Mensaje 25 Octubre 2021 a Marija Pavlovic

“¡Queridos hijos! Regresen a la oración, porque quien ora no le tiene miedo al futuro. Quien ora está abierto a la vida y respeta la vida de los demás. Quien ora, hijitos, siente la libertad de los hijos de Dios y con un corazón alegre sirve al bien del hombre, su hermano. Porque Dios es amor y libertad. Por lo tanto, hijitos, cuando quieren ponerles cadenas y servirse de ustedes, eso no viene de Dios, porque Dios es amor y da su paz a cada criatura. Por eso me envió: para ayudarlos a crecer en el camino de la santidad. Gracias por haber respondido a mi llamado.”

 

Querido hermano/a:

¡Recibe hoy y siempre la paz y la alegría de Jesús y de María

Hoy te invito a que reflexionemos en el Mensaje de la Virgen, a la luz de un par de versículos de San Pablo, los cuales -al igual que el mensaje de Nuestra Madre- nos invita a examinarnos en cuanto al amor que nos conduce a la verdadera libertad.

 

Texto bíblico para meditar

“El Señor es espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad”.   (2º  Corintios 3:17)

 “El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás.”. (1º  Corintios 13:7-8)

 Seguramente habrás notado la gran similitud que existe entre las palabras que San Pablo le dirige a los corintios, con las palabras que en este mensaje la Reina de la Paz nos dirige a cada uno de nosotros, invitándonos a crecer en el amor para ser verdaderamente libres, y de este modo ser luz e irradiar la presencia de Dios en el mundo.

Efectivamente, tanto la Palabra de Dios -por medio de estos versículos-, como también la Virgen María a través de su mensaje, son invitaciones del Señor para examinarnos a nosotros mismos y descubrir si reflejamos su luz en todos los espacios de la sociedad donde interactuamos con otras personas.

El mensaje de este 25, debe impulsarnos a consagrar a Dios, por medio de la Reina de la Paz: nuestros ojos, nuestro modo de pensar de los demás, las miradas que les dirigimos, y especialmente las sonrisas que regalamos a las personas que están a nuestro lado, como también las palabras que les decimos y la capacidad de escucharlos.  Esta es una manera concreta y sencilla de evangelizar y de transmitir la luz de Dios y de María.

Posiblemente cuando san Pablo escribió estos versículos lo hizo teniendo presente las ocasiones en que Moisés oraba y salía de la oración con su rostro radiante.  Y es que Moisés tenía en su corazón el anhelo de vivir sumergido en la presencia de Dios, buscando en todo su santa voluntad, lo cual transforma el alma y hasta el rostro de quien lo ansia de verdad.

Y de manera similar, cada vez que María se hace presente con sus apariciones, la oscuridad huye, y la luz aumenta a su alrededor.

Pero, además cada vez que por medio de la adoración tú te sumerges en el amor de Dios, él te va transformando por su presencia amorosa y pacificadora, ya que como dice la Reina de la Paz: “Dios es amor y da su paz a cada criatura”.

Además ¡que reconfortante es saber que Dios nos protege como si estuviésemos en el hueco de sus manos!, lo cual impide que las tormentas de la vida no nos derriben; él nos cubre con su Santa Presencia y nos envía a la Virgen María, a fin de que nada, ni nadie nos haga daño, ni nos arrebate todas las bendiciones que quiere derramar cada día en nuestras vidas.

Así como en la oración hecha con el corazón podemos experimentar las caricias suaves y sanadoras de las manos de la Virgen María; también en la adoración experimentamos las caricias fortalecedoras de las manos del Señor, que son firmes como roca; y cuando descansamos entre ellas no debemos temer nada, pues él mismo cuida de nosotros.

 

Para orar con el corazón:

– Imagina ahora esa mano del Señor grande y firme como roca, pero a la vez suave y blanda como espuma…

– Contémplate a ti mismo, como si fueses un bebé concebido hace apenas 4 o 6 meses, descansando en la palma de esa Divina mano.

– Contémplate a ti también cuando eras tan pequeño, que podías descansar entre las manos de la Virgen Madre.

– Déjate impregnar de la sensación de seguridad y protección que te brindan las manos del Señor y de María.

– Siente como con su calidez te liberan del frío que desde hace tiempo se escondía en algunos rincones de tu mente y de tu corazón. ´

– Siéntete seguro y disfruta de esa nueva sensación de seguridad que el Espíritu de Dios te confieren, pues esas manos irradian luz y te sanan de las inseguridades que arrastras en tu vida.

– Deja que la luz de Dios y de María te vayan transformando en una persona nueva y fuerte… no con una fortaleza creada por ti mismo, lo cual sería solo una cáscara frágil; sino con la fuerza serena e inamovible que te confiere la certeza de que tienes como refugio permanente la diestra del Altísimo.

 

Por medio de las Palabras de San Pablo y del Mensaje de la Reina de la Paz que meditamos, Dios nos recuerda que: después de cada encuentro con él, nuestro interior y todo nuestro ser aumentará en luminosidad…

Cada vez que -por medio de un espíritu de alabanza y de adoración- nos sumergimos con nuestras debilidades y miserias en el insondable amor de Dios, quedamos transformados en rayos de su luz, pues él nos transfigura a fin de que al salir de nuestras “tiendas de oración” o al bajar de nuestro “Monte Podbrdo”, podamos reflejar su imagen a todos aquellos hermanos y hermanas nuestros que tienen necesidad de luz, guía y orientación.

 

Oración final

 Padre del cielo, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por la intercesión de María Reina de la Paz, pongo en tus manos a todos tus hijos que habitamos esta tierra, especialmente a los más necesitados de tener una experiencia de tu amor y de tu Divina Misericordia. Que así sea.

 

 

Bendición final

Que en este día te bendiga Dios, que es: Padre, Hijo y Espíritu Santo.  Amén.

 

Padre Gustavo E. Jamut, omv

www.comunidadmensajerosdelapaz.org/

www.peregrinosenlafe.com.ar/

 

“Queridos hermanos: María es la mamá que nos dona la salud en el crecimiento, para afrontar y superar los problemas, en hacernos libres para las opciones definitivas”.

Papa Francisco

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