«Queridos hijos! Mi presencia es un don de Dios para todos ustedes y un estímulo a la conversión. Satanás es fuerte y quiere poner desorden e inquietud en vuestros corazones y pensamientos. Por eso, ustedes, hijitos, oren para que el Espíritu Santo los guíe por el verdadero camino de la alegría y de la paz. Yo estoy con ustedes e intercedo ante mi Hijo por ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado»

Pidiendo al Espíritu Santo que nos ayude a ordenar la mente y el corazón

Una vez más la Reina de la Paz nos invita a pedir el Espíritu Santo. En esta oportunidad es para que él nos revele los desordenes que hay en nuestros pensamientos y emociones, y para que luego -clamando por los cambios que de él proceden-, vayamos ordenando la casa interior de nuestra mente y de nuestro corazón.

Otro de los motivos por los cuales nuestra Madre nos pide de clamar al Espíritu Santo, es para que teniendo este orden interior, le permitamos al Espíritu de Dios que nos guie por el verdadero camino de la alegría y de la paz.

A continuación intentaremos profundizar un poco en estos puntos.

En ocasiones cuando se habla de conversión, algunos cristianos piensan que de lo único que se está hablando es de los pecados de palabra, obra y omisión.

Esto se nota de los pocos que confiesan los pecados de pensamiento; o que si lo hacen es algo tan genérico que se percibe la necesidad de crecer en el discernimiento de los pensamientos que se mueven en nuestra mente.

Sin embargo el primer nivel de conversión que necesitamos recorrer es la conversión de los pensamientos.

Un santo muy querido por mí, es San Ignacio de Loyola. El descubrió por experiencia propia, como Satanás influía en su vida, presentando diversas tentaciones en forma de pensamientos que lo apartaban de la voluntad de Dios y que le llevaban a perder la verdadera paz y alegría; por lo que llegará a decir: “Presupongo que hay tres pensamientos en mí, es a saber, uno propio mío, el cual sale de mi mera libertad y querer; y otros dos, que vienen de fuera: el uno que viene del buen espíritu y el otro del malo”. (Examen general de conciencia. Del libro de los Ejercicios Espirituales n° 32).

Por eso el santo, hacía diariamente el examen interior para descubrir el origen de los pensamientos que se habían movido en su mente, a fin de recibir los pensamientos que vienen de Dios, ya que éstos -de seguirlos- llevan al crecimiento integral de la persona, y nos llenan de paz y de alegría.

En este análisis de los pensamientos, san Ignacio también propone pedir la gracia de descubrir los pensamientos que el mal Espíritu quiere sembrar en nuestra mente, a fin de rechazarlos y pedir al Espíritu Santo la purificación del pensamiento.

Y es que cada día podemos alimentar una multitud de pensamientos que tal vez estén impidiéndonos crecer espiritualmente y cumplir en plenitud la voluntad de Dios.
En uno de mis libros de la Colección “Paz interior”, que lleva como título: “Lo que nos roba la Paz”, – desarrollo siete clases de pensamientos que nos llevan al pecado y que por lo tanto nos roban la paz y la alegría de Dios.

Estos son los pensamientos equivocados, los negativos y pesimistas, los pecaminosos, los que niegan la misericordia de Dios, los subjetivos y poco realistas, los sordos y rebeldes, los obsesivos y finalmente los pensamientos opresivos.

Quisiera agregar que este libro surgió al regresar de una peregrinación a Medjugorje, después de haber estado confesando por varias horas en los confesionarios de la parroquia Santiago apóstol y a los jóvenes ex adictos de la comunidad Cenáculo. Fue durante esa peregrinación que el Señor me permitió diferenciar que hay diversidad de pensamientos que nos roban la paz y la alegría del Señor, y otros que por el contrario alimentan la paz, la seguridad interior y la alegría.

Me parece importante hacer notar que estos pensamientos suelen entrar de manera: Silenciosa, Inesperada, y Camuflados; ya que el mismo Jesús nos advierte: “Estén prevenidos… Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa” (Ref. Mt. 24, 42-44).

Una buena manera de discernir de quien vienen los pensamientos, es tener en cuenta que “la voz” de Dios nos lleva a la consolación y a la paz; mientras que la del mal espíritu -que sutilmente intentará apartarnos de lo que más agrada a Dios-, roba la paz y lleva a la desolación; y finalmente debemos tener en cuenta la propia voz, que sin ser buena ni mala dependerá hacia donde nos lleve (Ref. Reglas de Discernimiento del Espíritu Ejercicios de San Ignacio de Loyola, 313-370).

¡Cuánto debemos agradecer a la Reina de la Paz y alegrarnos de este Mensaje! En él, Nuestra Madre nos está brindando de modo claro y sencillo, la clave de la santidad y de la felicidad.

Al poner una rejilla en nuestros pensamientos, también nuestros corazones se verán libres de inquietud, y entonces experimentaremos cómo irá aumentando en nosotros la serenidad, la paz y la alegría, a fin de que colmados de estas santas virtudes, podamos desbordar y transmitirla a todos aquellos que están a nuestro alrededor.

Te envío un fuerte abrazo y me pongo bajo el cuidado y protección de tus oraciones.

P. Gustavo E. Jamut, omv

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