Querido/a hermano/a:

Nuestra Madre, la Virgen Santísima, nos ofrece una nueva oportunidad para encontrarnos a través de este medio, para meditar sus mensajes.

 

“Vivir con Jesús su vida nueva”.

 

En esta ocasión, la Reina de la Paz, nos invita a vivir con Jesús una vida nueva.

 

Pero ¿qué puede significar la expresión “una vida nueva”? ¿Acaso puede expresar que los adultos nos volveremos jóvenes, cronológicamente hablando?; O ¿Que se nos van a borrar las arrugas de la cara y recuperaremos la agilidad de los años mozos?

 

Evidentemente Nuestra Madre no se refiere a esto.

 

El mismo apóstol San Pablo nos habló sobre la vida nueva cuando escribió: “El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente.” (2 Cor. 5:17).

 

Y es que cuando hemos conocido el amor de Dios y sus enseñanzas, ya no podemos volvernos atrás.  Por eso en la carta a los Efesios, San Pablo se extiende aún más, para ayudarnos a entender lo que significa la vida nueva a la que somos llamados por Jesús y por Nuestra Señora: “Si es que de veras oyeron predicar de él y fueron enseñados según la verdad que reside en Jesús. De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad. Por eso, renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su prójimo, ya que todos somos miembros, los unos de los otros. Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados, dando así ocasión al demonio. El que robaba, que deje de robar y se ponga a trabajar honestamente con sus manos, para poder ayudar al que está necesitado.  No profieran palabras inconvenientes; al contrario, que sus palabras sean siempre buenas, para que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan. No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención. Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.  Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo.” (Ef. 4:21-24).

 

Así como el gusano que se ha transformado en mariposa, no puede volver atrás y transformarse nuevamente en gusano; el hombre y la mujer que conoció el amor de Dios y decidió cambiar su vida, no puede ya seguir arrastrándose en el pecado y en la tibieza espiritual, sino que debe -como la mariposa- desplegar las alas espirituales y elevar cada vez más su vuelo, siguiendo en todo momento y en cada situación, las corrientes del Espíritu, con el firme deseo de hacer en todo, lo que más agrada a Dios.

 

Ser una nueva criatura, significa adherirse y anhelar una continua y sostenida metamorfosis mental, emocional y espiritual, que ha de ser obra de Dios en nosotros, siguiendo los ritmos que a cada uno le señala el Espíritu de Dios.

 

Puedes tomar un tiempo para reflexionar sobre esto.

Si eres un seguidor de Jesús, y amas a María, Reina de la Paz:

  • ¿Cuál ha sido el mayor cambio que has hecho en tu vida cuando empezaste a creer?
  • ¿Le preguntas a la Reina de la Paz en que quiere ayudarte a cambiar en esta etapa de tu vida?

“Que el Resucitado les dé la fuerza para que sean siempre fuertes…”

 

Para poder seguir adelante, rechazando la tentación de volver atrás, y para no regresar a los viejos comportamientos, o a las mañas adquiridas, necesitamos mucha sinceridad de corazón y fortaleza.

 

Cuando meditamos en la vida de la Virgen María en Nazaret, vemos como ella encarna el modelo de fortaleza del auténtico creyente, lo cual nos anima para superar -con corazón sereno y rostro alegre-, todas las dificultades de la vida.

 

Para tener esta fuerza de la cual nos habla la Reina de la Paz, hay que tener una profunda intimidad con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad: el Espíritu Santo. Él viene siempre a sostenernos en nuestra debilidad y esto lo hace con un don especial: el don de la Fortaleza.

 

¡Cuánta fortaleza del Espíritu Santo han necesitado los católicos de Medjugorje y de la región, en medio de las persecuciones! ¡Cuánta fuerza espiritual para no volverse atrás les ha concedido la Virgen María a los franciscanos y a los laicos que han perseverado la fe en medio de tantas pruebas! ¡Cómo les ha ayudado a los videntes el don de la fortaleza durante los primeros años de las apariciones, para ser coherentes con los mensajes de la Reina de la Paz! ¡Cuánta fortaleza se necesita para no dejarse seducir y confundir por los elogios y las lisonjas; ni dejarse desanimar por las críticas y los ataques!

 

También nosotros, tú y yo, necesitamos como la Virgen María, unirnos en un amor profundo al Espíritu Santo, para que en estos tiempos turbulentos y de confusión que nos toca vivir, en una sociedad materialista y hedonista, podamos ser fieles a los caminos marcados por Dios, y a la vocación a la santidad a la cual el Señor y la Reina de la Paz nos llaman.

 

En ese mismo sentido, el Papa Francisco nos anima a buscar la santidad en medio de las dificultades, con la ayuda del don de la fortaleza, cuando a través de la exhortación apostólica “Gaudete et Exsultate”, acerca del llamado a la santidad en el mundo actual, él nos recuerda: “Jesús mismo remarca que este camino va a contracorriente hasta el punto de convertirnos en seres que cuestionan a la sociedad con su vida, personas que molestan. Jesús recuerda cuánta gente es perseguida y ha sido perseguida sencillamente por haber luchado por la justicia, por haber vivido sus compromisos con Dios y con los demás. Si no queremos sumergirnos en una oscura mediocridad no pretendamos una vida cómoda, porque «quien quiera salvar su vida la perderá» (Mt 16,25).  No se puede esperar, para vivir el Evangelio, que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra. (90 y 91).

 

En ese mismo sentido, la Reina de la Paz nos recuerda que, para tener la fuerza para vencer todas las dificultades, necesitamos ser “fieles y perseverantes en la oración”, y nunca olvidar que “Jesús nos salvó con sus heridas, y con su Resurrección”. En efecto, es él quien nos “ha dado una vida nueva”. Y es él quien nos da la fortaleza necesaria para vencer todos los obstáculos que se nos presentan en la vida, para que podamos ser fieles en las pequeñas pruebas cotidianas, lo cual nos lo recuerda también el Papa Francisco: “Hay también momentos difíciles y situaciones extremas en las cuales el don de la Fortaleza se manifiesta de modo extraordinario, ejemplar. Es el caso de aquellos que tienen que afrontar experiencias particularmente duras y dolorosas, que perturban su vida y la de sus seres queridos… Cuántos hombres y mujeres, de los cuales no conocemos el nombre, honran nuestro pueblo, honran nuestra iglesia porque son fuertes, fuertes en el llevar adelante su vida, su familia, su trabajo, su fe. Pero estos hermanos y hermanas nuestros son santos, santos cotidianos, santos escondidos, en medio de nosotros. Tienen precisamente el don de la Fortaleza para llevar adelante su deber de personas, de padres, de madres, de hermanos, de hermanas, de ciudadanos. Tenemos tantos, tantos.

¡Agradezcamos al Señor por estos cristianos que tienen una santidad escondida, pero es el Espíritu dentro que los lleva adelante! Y nos hará bien pensar en esta gente, si ellos hacen esto, si ellos pueden hacerlo ¿por qué yo no? Y pedirle al Señor que nos dé el don de la Fortaleza.” (Papa Francisco. 14 de mayo de 2014)

 

Por lo tanto, cumplamos con el pedido que nos hace la Reina de la Paz, cuando finaliza su mensaje animándonos, con palabras que nos transmiten el deseo de crecer en la fortaleza que viene del Espíritu Santo y de seguir renovándonos interiormente: “Oren, hijitos, y no pierdan la esperanza. Que en sus corazones haya alegría y paz, y testimonien la alegría de ser míos”.

 

Me encomiendo tus oraciones y le pido a Dios que te bendiga abundantemente.

 

Padre Gustavo Jamut

Oblato de la Virgen María

http://www.peregrinosenlafe.com.ar/

 

 

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