Evaluación pastoral de los fenómenos de Medjugorje

Uno de los teólogos pastorales más conocidos de nuestros tiempos, el profesor de Viena Paul M. Zulehner, ha examinado a fondo, en el verano de 1988, los fenómenos de Medjugorje y ha englobado sus conclusiones en las lecciones Medjugorje eine mystagogische Lektio (Hrsg. Medjugorje Zentrum, «Medjugorje eine mystagogische Herausforderung» pág. 72. 100). Él parte de la convicción que las apariciones de María son importantes para nuestra época y que además son irrefutables (79). Con respecto a los mensajes de la Virgen en Mejugorje dicen que son una «catequesis óptima» y «un excelente encauzamiento al mensaje de las Sagradas Escrituras» (82). Justamente esto es para él uno de los criterios teológicos más importantes. Medjugorje no aleja de la Sagrada Escritura, antes bien acerca a ésta, y María no es el destino, sino una indicación a lo largo del camino (Nicht die Endstation sondern wie ein Wegweiser). La actividad pastoral en Medjugorje, el modo de predicar y de celebrar la Eucaristía conducen a la gente que acude a ese lugar al centro de la fe. La actividad de los pastores de almas está dirigida a hacer vivir a la gente la palabra de Dios y la Sagrada Escritura, y a celebrar la Eucaristía. Es importante también la relación de esta pastoral con el Concilio (82). Los peregrinos se van de Medjugorje llevando a sus propias iglesias locales una profunda devoción hacia la Sagrada Escritura y la Eucaristía. «Me fascina mucho, y lo considero un aspecto decisamente positivo, el hecho de que los pastores de almas no buscan alejar a la gente de la Iglesia normal, sino que, por el contrario, desean incorporarlos a la vida cotidiana de la iglesia» (82-83). El profesor Zulehner está fascinado con el hecho de que Medjugorje reune una iglesia de los pequeños. «Todos pueden venir, no hay obstaculos a superar. Este lugar está abierto a todos. También aquellos que yo definiría como no propiamente virtuosos de la religión, sino como la simple infanteria de la Iglesia, aquí se sienten como en su propia casa. Me alegro cuando veo la esperanza en la vida y regresan a sus casas con la frente levantada … Estos son para mí los frutos del espíritu que, independientemente de las apariciones, gracias a Dios, está presente por doquier, porque donde obra el Espíritu, allí está presente la Iglesia, ya que la intención de Dios es aquella de levantar al hombre». (87) En los eventos de Medjugorje, Zulehner descubre una «mistagogia», el conducir al hombre hacia el misterio en el cual Dios desde el interior abre el corazón, como a la mujer de nombre Lidia en los Hechos de los Apóstoles (cfr. 16, 14). Con Su gracia Dios anticipa nuestra obra en la Iglesia. El verdadero objetivo de la pastoral, según Zulehner, es aquél de ayudar al hombre a descubrir el misterio de la obra divina en la propia existencia y a este misterio entregarse en un amor libre. «Tengo el temor de que en la Iglesia actual se halla perdido la dimensión mística de la fe. Es por esta razón que existe la amenaza de reducir el Evangelio a una moral. Si desaparece el misticismo no queda nada más. Sería dañoso si en Medjugorje sólo quedaran mensajes morales. No es este el objetivo. El sentido de los mensajes debe ser buscado en la renovación del misticismo, en la experiencia de la comunión entre DIos y el hombre. Este es el evento que precede toda obra y toda moral. Sin este fundamento místico ninguno de nosotros puede actuar moralmente.» (96-97). Los teólogos y los hombres de iglesia son favorables a la interpretación del misterio. «Yo, sin embargo, en la teología he aprendido que los misterios de la fe no están para ser interpretados sino para que convivamos con ellos, para que vivamos en ellos como en casa. La Iglesia se salvará cuando nos volvamos a acostumbrar a convivir con el misterio de manera completamente personal, decidida y valiente» (98-99). Según Zulehner, Medjugorje sería esto: mistagogia, un guiar a la gente normal hacia el misterio cotidiano del Evangelio.

Allfons Sarrach dice: «La Iglesia en Medjugorje ha tomado conciencia de no ser una organización, de no ser una creación perfecta hecha por mano humana, un instrumento de la potencia humana o un autoservicio de sacramentos, de no ser ni opio ni droga, de no ser nada de artificioso, sino justamente un «misterio». Cuando todo esto se consolide en el interior de la Iglesia, los hombres recobrarán el camino que conduce a ella y en su interior se sentirán seguros y podrán postrarse, libres y seguros» (Los mensajes de Medjugorje sobre Dios que está al servicio, Medjugorje, 1995, pág. 143).

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