿Cómo puedo estar «en paz», indiferente si la Virgen ha venido a nosotros? ¿Acaso puedo vivir en pecado si la Madre está con nosotros? ¿Cómo puedo pensar solo en adquirir cosas materiales si la Virgen nos guía a la vida eterna? ¿Acaso puedo seguir siendo un cristiano pasivo si la Virgen me llama a dar testimonio, a ayudarle?

«Yo estoy con vosotros» – Así, la Virgen quiere despertar nuestra conciencia, y la conciencia despierta se pregunta cómo responder a la llamada de la Madre. ¿Acaso nos atrevemos a permanecer sordos ante la llamada del Cielo? ¿Acaso nos atrevemos a perder esta oportunidad si Dios nos da la gracia a través de María? ¿Qué hemos de hacer para hacer realidad los mensajes de Nuestra Señora? ¿Qué hacer para que las personas que vienen a Medjugorje encuentren la paz y qué hacer para que todas las personas del mundo encuentren la verdadera paz?

 

«Gracias por haber respondido a mi llamada».

¡Queridos amigos de la Reina de la Paz y de Medjugorje!

De todo corazón, os deseo que tengáis un corazón abierto a la Palabra de Dios, a la voluntad de Dios, a los mensajes de la Reina de la Paz, así como un corazón abierto de unos para con los otros, a fin de que podáis escuchar lo que Dios, a través de la Reina de la Paz, quiere que hagáis (hagamos) hoy por la paz en el mundo.

 

¡Recibid un saludo fraterno!

 

Vuestro, fray Marinko Sakota

 

En Medjugorje, a 7 de enero de 2020.

 

TRADUCCIÓN: Filka Mihalj

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