Cuando en este mensaje, la Reina de la Paz nos recuerda que éste es un tiempo de gracia, podemos entender que se está refiriendo al tiempo de Cuaresma.

Pero a la vez debemos comprender que este tiempo de Cuaresma, es un tiempo de gracia, sólo cuando nos abrimos a recibir las bendiciones de Dios, a través de la renovación de la oración y del ayuno.

Por eso me gustaría que la luz de este mensaje, meditemos en el ayuno, y que nos decidamos a pedirle a Dios la gracia, de poder practicarlo con alegría.

 

No le tengas miedo al ayuno

“El ayuno no es una cuestión de estómago, sino de corazón.”

San Agustín

Sin lugar a dudas, en la actualidad en el mundo occidental, el tema del ayuno es uno de los temas más difíciles de abordar.

Cuando a los gorditos nos hablan acerca de ayunar, tenemos que reconocer que sufrimos un poco… Pero he constatado que cuando se predica acerca de este tema, la mayoría de los flacos también comienzan a moverse en sus asientos.

¡Que se la va a hacer, a todos nos gusta comer! Y esto no está mal, al contrario; los alimentos deben ser un medio no solo para nutrir nuestro cuerpo, sino también para alabar a Dios por la variedad de sabores que él ha creado; pero además son una excelente oportunidad para orar, dándole gracias a nuestro Creador, por las papilas gustativas y el sentido del olfato.

De hecho, mientras escribo estas líneas, puedo sentir el delicioso aroma que procede de la cocina de la casa parroquial, y que se abre camino a través de los diferentes ambientes, como invitándome a que entregue con alegría el propósito de moderarme en el comer, y a pedir la gracia del ayuno, especialmente en los momentos en que se haga más difícil practicarlo.

Sin embargo, me parece importante recordar que, así como solemos disfrutar de una rica comida, también debemos aprender a comer equilibradamente; y de modo particular, debemos estar abiertos y deseosos a que el Espíritu Santo nos enseñe a discernir qué clase de ayuno nos está pidiendo Dios, e incluso llegar a disfrutar de la disminución de la “mástica” de ese(os) día(s).

En efecto, la experiencia de los hombres y mujeres de la Biblia, de los santos, y de una gran cantidad de cristianos de nuestros días -especialmente de muchos peregrinos cuando regresan de Medjugorje-, nos demuestra (haciendo un juego de palabras), que: la disminución de la “mástica”, acrecienta la mística.

 

El ayuno es cosa seria… Bueno no tanto

“Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste.”

Mt. 6:16 

Si bien el ayuno, es cosa seria, soy de la opinión que en muchos lugares tiene “mala prensa”, porque se lo asocia con tristeza y sufrimiento.  Pero no debería ser así.

El ayuno debe ser asumido con alegría y buen humor, lo cual nos permitirá vivirlo, no como un suplicio, sino como un día -o varios días- de bendición, incluso llegando a disfrutar de él.  Y esto hasta tal punto, que una vez finalizado, estaremos anhelando que lleguen nuevamente los días de ayuno, para ahondar en la experiencia del Espíritu y disfrutar de las caricias de Dios.

Por eso Jesús nos recuerda, lo importante que es encarar el ayuno con optimismo y con una actitud positiva: “Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro”.  (Mt. 6:17)

Los días de ayuno y oración, no han de ser días de tristeza, sino de esperanza y alegría en el Señor, pues durante ese tiempo nos sumergimos más profundamente en su gracia, confiamos en sus promesas, y descansamos en las innumerables bendiciones que esos “ayunos orados” traerán a nuestras vidas, a la vida de nuestros seres queridos, a la Iglesia, a nuestros países y al mundo entero.

 

El ayuno sin oración = dieta

“Queridos hijos, Yo estoy con ustedes y los llamo a que comiencen a orar y ayunar.”

Mensaje de la Reina de la Paz

25 de julio de 1991

La Virgen Santísima, Reina de la paz; en sus apariciones en Medjugorje durante más de 37 años no ha cesado de pedirnos que oremos y ayunemos para que la paz se instale en nuestros corazones y desde allí se irradie a las familias y al mundo entero: “Yo los invito a todos ustedes, queridos hijos, a orar y a ayunar con una firmeza aún mayor.” (Mensaje del 25 de agosto de 1991)

Por lo cual, también yo quiero ser portavoz de sus deseos, que siempre están en sintonía con los deseos de Dios.

Es bien significativo que la mayoría de las veces en que la Reina de la paz nos habla en sus mensajes acerca del ayuno, lo hace uniéndolo a la práctica de la oración.  Tal vez esto se debe a que la oración nos une a Dios, y nos brinda la fortaleza necesaria para poder privarnos de algunos alimentos, a la vez que nos hace más perceptivos a la voz de Dios. Tal vez por eso se suele repetir la expresión: “el ayuno sin oración, es dieta”.

Yo me animo a afirmar que el ayuno y la oración son como dos hermanas mellizas que se quieren mucho y siempre van de la mano.

Por lo cual cuando tu ayunes en un clima de oración, podrás sentir las caricias de Dios que te impulsan a privarte de lo superfluo, ayunar y a ser más generoso con el uso y administración del tiempo y de los bienes que Dios te ha concedido.

 

Céntrate en Dios más que en el ayuno

“Dios nos invita a que recibamos siempre su amor,

con atención consciente”

La experiencia demuestra que quienes centran su atención en el ayuno, pero no focalizan su atención en Dios, sufren mucho más, y con frecuencia terminan claudicando. En cambio quienes se centran en el amor de Dios, y comienzan el ayuno orando, entonces sienten el impulso de privarse voluntariamente y de buena gana de los alimentos que tanto disfrutan normalmente.

Estos últimos están más dispuestos a ordenar algunos aspectos de la propia vida, y experimentan un crecimiento espiritual que se irradiará a nivel psicológico, emocional, físico, en las relaciones interpersonales y en muchos otros ámbitos de la vida.

Tengo la firme convicción, que a través de la oración y el ayuno, seremos testigos de los signos y milagros que Dios tiene preparados, para bendecir nuestras vidas y la de una innumerable cantidad de personas.

Al escribir estas líneas, le pido a la Reina de la Paz, y a Dios Nuestro Señor que te bendiga, a la vez que a ti te pido que -si te acuerdas- ofrezcas algún ayuno y oración, por mí y por mi comunidad.

Unidos en los corazones de Jesús y de María, le pido a Dios que te bendiga, en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Padre Gustavo Jamut, omv

 

Informes para Discernimiento vocacional y proyecto de vida para muchachos de 18 a 30 años.

Diácono Diego González.

diegoarmandopaz@hotmail.com

 

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