Queridos amigos, que la paz, la esperanza y la alegría del Señor y de Nuestra Madre estén con ustedes:

Muchas familias, cuando llega la Navidad o para la fiesta de la Epifanía (Reyes Magos) tiene la costumbre de intercambiar regalos.

Nosotros podríamos reflexionar extensamente sobre todo aquello que podríamos regalarle a Jesús en su cumpleaños: nuestras oraciones, buenas obras, ayuno, etcétera.

Pero hoy te invito a que seamos pedigüeños y que le solicitemos nosotros a Él un regalo.

¿Y qué regalo nos conviene pedirle?: el don de la fortaleza; sobre todo porque la Reina de la Paz, a través de este Mensaje del 25 de diciembre, nos invita a pedirlo al Espíritu Santo.

Ella nos habilita e impulsa a pedir este regalo de Dios, que es fundamental para ser personas de paz y de esperanza, que transmitan con alegría el testimonio de vivir como hijos de Dios y de la Reina de la Paz.

La fortaleza es el don del Espíritu que sostiene la virtud moral que llamamos de la misma manera.

Sería muy difícil para nosotros cumplir la voluntad de Dios, superar las dificultades de la vida, no dejarnos llevar por las presiones del ambiente y rechazar las tentaciones del maligno, sino pidiésemos con frecuencia, ser llenos del Espíritu Santo, para que Él nos conceda este precioso don.

Para recibir este don, es necesario ser humildes reconociendo la propia debilidad; porque si no contamos con la fuerza de Dios, terminamos cediendo a un sinnúmero de tentaciones internas o que también pueden proceder de la sociedad hedonista y consumista que nos circunda.

El don de la fortaleza es un impulso sobrenatural, que nos capacita para permanecer coherentes con las enseñanzas de Jesús y los mensajes de la Reina de la Paz.

En repetidos mensajes, Nuestra Madre nos habla de la pedagogía del Espíritu Santo para fortalecernos, por ejemplo en la fe (mensaje, 23 de mayo de 1985); fortaleza para cambiar nuestras vidas en aquello que necesitamos convertirnos (25 de mayo de 1990); fortaleza para amar, especialmente a quienes más nos cuesta dejar entrar al santuario de nuestro corazón (25 de abril de 1993)… Y la lista podría seguir por varias páginas.

Pero, en este mensaje concreto del 25 de diciembre, la Gospa nos anima a pedir el Espíritu Santo, el don de la fortaleza para ser testigos de Dios a través del ejemplo de la alegría, de la paz y de la esperanza.

El período de Navidad es un tiempo muy especial. No solo la noche del 24 y el 25 de diciembre, sino el tiempo previo y el siguiente, se genera un clima que nos invita a la reflexión, a analizar cómo ha ido nuestro año, cómo se encuentra nuestra alma, y sobre todo a revisar los vínculos con quienes están cerca nuestro, especialmente los miembros de nuestras familias.

Durante el tiempo de la novena de Navidad, y en la fiesta en la que celebramos el Nacimiento del Hijo de Dios, el Cielo derrama gracias particulares: corazones duros se ablandan, se hace más fácil comprender los errores propios y ajenos, “algo” nos impulsa a pedir perdón y a perdonar a los demás, surgen propósitos de cambio que son inspirados por el amor de Dios.

Sin embargo, con frecuencia se nota que, en tiempos cercanos a las fiestas de Navidad, parecería que en algunas regiones del planeta, la furia de Satanás se desata, porque se suscitan más dificultades personales, familiares o sociales que en otras épocas del año.  La gente parece estar más irritable, en algunas familias se discute por nimiedades, el clima social parece tensarse hasta el máximo, se percibe un clima de inestabilidad y zozobra como pocas veces en el año… Para atravesar todo esto sin perder las gracias recibidas y el crecimiento espiritual adquirido, tenemos una gran necesidad del espíritu Santo y del don de fortaleza.

Cierto que uno podría atribuir toda esta tensión, al cansancio que se ha ido acumulando a lo largo del año, al término del ciclo lectivo de los hijos, a la necesidad de responder a un sinfín de exigencias laborales, familiares y sociales.  ¿Pero será solo esto?

Yo me pregunto, si las situaciones de tensión que en ocasiones atraviesan muchas familias, y sectores de la sociedad no se debe a un accionar espiritual maligno, similar al que se dio en la época de Jesus, que llevó, por un lado a que muchos le cerraran las puertas a la Sagrada Familia -hasta tal punto que el Hijo de Dios tiene que nacer en una cueva-, pero sobre todo a la furia del rey Herodes, que parece estar poseído por un espíritu diabólico que lo lleva a destruir la vida de un gran número de pequeños niños.

El diablo, ante uno de los mayores gestos de la humildad de Dios, que lo lleva a hacerse hombre, igual a nosotros en todo, menos en el pecado (Referencia Heb. 4:15), se llena de furia y no pudiendo destruir al Hijo de Dios, intenta herirlo lastimando a quienes Dios más ama, que somos cada uno de nosotros, nuestras familias, y la gran familia humana.

Por eso, yo creo que la novena de Navidad, y me animaría a sugerir que ya antes, desde el 1° de Diciembre, todos los cristianos deberíamos unirnos, cada uno desde su hogar o desde su comunidad cristiana, en una poderosa oración de liberación y de protección, para que los ángeles de Dios creen una barrera de protección sobre las personas individuales, pero también sobre las familias, las instituciones, los pastores y los laicos verdaderamente comprometidos, y sobre los miembros más frágiles de nuestra sociedad, para que fortalecidos por el Espíritu Santo, colaboremos en la obra de Dios, rechazando todo el mal.

Satanás cree y sobre todo sabe, que en Navidad el poder de Dios para bendecir es tan grande, que teme y entonces confunde con el materialismo que lleva a pensar más en las comidas, los regalos, las fiestas, que en lo que realmente estamos conmemorando.

Satanás cree y sabe, que durante el tiempo de Navidad se nos ofrecen gracias especiales para la conversión de quienes hasta ese momento no habían experimentado el amor de Dios y estaban lejos de su casa, y entonces intenta distraernos.

Satanás cree y sabe, que durante el tiempo de Navidad el Espíritu Santo ofrece un disposición que ayuda a que los miembros de las familias que estaban distanciados o enojados entre sí, se perdonen, se reconcilien, y encuentren la paz.

Satanás cree y sabe, que durante el tiempo de Navidad, cuando los cristianos oran con el corazón por quienes partieron de esta vida, es uno de los tiempos en que mayor cantidad de almas del purgatorio se purifican y avanzan hacia la feliz encuentro con Dios en el cielo, y que a partir de allí se acrecienta la intercesión de ellas por nuestras familias.

Satanás cree y sabe, que durante el tiempo de Navidad, hay mayor facilidad para recuperar la esperanza y producir cambios que a la larga eleven la vida familiar, las parroquias y comunidades cristianas se afiancen en el amor y en el fervor misionero, y que surja propuestas superadoras desde los gobiernos y otros actores sociales, que puedan llegar a mejorar la calidad de vida de la gente de los pueblos, de las grandes ciudades y de las barriadas más carenciadas.

Por eso ¿Qué te parece si en lo que queda de este año, y en el comienzo de los primeros días del año que está por comenzar, nos unimos de norte a sur, de este a oeste, pidiéndole al Espíritu Santo que se derrame en todos los corazones, dándonos el don de fortaleza, para ser testigos alegres de la paz y de la esperanza, como nos aconseja en su mensaje la Reina de la Paz?

Me encomiendo tus oraciones y le pido a Dios que te bendiga abundantemente, en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Felices fiestas y bendecido 2018.

 

Padre Gustavo Jamut

Oblato de la Virgen María

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