Buen día queridos hermanos:

Los invito a que tomemos unos momentos, para reflexionar en el Mensaje de la Reina de la Paz del último 25 de agosto que nos dice:

“Queridos hijos,  hoy quiero compartir con ustedes la alegría del cielo”.

Quedémonos un momento en esta primera frase donde la Madre de Dios nos habla de una gracia que recibimos cada vez que entramos en un clima de oración y en cada ocasión en que nos decidimos a abrir las puertas de nuestro corazón.

En esas ocasiones es la gracia celestial comienza a descender, llena nuestro espíritu y se va difundiendo, impregnando y bendiciendo nuestro nivel psicológico, emocional y hasta las células de nuestro cuerpo, de manera tal que todo nuestro ser participa de esa alegría del cielo.

Luego nuestra Madre nos dice:

“Hijitos abran la puerta del corazón a fin de que en su corazón crezca la esperanza, la paz y el amor que solo Dios da”.

Con estas palabras la Gospa nos recuerda que la esperanza, la paz y el amor no son estáticos e inamovibles, sino que tienen un dinamismo que debe ir desarrollándose, creciendo y madurando.

Como una planta que va creciendo y después de unos años hasta da frutos cada vez más dulces y abundantes, así también en nosotros deben ir desarrollándose la esperanza, la paz y el amor.  Pero para que esto sea posible es necesario regar nuestra vida espiritual a través de la oración, la caridad, el perdón, el discernimiento, la misericordia.  Cuanto más nos abramos a la efusión de estas gracias Divinas, más frutos podremos dar y nuestra vida será cada vez más plena.

Pero para que este “árbol” pueda crecer y producir abundantes frutos, está lo que nos a continuación nos recuerda la Reina de la Paz:

“Hijitos, están demasiados apegados a la tierra y a las cosas terrenales.”

Cada uno de nosotros necesita preguntarse: ¿cuáles son mis apegos? ¿Cuáles son mis ataduras?. E ir incluso un poco más profundo, pidiéndole a Dios la gracia de descubrir el “por qué” de mis apegos y ataduras.

Quizás son inseguridades, o miedos profundos que aún no he descubierto y por lo tanto no los he orado suficientemente ni entregado al Señor.  No dudes en tomar durante un tiempo, momentos para preguntarle a la Madre, cual son tus apegos y el origen de ellos, para clamar por la liberación, conversión y sanación necesarias.

Continua la Gospa en su Mensaje:

“Por eso Satanás, los agita como el viento lo hace con las olas del mar”.

Es decir, el maligno sabe cuál es tu punto débil.  Él sabe cuáles son tus apegos, tus mecanismos de compensación o de defensa; y toca esos puntos para que en ti no crezca la paz, ni el amor, ni la esperanza.

Pero a medida que tú vas cubriendo esos puntos débiles con la misericordia del Señor, algo nuevo va creciendo en ti. Y te irás llenando de esa paz, de ese amor y esperanza que te ayudará a ver más allá de la pared, del muro que te está ocultando el verde valle de la Misericordia y de la Bendición de Dios.

Y continua Nuestra Madre: “Y por lo tanto que la cadena de su vida sea la oración con el corazón y la adoración a mi hijo Jesús.”

Me animo a hacerte unas preguntas, querido/a hermano/a:

–          ¿Cuántas veces, en esta semana, te has tomado un tiempo para hacer oración con el corazón?

–          ¿Cuántas veces has visitado a Jesús en el sagrario?

–          ¿Cuántas veces te has tomado tiempo para adorar a Dios y para que Él te vaya dando esa gracia que más estas necesitando?

Recuerda que en esos momentos de oración hecho con el corazón, en esos momentos de adoración, puedes hacer lo que dice la Reina de la paz en su última frase te pide:

“Entreguen a Él su futuro, para que en él sean alegría y ejemplo para los demás con su vida.”

Mi deseo y mi oración por ti, es para que todos los días, hasta el próximo 25, puedas tomarte momentos para orar con el corazón, para bucear en lo profundo de tu alma, para visitar a Jesús en el Sagrario, y para que finalizada la Santa Misa, puedas quedarte unos momentos en adoración silenciosa, sabiendo que el Hijo de Dios está en el altar de tu corazón; y allí en lo secreto de tu alma, entregarle el futuro, para que Él te libere del miedo al mañana, que te libere de la angustia de lo que ha de venir, y para que puedas transmitir de ahora en adelante, toda la luz que viene del Señor.

Que  la Reina de la Paz te conceda su bendición materna y yo te bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu santo. Amén

P. Gustavo E. Jamut

Oblato de la Virgen María

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