Entrevista de P. Livio a Marija

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P. Livio: Queridos amigos de Radio María, aquí, al micrófono, tenemos a Marija de Medjugorje que nos dará el mensaje de la Reina de la Paz del día de hoy 25 de febrero de 2020.

P. Livio: ¡Buenas tardes Marija!

Marija: ¡Buenas tardes padre Livio! Un saludo a todos los oyentes de Radio María. Hoy, como cada 25 de mes, la Virgen nos ha dado el mensaje siguiente:

“Queridos hijos, en este tiempo de gracia, quiero ver vuestros rostros transformados en oración. Vosotros estáis tan inundados por las preocupaciones terrenales que ni siquiera sentís que la primavera está a las puertas. Hijos míos, vosotros estáis llamados a la penitencia y a la oración. Así como la naturaleza lucha en silencio por una vida nueva, también vosotros estáis llamados a abriros a Dios en oración, en quien encontraréis la paz y el calor del sol primaveral en vuestros corazones. ¡Gracias, queridos hijos, por haber respondido a mi llamada”.

P. Livio: Marija, este mensaje me parece orientado al tiempo litúrgico que estamos viviendo, es decir, a la Cuaresma.

Marija: Si padre Livio. La verdad es que me esperaba otro tipo de mensaje por este maldito virus que estamos viviendo un poco todos, con una preocupación humana, una preocupación de futuro. En cambio, la Virgen parece haberlo ignorado completamente. Ella nos está llamando en este tiempo de gracia, en este tiempo en el que desea ver nuestros rostros transformados.

P. Livio: Sí, pero cuando dice que nos vemos inundados por las preocupaciones terrenas, quizá la Virgen se refiere a toda esa ansiedad que sentimos por este virus.

Marija: Puede ser, pero la Virgen nunca ha hablado de ello en estos días. Parece ser que se ha difundido la noticia de que la Virgen en uno de sus mensajes había hablado de China y de este virus, cosa que no es cierta en absoluto. Habéis visto que ni siquiera esta tarde la Virgen ha hablado de esta catástrofe, de este miedo. La Virgen nos da esperanza, nos llama a luchar con la oración y la penitencia. También la naturaleza nos muestra su lucha silenciosa hacia una vida nueva. Así deberíamos hacer también nosotros. La Virgen nos invita a ello porque nos ve como perdidos, alejados de Dios. Es por esto que la Virgen lleva ya tanto tiempo entre nosotros. Hemos visto tantas personas que han venido a Medjugorje que con la enfermedad empiezan a rezar de una forma nueva. Al principio, con miedo y después se van transformando. Yo espero que, también en esta ocasión, empecemos a reaccionar acercándonos a Dios con la oración. Nos damos cuenta de que nuestra vida es muy frágil y con este virus vemos también la fragilidad del mundo, de la ciencia. En cambio, la Virgen nos llama a volver a Dios, a volver a la oración.

P. Livio: En este mensaje, la Virgen ha dicho una frase que no creo la hubiera dicho antes: “Quiero ver vuestros rostros transformados”. Es decir, que la oración debe ser tan interior que debe iluminar nuestro rostro, como cuando el mismo Jesús oraba y su rostro se transformaba con la oración.

Marija: Sí, así es. Es muy bonito. Tantas veces he visto personas que se han transformado al empezar a vivir la voluntad de Dios, a vivir en la oración. Estos casos los encontramos sobre todo en los conventos de clausura que tienen tanto tiempo dedicado a la oración a Dios. También ofrecen sus tareas diarias, como santa Teresita del Niño Jesús que era protectora de las misiones sin haber estado nunca allí. Por esto, en esos conventos de clausura o también en los sacerdotes, frailes, eremitas etc. que se dedican de modo especial a la oración a Dios, podemos verlo reflejado en sus rostros. La Virgen quiere ver eso también en nosotros, nos quiere ver transformados a través de la oración. La Virgen no quiere que tengamos miedo del futuro, sino que seamos aquellos que oran sin miedos ya que el futuro no está en nuestras manos. Nuestro futuro, la vida o la muerte, está solo en manos de Dios.

P. Livio: De todas maneras, la palabra “oración” se encuentra tres veces en el mensaje, lo que me hace pensar que la Virgen quiere que nosotros en esta Cuaresma nos dediquemos a la oración en el silencio para transformarnos a nosotros mismos y de este modo, prepararnos a la vida nueva de la Pascua tal como hace la naturaleza. La Virgen dice que nos preocupemos por nuestra vida espiritual para abrirnos a Dios. Esto es lo primero que debemos hacer y el resto vendrá por sí solo.

Marija: Cierto. ¿Sabes? Cuando supe de ese virus, pensé en como podíamos combatirlo, pero el mismo nombre lo dice: “corona” y así pensé que debíamos agarrarnos a la corona del rosario porque el Santo Rosario ha vencido en miles de ocasiones. Nosotros que somos personas enamoradas de María y de sus mensajes, siguiendo sus instrucciones en estos años no solo nos volvemos cristocéntricas, sino más todavía. A través de la Virgen nos enamoramos de Dios y de Su Voluntad. Una persona mariana se vuelve radical en su inmenso amor hacia Dios. Este es un buen momento para nosotros, con la oración en silencio, para llegar a ese despertar espiritual que nos dice la Virgen. Para llegar a esa primavera llena de colores que ahora no vemos porque está trabajando en silencio. También nosotros debemos trabajar así con nuestra vida, con la oración, con la penitencia, especialmente ahora que se nos invita a ello con más insistencia. Debemos hacerlo de todo corazón y proponernos con todas nuestras fuerzas intensificar nuestras oraciones. Yo, cuando voy en coche, rezo siempre el rosario. ¡Si supierais cuántos! Debemos ser también ejemplo de amor y de valentía para mostrar la vida nueva que hay dentro de nosotros. De esta vida espiritual que no nos hace sentir ningún miedo de encontrarnos con las personas. Cierto, en estos momentos, no digo que nos abracemos ya que dicen que no es prudente. Hagamos todas las cosas que dicen que debemos hacer como lavarnos muchas veces las manos, etc. Pero en este momento de pánico nadie nos puede quitar la sonrisa y una buena palabra. La Virgen nos dice que seamos amor y oración de forma concreta en el silencio y con todo el corazón.

P. Livio: Sí Marija, pero la Virgen usa una palabra que lo dice todo. Dice: “inundados”. Esta palabra no la había dicho nunca. Es decir, que estamos inundados por las preocupaciones. Ciertamente, este hecho que ha afectado a todo el mundo, nos ha llenado de preocupación y nos hace perder de vista lo más importante que es Dios que está en nuestra vida. Es decir que esta inundación de preocupaciones no hace perder la paz, nos quita la alegría para llevarnos a acciones como los que asaltan los supermercados.

Marija: Sí, cierto. Esto es terrible. Esto pasa porque no hay fe y si no hay fe, ya no confiamos en Dios. Como he dicho antes, nuestro presente y nuestro futuro están en las manos de Dios. Si yo creo en Dios, no tengo miedo del futuro porque sé que Él me ama con un amor inmenso. Debemos ser conscientes de que todo lo que pueda suceder, es porque Él lo permite. Una persona que ora, que adora, que ama… es una persona que confía en Dios. Así pues, esa inundación de miedo, de muerte, de falta de alimento, de qué haré mañana, qué pasará mañana, yo no la tengo porque ya me he puesto en las manos de Dios.

P. Livio: De todas maneras, Marija, yo me acuerdo que cuando estalló la guerra en Bosnia, fue muy de repente, nadie esperaba que la guerra llegase justamente a ese lugar. También cuando se derrumbó la Unión Soviética fue algo inesperado. Así también ha sido este hecho del coronavirus. Es decir, que hay eventos en la historia que nos cogen desprevenidos, nos atemorizan y no sabemos cómo reaccionar.

Marija: Sí padre Livio. Yo creo que nuestros antepasados confiaban más en Dios. Nosotros, al confiar menos en Dios, nos coge esa ansiedad, ese miedo. Creo que este virus ha salido de un laboratorio chino, donde Dios no existe. Por lo tanto, se sentían omnipotentes, creían tener el control de todo porque tenían el control de la gente. Esto ha sido una lección para ellos, pero también lo ha sido para nosotros que somos débiles. Solo con Dios somos fuertes y por esto, la Virgen nos dice: “Como la naturaleza lucha en el silencio para la vida nueva”. Es decir, que en el camino de la Cuaresma contemplamos la Pasión de Jesús y a través de su Pasión, a través de su vida, a través de su muerte, Jesús nos da el ejemplo, ya que un grano que muere, da el céntuplo. Así también nosotros tenemos que trabajar para que surja esa primavera de paz y oración que tanto desea la Virgen para nosotros. Roguemos al Espíritu Santo que nos ayude a comprender lo que debemos hacer día a día, sobre todo en este momento de dificultad.

P. Livio: A mí me parece que este mensaje es un mensaje de esperanza. Habla de la vida, del calor del sol. Es como si la Virgen nos quisiera animar diciéndonos que luchemos, trabajemos, ayunemos, hagamos penitencia y nos convirtamos y así poder ver la luz, la paz. Es como decirnos que podemos cambiar esta situación si cambiamos nosotros.

Marija: Es verdad. Creo profundamente que esta situación no durará mucho, pero para nosotros es una invitación a empezar una vida nueva. Hemos visto en estos días lo pequeño que puede ser el mundo y cuánto nos puede afectar esta situación ya que nuestra vida es única e irrepetible, pero al mismo tiempo tan frágil. Es en esta fragilidad que podemos ver la reacción. Esta reacción, para nosotros cristianos, debe ser como la Virgen nos sugiere. Con la oración encontraremos la paz y cuando hay paz en el corazón, hay serenidad para poder hacer lo mejor con nuestra familia, con nuestra parroquia, con nuestro trabajo, por nuestro país, sobre todo en este momento. Yo creo que la Virgen no nos abandona, pero nosotros debemos responder a su llamada. Me acuerdo que al principio de las apariciones, la mayor parte de los peregrinos eran italianos y respondían con mucho entusiasmo. Ahora debemos responder con ese entusiasmo con la oración aunque sea desde casa.  Podemos empezar con un rosario con nuestra familia para que Dios nos libre de ese miedo que tenemos en el corazón. También para que nos libre de este virus mortal, sobre todo para las personas ancianas. La Virgen no quiere que nos preocupemos.

P. Livio: También la palabra “penitencia”, que es tan típica de la Cuaresma. Creo que podemos acogerlo como si se tratara de una penitencia para ofrecer a Dios.

Marija: Sí padre Livio. Te cuento que ayer fui al supermercado y había una señora que compró diez quilos de plátanos. Yo me pregunté qué iba a hacer con tal cantidad si al cabo de tres o cuatro días se vuelven negros y se pudren. Tenemos miedo de morir de hambre cuando sería mejor hacer un poco de ayuno. Creo que, en vez de querer acumular cosas, deberíamos acumular oraciones.

P. Livio: Marija, dinos algo sobre el ayuno que nos propone la Reina de la Paz.

Marija: La Virgen, desde el principio, nos pidió el ayuno. La Virgen nos decía que, con la oración y el ayuno, incluso se podían parar las guerras. Por esto creo que si ahora hacemos el ayuno por este virus que nos rodea, podremos combatirlo. Lo dice la Sagrada Escritura que ciertos espíritus malignos se pueden alejar con la oración y el ayuno. Esto viene del Maligno. Obviamente no viene de Dios. Cuando la Virgen nos hablaba de ayuno, nosotros no sabíamos que venía una guerra, que estaba por llegar una situación tan crítica. Habíamos celebrado el aniversario con tanta alegría y justo después empezó la guerra. Después de lo que nos había dicho la Virgen a este propósito, sentimos una fuerte necesidad de hacer ayuno. Nunca habíamos pensado que nos pudiera tocar a nosotros y en cambio, nos tocó. Incluso nos arrepentimos mucho de no haber escuchado con más atención las palabras de la Virgen y estoy convencida de que si hubiéramos hecho caso mucho antes de los mensajes de la Virgen, la guerra no habría tenido lugar. El arzobispo de Split, que ahora nos está mirando desde el Paraíso, llegó a Medjugorje y dijo que quería pedir perdón a la Virgen por todos sus pecados de omisión y empezar una vida nueva. Él era diabético, pero empezó a hacer un ayuno a su manera. No con pan y agua como había pedido la Virgen como el mejor ayuno, pero con otro tipo de penitencias. Me acuerdo mucho de él porque venía a nuestras casas y lo considerábamos un buen amigo, como de la familia. Para nosotros era un honor tenerlo en casa. Un día nos contó que había hecho una penitencia en su capilla de arzobispo y esa capilla que era la suya, la quiso convertir en capilla de Adoración perpetua. Vivía esta experiencia de un modo muy intenso. Llamaba a la gente para hacer novenas de oración y ayuno como a veces pedía la Virgen. Cuando hubo la guerra, la ciudad de Split era ciudad militar por los generales, las escuelas, la universidad. Allí había mucho armamento y este arzobispo fue testimonio de oficiales que fueron a pedirle durante la noche qué debían hacer con todo ese armamento. Él les dijo que, si lo seguían teniendo allí, se iba a usar, entonces era mejor ponerlo todo debajo de unas barcas y echarlo al mar. En la ciudad de Split no hubo ni tan siquiera una persona muerta porque allí no llegó la guerra. Yo creo que fue porque ellos rezaron mucho y ayunaron. Por esto, creo que debemos empezar a ayunar por la desaparición de este virus, a hacer pequeñas renuncias y oraciones pidiéndole a Dios que nos libre de esta calamidad. El proverbio dice: “Ayúdate y Dios te ayudará”, pues ahora es tiempo de orar con fervor, de hacer pequeñas penitencias, porque las cosas pequeñas son grandes a los ojos de Dios.

P. Livio: Y llegar a la Pascua con el alma limpia.

Marija: Y no solo el alma padre Livio. Me decía un amigo, que tuvo una fuerte conversión, que antes era un gran pecador y ahora intentaba ir por el camino de la santidad. Es cierto que con la edad uno deja de agarrarse a las cosas materiales del mundo, pero a este amigo se le fue transformando el rostro a medida que se iba enamorando de Dios. Todos nosotros deberíamos ser más sensibles, más enamorados de Dios. La Virgen lo dice que nuestro rostro se transformará. Dios iluminará también nuestro rostro.

P. Livio: Sí, también en un mensaje de hace algunos meses, dijo que en los ojos se ve si hay inquietud o paz.

Marija: Es verdad. Por esto digo que no debemos abatirnos, al contrario, debemos creer y rezar. Debemos reaccionar no con pesimismo, no con miedo sino como personas que tenemos una meta que es Dios. La Cuaresma es un tiempo de gracia, pero es verdad que también es un tiempo de desierto, como el que estamos viviendo ahora aquí sin poder acudir a la Santa Misa, o a grandes reuniones de oración, pero podemos hacerlo más en soledad o bien organizando grupos de oración personal en cadena en diferentes horarios de día y de noche. Invito a todas las personas que creen, como creyeron nuestros abuelos, que con la oración podemos parar las guerras.

P. Livio: Muchas gracias Marija porque nos has dicho cosas que nos han confortado mucho.

Marija: Solo quiero añadir que, a las personas que ahora se lamentan por no poder ir a Medjugorje, les quiero decir que Medjugorje lo tenemos que llevar en el corazón y ahora más que nunca debemos poner en práctica sus enseñanzas para ser ejemplo de serenidad para todas las personas que se sienten tan confusas en este momento. Oremos por nosotros para poder ser un buen ejemplo y por los demás para que esta prueba les sirva para acercarse a Dios. Oremos especialmente por todos los enfermos de este virus, por todos los médicos y personal sanitario que tienen miedo de infectarse y pasarlo después a sus familias para que se pongan en las manos de Dios y encuentren la fuerza necesaria.

P. Livio: Bien Marija, pues nos unimos en la oración.

TRADUCCIÓN: Equipo Amor de Déu

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