En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

  1. INVOCAMOS AL ESPÍRITU SANTO

“Ven Espíritu Santo. Yo sé que si los seres humanos pueden comprender a los demás, en ti hay una capacidad de comprensión mucho más grande, infinita. Nadie puede comprenderme como tú, que siempre me invitas a volver a empezar. Pero yo me castigo a mí mismo por dentro, y me desprecio por los errores que he cometido. No me he perdonado de verdad. Por eso, Espíritu Santo, te pido que coloques dentro de mí tu amor inmenso, ese amor que me sostiene y me da la vida, para que pueda amarme a mí mismo como tú me amas. Enséñame a respetarme como tú me respetas. Derrama tu gracia para que pueda comprenderme por las debilidades que he tenido, para que contemple con ternura mis errores y pueda perdonarme a mí mismo. Dame paciencia y cariño para que no me condene a mí mismo y para que acepte tu perdón que me sana y me renueva. Yo soy digno de existir porque tú me amas infinitamente. Yo tengo un lugar en esta tierra y tengo derecho a vivir y a soñar, aunque sea imperfecto. Tengo ese derecho porque tú me amas y me sostienes. Ven Espíritu Santo, para que pueda nacer de nuevo, con toda dignidad; quiero comenzar otra vez con alegría y entusiasmo. Acepto todo mi pasado como parte de mi vida. Me declaro imperfecto, pero llamado a crecer. Me equivoqué y puedo equivocarme. Pero reconozco ante ti que tu amor no se deja vencer por mis caídas y errores, y que siempre vuelves a darme una oportunidad. Gracias, Espíritu Santo, por tu inmenso amor, porque no abandonas la obra de tus manos. Amén.”

  1. LEEMOS EL MENSAJE CON EL CORAZÓN DE MANERA PAUSADA

“¡Queridos hijos! Los miro y los veo perdidos, y no tienen oración ni alegría en el corazón. Hijitos, regresen a la oración y pongan a Dios en el primer lugar y no al hombre. No pierdan la esperanza que les traigo. Hijitos, que este tiempo sea para ustedes, buscar cada día más a Dios en el silencio de su corazón y oren, oren, oren hasta que la oración se convierta en alegría para ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

  1. ORAMOS A NUESTRA MADRE CON LAS PALABRAS DEL MENSAJE

“¡QUERIDOS HIJOS”

Cuento con tu amor y tu mirada maternal que no se aparta de mi ni un instante oh Madre de Misericordia. Estas siempre pendiente de mí. Me dejo abrazar por tus palabras llenas de bondad y dejo que toquen lo más profundo de mi ser, ahí donde el amor de Dios no ha podido habitar en mí. Con este mismo amor quiero amarme como obra de Dios, que es mi vida. Con este mismo amor quiero empezar de nuevo tomado de tu mano. Me cobijo en tus palabras que con tanta ternura siempre pronuncias sobre mí y mis hermanos. Quiero vivir siempre como hijo tuyo, muy amado. Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Oramos en silencio y con el corazón.

“LOS MIRO Y LOS VEO PERDIDOS, Y NO TIENEN ORACIÓN NI ALEGRÍA EN EL CORAZÓN”

Por tu grande bondad no dejes de mirarme Madre Clemente. Yo sé que como una buena Madre, siempre miras el recorrer de mi camino. También como una mamá cercana y amorosa cuidas de mi aun cuando mis pasos se extravían del camino correcto. Te das cuenta de mi vida que se ha perdido lejos del amor de Dios y por eso Tú oras por mí y mis hermanos para que vivamos la alegría de ser amados en tu Hijo, en quien el Padre nos ama y nos busca. He herrado el corazón yendo detrás de cosas sin sentido. No he dedicado tiempo para orar y me entretenido en lo vano y superfluo que me ofrece el andar de este mundo. Dedico más tiempo a buscar cómo llenar el vacío de mi alma en lo que es atrayente y placentero. Mi alma se ha llenado de ansiedad y angustia y me he ido haciendo cada vez más débil e incapaz de retornar hacia la casa del Padre. Gracias Madre Bendita porque sigues mis pasos, y ahí donde me encuentro extraviado, vuelves a llamar a mi corazón, haciéndome descubrir que solo en la oración encontrare la verdadera alegría que le da sentido y fortaleza a mi vida. Me tomo de tu mano, oh Reina de la Paz y me dejo conducir por ti hacia el amor de tu Hijo. Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Oramos en silencio y con el corazón.

“HIJITOS, REGRESEN A LA ORACIÓN Y PONGAN A DIOS EN EL PRIMER LUGAR Y NO AL HOMBRE”

El profeta Joel nos ha dicho: “todavía es tiempo, vuélvanse a Dios”. Tú, eres Madre, el signo vivo que en estos tiempos el Señor nos ha mandado para volver al camino de la santidad. Tú intercedes por nosotros. Nos alientas a orar. Porque el que ora cree; y creer significa poner a Dios en primer lugar. Ha sido más fácil para mí confiar en las posibilidades humanas, en los encantos efímeros, en las soluciones fáciles, en el entretenimiento malsano y enfermizo. Tómame de tu mano Madre de Misericordia y llévame por el camino de la oración. Enséñame a descubrir a Dios como Padre Misericordioso; ayúdame a vivir unido a tu Hijo Jesucristo, mi salvador. Quiero vivir en Dios cada día de mi existencia; pensar en El; trabajar en El; comenzar en El. Ven en mi ayuda Madre, aquí en donde más te necesito, aquí donde mis caídas me han anclado sin esperanza. Me levanto sostenido por tu mano. Me levanto cobijado en tu regazo. Me levanto confiado en tu amor. En Ti, vuelvo a abrir mi corazón a la vida de Dios. Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Oramos en silencio y con el corazón.

“NO PIERDAN LA ESPERANZA QUE LES TRAIGO”

Todo es posible si estás Tú a nuestro lado, Madre amorosa. En ti es posible comenzar de nuevo. Estas entre nosotros como signo de firmísima esperanza. Solo quien ha cerrado el corazón no puede ver tan grande amor. Yo quiero caminar contigo, recuperar la esperanza perdida. Sé que cuento con tu oración, tu protección, tu cuidado y tu auxilio. El desaliento ha inundado mi alma y he caído en un letargo de tristeza y frialdad. A veces pienso que ya no es posible recuperar las fuerzas y levantarme. Pero estas aquí de nuevo, buscándome sin descanso. Cuando parece que todo se ha acabado, continúas mostrándome tu amor y tu esperanza. Invitándome a tomar de nuevo el sendero perdido. Gracias Madre porque tu corazón no descansa; no se da por vencido y me sales al encuentro para levantarme y empezar de nuevo. Estoy aquí Madre, me cobijo entre tus brazos, lléname de la esperanza que me traes. Lléname del aliento de Dios que me reanima a comenzar siempre de nuevo. Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Oramos en silencio y con el corazón.

“HIJITOS, QUE ESTE TIEMPO SEA PARA USTEDES, BUSCAR CADA DÍA MÁS A DIOS EN EL SILENCIO DE SU CORAZÓN”

Como nunca antes ha resonado la voz de tu corazón inmaculado, Oh María. La insistencia permanente de tu amor para abrir el corazón a Dios, en este tiempo de gracia, por medio de tu presencia viva y real, nos abre el sendero de la salvación. Pues hoy te has convertido para nosotros, no solo en la que alienta y anima nuestra conversión, sino en la que también nos conduce y nos lleva en ella cada día. Nos has enseñado que la conversión ha de ser cotidiana. Que cada día es una nueva oportunidad de volver a Dios la vida y dejar que El, transforme todo a nuestro alrededor con el poder de su Misericordia. Especialmente quiero Madre, ser renovado en mi corazón inquieto y lleno de tantos ruidos que me incapacitan para ver y escuchar a Dios. Jesús dijo que solo “los limpios de corazón verán a Dios”. Por eso te suplico que me enseñes a buscar a Dios desde el silencio de tu alma. Desde la intimidad de tu corazón. Me dejo llenar de tu amor para experimentar la paz que Cristo nos da. Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Oramos en silencio y con el corazón.

“Y OREN, OREN, OREN HASTA QUE LA ORACIÓN SE CONVIERTA EN ALEGRÍA PARA USTEDES”

Reconozco Madre, que no he sido constante en mi oración. Me ha faltado decisión y disposición para dedicar tiempo para orar. El activismo de cada día me roba el tiempo y termino orando a prisa y sin sentir el amor de Dios que se me da en la intimidad de cada oración hecha con amor y confianza. Enséñame Madre, a recorrer el camino de la oración confiado en ti. Condúceme y llévame en el día a día de la oración, hasta alcanzar el gozo y la alegría verdadera que nos da el Señor. Renuevo mi decisión de orar, y acojo tus palabras que me llaman a orar, orar, orar. Quiero ser llevado entre tus brazos por este camino de gozo y de paz, hasta alcanzar la misma alegría de inunda tu alma. Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Oramos en silencio y con el corazón.

“¡GRACIAS POR HABER RESPONDIDO A MI LLAMADO!”

Llama, llama, llama Madre a la puerta de mi corazón. Sigue mis pasos cada día por donde quiera que vaya. Especialmente no me olvides cuando caiga. No dejes de mirarme Bendita Señora de la Paz. No dejes de insistir en mi regreso al amor de tu Hijo. Yo quiero Madre, abrir mis oídos y mi corazón a tu llamado y permanecer junto a ti en el camino de la santidad. Llévame en tus brazos y ayúdame a recorrer el camino de la oración para vivir en la alegría del amor de Jesús. Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Oramos en silencio y con el corazón.

  1. DIRIGIMOS NUESTRA PLEGARIA A MARÍA REINA DE LA PAZ

Madre, que nos llamas hijos muy amados tuyos. Ruega por nosotros

Madre, que nos miras y nos buscas cuando estamos perdidos. Ruega por nosotros

Madre, que nos compartes la alegría de tu corazón. Ruega por nosotros

Madre, que nos enseñas a orar con el corazón. Ruega por nosotros

Madre, que nos llamas a poner primero a Dios en nuestra vida. Ruega por nosotros

Madre, que nos mantienes firmes en la esperanza. Ruega por nosotros

Madre, que nos invitas a buscar a Dios en el silencio del corazón. Ruega por nosotros

Madre, que nos animas en la alegría de la oración. Ruega por nosotros

 

  1. PEDIMOS LA BENDICIÓN A NUESTRA MADRE

Dulce Madre no te alejes, tu vista de nosotros no apartes….

MARIA REINA DE LA PAZ. RUEGA POR NOSOTROS Y DANOS LA PAZ

 

RAFAEL ZACARIAS GARCÍA

MÉXICO

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