La Vigilia Pascual, en la que la Iglesia vela esperando la resurrección de Cristo, se celebró el sábado 4 de abril de 2026 también en Medjugorje, y como cada noche en la iglesia de Santiago Apóstol fue precedida por el rezo del rosario. En este día la Iglesia vela junto al nuevo fuego bendecido y reflexiona sobre la gran promesa, contenida en el Antiguo y el Nuevo Testamento, de la liberación definitiva de la antigua esclavitud al pecado y a la muerte.

Después de la Liturgia de la Luz siguió la Liturgia de la Palabra, luego la Liturgia Bautismal y, finalmente, la cuarta parte, la Liturgia Eucarística, con la que se concluye solemnemente el santo Triduo Pascual que comenzamos con la Misa de la Cena del Señor el Jueves Santo. La Vigilia Pascual fue presidida por el vicario parroquial de Medjugorje, fray Ivan Hrkać.

Fray Ivan nos recordó “en esta noche santísima para nosotros, creyentes, cristianos” aquello de lo que hemos hecho memoria durante esta semana, desde el mismo Domingo de Ramos y la entrada solemne de Jesús en Jerusalén hasta el día más triste para nosotros, el recuerdo del Viernes Santo, sobre lo que los hombres son capaces de hacer a Aquel que ningún mal hizo, y habló también del pasaje evangélico que narra cómo las mujeres llegan al sepulcro de Jesús, pero el sepulcro está vacío.

“Pero allí donde el hombre piensa que es el final, ahí es solo un nuevo comienzo, ahí en realidad comienza la acción de Dios. Y ese es el mensaje de la Pascua. Allí donde nosotros pensamos que es el final, Dios quiere iniciar algo nuevo. Allí donde nos hemos encerrado, replegado en nosotros mismos, Dios quiere romper esas nuestras cáscaras, esas nuestras corazas, quiere hacer rodar nuestra piedra, la piedra que está sobre el corazón. Él quiere quitar de nosotros el corazón de piedra. Y Medjugorje, a lo largo de tantos años, ha sido precisamente ese lugar, el lugar donde Dios a muchos les ha quitado la piedra del corazón”, dijo fray Ivan, explicando que esa piedra en el corazón es el pecado, la oscuridad, las tinieblas, la falta de perdón, la desesperanza…

Fray Ivan habló también del encuentro con el Resucitado y de cómo es la parte más hermosa del Evangelio de hoy, y añadió que todos necesitamos ese encuentro, un encuentro que cambia el mundo.

“En Medjugorje hay un lugar al que todo peregrino llega y hace lo mismo. Es la estatua de Cristo Resucitado. Cada día. No hay momento en que algún creyente, peregrino o feligrés no esté allí. Igual que estas mujeres —abrazaron sus pies— y allí el corazón renace. Allí llega la alegría de la Pascua. Esos brazos abiertos de Cristo Resucitado te llaman al abrazo y te enseñan también a abrir los brazos, a no ir encogido en tus miedos y dolores, a que necesitas a tu prójimo. Qué importantes son esas manos de Cristo”, dijo fray Ivan Hrkać, y exhortó a usar nuestras manos, recordando también cómo la Reina de la Paz en Medjugorje ha invitado muchas veces a ser sus manos extendidas. Al final recordó la inscripción que se encuentra en la estatua del Resucitado en Medjugorje: “Resurrexi et adhuc tecum sum. Alleluia!”, que traducido significa: “He resucitado y ahora estoy siempre contigo. ¡Aleluya!”.

“No solo Jesús ha resucitado, sino que está siempre contigo. Ese es el mensaje cuando nos alejamos de Cristo: recordar que Él está siempre con nosotros. Y entonces sucede nuestra Pascua, cuando somos conscientes de que Él está con nosotros”, son las palabras con las que fray Ivan Hrkać concluyó su homilía.

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