Queridos amigos:

¡Reciban hoy y siempre la paz y la alegría de Jesús y de María!

 

El 25 de marzo celebramos la fiesta de la Anunciación, que es la fiesta de la vida; Y también nos alegramos de recibir el mensaje con el que Nuestra Madre Reina de la Paz nos invita a madurar -cada día un poco más- en la virtud teologal de la esperanza.

 

Por lo cual te invito a que vayamos desgranando juntos y meditando, algunas de las frases con las cuales la Virgen María nos invita a entrar a su escuela, para ser auténticos discípulos del Señor. Pero también iremos entretejiendo -o entrelazando- las enseñanzas de la Reina de la Paz con algunos versículos bíblicos, para reafirmar de este modo la sintonía perfecta que existe entre las enseñanzas de Muestra Madre y lo que nos enseña Dios en las Sagradas Escrituras.

 

“¡Queridos hijos! También hoy estoy con ustedes…”

No sé si a ti te sucede como a mí, que al leer en su mensaje que María nos dice que está con nosotros, entonces mi corazón se llena de gozo. ¡Y si la Reina de la Paz está con nosotros, también Nuestro Buen Dios está y estará siempre a nuestro lado! protegiéndonos y combatiendo a nuestro favor, y entonces ¿quién estará en contra nuestro?, como lo afirma el apóstol San Pablo: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom. 8:31).

 

“Hijitos, quien ora no le tiene miedo al futuro y no pierde la esperanza”.

Son muchos los hermanos que al tener que celebrar otra Semana Santa en pandemia -y posiblemente también en un cierto nivel de aislamiento- experimentan desánimo, tristeza y congoja; por eso nuestra Madre nos invita a renovar las virtudes de la esperanza, la alegría y la paz; por lo cual nos puede ayudar la promesa que nos hace Dios por medio del profeta Jeremías: “Yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jer. 29:11).

 

Los tiempos litúrgicos de Semana Santa y de Pascua son tiempos propicios para renovar la oración y la confianza en la victoria de nuestro Señor Jesucristo: y así como Él venció a la muerte, también nosotros podemos proclamar victoria sobre todas pandemia y dificultad de la vida: “¡Gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (1 Cor. 15:57).

 

“Quien ora no le tiene miedo al futuro”

Es natural tener miedo ante la situación de crisis que se vive a nivel mundial producida por la pandemia. Pero en ocasiones, ese miedo es aumentado y exacerbado por situaciones traumáticas sufridas durante la infancia o en algún otro momento de la vida; y especialmente si esas heridas aún no han sido sanadas. Esta sería una causa por la cual se suele experimentar un nivel elevado de ansiedad, temor y miedo hacia el futuro. Jesús nos ha prometido que estará siempre con nosotros, que nos dará la gracia necesaria para superar cualquier dificultad y que nos proveerá de todo lo necesario para no pasar necesidad: “No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción” (Mateo 6:34).

 

Un elevado nivel de miedo, preocupación y ansiedad puede estar indicando un bajo nivel de confianza en el Señor. Y si es éste nuestro caso, entonces debemos pedir a nuestra Madre que nos ayude a crecer en la fe y en la esperanza, y que éstas estén totalmente puestas en el Señor.

 

Dios quiere sanar nuestros corazones heridos; y esto se logra a través de la oración hecha con el corazón. Esos son los momentos propicios en los que somos acariciados por el Espíritu Santo para ser sanados interiormente y liberados de los miedos por nuestro Señor Jesucristo, ya que “por sus llagas nosotros somos sanados” (Is. 53:5).

 

“Ustedes han sido elegidos para llevar alegría y paz, porque son míos”.

Jesús ha afirmado: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero” (Jn. 15:16). Y en esa misma sintonía, la Virgen nos recuerda que cada uno de nosotros ha sido elegido por Dios y por Ella.

 

Somos elegidos para llevar alegría y paz a un mundo en el cual la mayoría de las personas que encontramos diariamente, están sumidas en la tristeza y en el enojo. Por lo cual en este momento te invito a que te preguntes si diariamente le pides al Espíritu Santo que te ayude a expulsar de tu mente todo pensamiento que se oponga a la paz y a la alegría auténticas; y también te animo a que le pidas a nuestra Madre que te ayude a llenarte de la presencia de Dios, que te colma de los frutos del Espíritu Santo, especialmente de su gozo y de su paz; y no para vivirlas de manera intimista, posesiva y egoísta, sino para compartirla con las los miembros de tu familia y con todas las personas.

 

Con este fin, tal vez pueda ayudarte imaginar a Jesús resucitado que se presenta delante de ti y sopla sobre tu rostro, infundiéndote una nueva efusión de su paz, mientras que dice: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo». (Jn. 20: 21-22).

 

“El diablo quiere la aflicción y la guerra; quiere llenar el corazón de ustedes con el miedo al futuro; y el futuro es de Dios”

Cuando nuestra oración está centrada en Dios, entonces logramos superar la tentación diabólica del miedo. Satanás sabe que ya está derrotado, por eso hace todo lo posible para llenar nuestras cabezas de pensamientos angustiantes y fatalistas. Pero todo eso podemos superarlo a través de la oración, con la ayuda de María y de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Por lo cual cada vez que la inquietud ataque nuestro corazón y el miedo nos paralice, oremos junto al salmista diciendo: “¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” (Salmo 42:11).

 

Finalmente le pido a Dios que te bendiga; y también te pido a ti qué ores por mí, especialmente por la misión que en los próximos días comenzaré junto al Padre Diego visitando algunas ciudades de Argentina, y que ores también por los seminaristas de la Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz. Muchas gracias.

 

Padre Gustavo E. Jamut, omv

www.comunidadmensajerosdelapaz.org/

www.peregrinosenlafe.com.ar/

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