Reflexión del mensaje del 25 de septiembre por el P. Gustavo Jamut

Queridos hermanos que la paz de Jesús y de María esté en sus corazones.

 

Una vez más nuestra Madre nos invita a confiar en el poder espiritual que se nos ha concedido a través de la oración y el ayuno.

 

En este mensaje en concreto,  la Gospa nos pide que esta fuerza espiritual la dirijamos en dos direcciones:

  • Primero por aquellos hermanos y hermanas en el Señor que están atravesando diversas pruebas y tribulaciones.

 

  • En segundo lugar, la Virgen Santísima nos pide de dirigir la fuerza que proceden de la oración y del ayuno hacía los sacerdotes y todos los consagrados.

 

“Por todos los que están en la prueba”

Sin lugar a duda, cada uno de nosotros conoce alguna persona (o mejor sería decir a varias), que está atravesando diversas dificultades. Tú puedes hacer algo por ellas.  En algunos casos por medio de la acción concreta y directa de la solidaridad, la escucha y el don del consuelo; y en todos los casos por medio de la oración de intercesión que nos pide la Madre.

 

La Biblia nos habla frecuentemente acerca de las pruebas de la vida y nos enseña cómo enfrentarlas, e incluso los frutos que pueden surgir de ellas, como por ejemplo en la epístola de Santiago: “Hermanos, alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas, sabiendo que la fe, al ser probada, produce la paciencia Y la paciencia debe ir acompañada de obras perfectas, a fin de que ustedes lleguen a la perfección y a la madurez, sin que les falte nada.” (Sant. 1:2-4).

 

La oración y el ayuno nos ayudaran a nosotros y también a las personas por quienes oramos, a transformar la prueba en una fe más pura y fortalecida, desarrollaremos la virtud de la paciencia, y entonces nuestras obras -incluso la evangelización- serán guiadas por Dios hacia la perfección y la madurez, siendo que por añadidura recibiremos todo aquello que necesitamos.

 

Ciertamente a ninguno de nosotros nos gusta atravesar el valle oscuro de la prueba; por lo cual en esos momentos necesitaremos de toda la fuerza espiritual que a través de la oración y el ayuno nos pueden hacer llegar nuestros hermanos, tanto aquellos que nos conocen como aquellos que oran y ayunan sin conocernos de manera directa, pero poniendo todo el bien que realizan, en las manos de la Virgen Santísima, quien sabrá dirigirlo todo, en forma de diversas gracias sobre nuestra vida.

 

Y como dice el refrán: “nobleza obliga”, ya que por reciprocidad solidaria, sí otros han orado y ayunado mientras nosotros atravesamos las dificultades de la vida, entonces nosotros debemos corresponder de manera semejante, y de ser posible aún con mayor generosidad.

 

“Por los sacerdotes y por todos los consagrados”

 

Una de las cosas que más alegra el corazón de la Virgen es la oración, el ayuno y la ayuda que se brinda a los seminaristas, sacerdotes y consagrados/das. Por eso con frecuencia ella nos pide orar por sus hijos predilectos, quien a la vez son los más odiados por Satanás y por lo tanto los más atacados.

 

En las manos del sacerdote, Dios ha puesto el poder para perdonar nuestros pecados. También en sus manos Dios ha puesto el poder para transformar un poco de pan y del vino en lo más sagrado: su Cuerpo y su Sangre. Misterio que asombra incluso a los ángeles de Dios.

 

El Papa Francisco -cuando aún era arzobispo de Buenos Aires-, solía pedirle a los laicos en los encuentros de oración que rezaran por él. Y cuando lo pedía, su voz era de un tono de súplica tan profunda, que llegaba al corazón, de manera que uno no podía olvidarse de orar por él y por lo demás sacerdotes.

 

Y como seguramente recordarás, cuando fue nombrado Papa, al salir al balcón de la basílica en la plaza San Pedro, una de las primeras cosas que hizo fue decir al pueblo de Dios: “ahora oren por mí para que Dios me bendiga y luego les daré yo la bendición de Dios”.

 

Por eso estoy convencido que una parte importante de la fidelidad de los pastores depende de la fidelidad en la oración oración y el amor fraterno de los laicos.

 

También nosotros los sacerdotes y los consagrados, estamos en un proceso de conversión permanente; también nosotros necesitamos sanar las heridas de la propia historia…, y en este sentido los laicos, a través de la oración, el diálogo fraterno y sincero, y el apoyo de diversas formas, pueden ser como el buen samaritano para los sacerdotes de su parroquia o comunidad.

 

Jesús en los evangelios nos ha hecho una hermosa promesa, cuando dijo: El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa” (Mt. 10:40-42).

 

En este mensaje, la Reina de la Paz quiere recordarte, que tu oración y tu ayuno ayudará a los sacerdotes cercanos y también a los lejanos: “para que amen con más fervor a Jesús, para que el Espíritu Santo llene sus corazones de gozo; para que testimonien el Cielo y los misterios celestiales”

 

Y no lo dudes -porque Jesús lo ha prometido-, todo el bien que hagas por tus pastores, no quedará sin recompensa en esta vida y en la venidera.

 

Te abrazo los corazones de Jesús y de María. y yo también te pido que reces por mi y por los sacerdotes y seminaristas de mi comunidad. Dios te bendiga.

 

Padre Gustavo Jamut

Oblato de la Virgen María

 

 

 

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