Mientras afuera el calendario comercial se llena de vitrinas con corazones y flores, dentro del Congreso el amor tomó otra forma: silencio compartido, oración perseverante y fraternidad concreta. Si hoy el amor suele venderse en escaparates, aquí se aprende de rodillas, en el regazo de María, donde la fe se vuelve encuentro real y la paz deja de ser un concepto para convertirse en experiencia.
Una jornada intensa entre conversión, oración y fraternidad
El sábado 14 de febrero se vivió como uno de los días más densos y espiritualmente ricos del XVI Congreso. Desde las primeras actividades quedó claro que la jornada estaría marcada por un hilo conductor profundo: el camino interior hacia la conversión y la paz.
La mañana abrió con la conferencia “Medjugorje, una llamada a la conversión”, ofrecida por fray Danko Perutina, OFM. En su intervención subrayó cómo la Reina de la Paz invita a dejar que nuestros corazones sean movidos por la gracia hacia una transformación profunda: pasar del propio querer a la voluntad de Dios, del ruido interior a la obediencia y del pecado a la santidad.
A continuación, Filka Mihalj Pedretti presentó el libro Reina de la Paz. La obra se fundamenta en la nota “Reina de la Paz”, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en septiembre de 2024, en la que la Iglesia emitió una decisión histórica sobre Medjugorje al conceder el Nihil Obstat, autorizando oficialmente el culto público y las peregrinaciones. En ese documento se reconoce que la experiencia espiritual vivida allí ha producido abundantes “frutos positivos”, como conversiones y vocaciones.
El texto ya se encuentra traducido al español y se perfila como un instrumento básico tanto para coordinadores de peregrinaciones como para los fieles.
Luego se presentó el proyecto “Los 300 de la Gospa – Gedeón”, a cargo de Luis Mariano Colón, María Eugenia García, María Reynot Blanco y Eileen Pereira y Yamid Cruz. Inspirado en la figura bíblica de Gedeón (Jueces 6–7), la propuesta parte de una convicción sencilla y exigente: Dios obra con pequeños núcleos coherentes y disponibles. Se trata de conformar un grupo comprometido con una vivencia consistente de la fe y con un claro impulso misionero hacia el ámbito iberoamericano.
El proyecto contempla una dimensión concreta de corresponsabilidad económica, orientada a fortalecer las tareas del Centro Medjugorje en comunicación, servicios pastorales y nuevas proyecciones apostólicas. Más que una campaña de recaudación, fue presentado como una alianza espiritual y misionera: pocos, pero firmes; discretos, pero constantes; convencidos de que la fecundidad no depende del número, sino de la fidelidad.
Tarde de oración y formación
Por la tarde, la jornada inició con el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia, un espacio profundamente contemplativo que ayudó a recolocar el corazón en el centro espiritual del día.
Posteriormente, el P. Diego González ofreció la conferencia “El carisma de la paz como distintivo medjugoriano”, subrayando que la paz verdadera nace de la reconciliación interior y se manifiesta en gestos concretos de servicio y perdón.
En sintonía con la espiritualidad de la Reina de la Paz, explicó que esta paz no es un simple equilibrio emocional, sino un don que brota del encuentro con Dios y se traduce en una vida reconciliada con uno mismo, con los demás y con Dios. Así, recordó que el mensaje de Medjugorje invita a convertirse en artesanos de paz en la vida cotidiana, haciendo visible, con obras sencillas y constantes, la presencia transformadora de la gracia.
También el P. Osmán G. Maldonado desarrolló la conferencia “La Virgen María y la oración de alabanza”, invitando a redescubrir una espiritualidad que no solo suplica, sino que también agradece y celebra la acción de Dios en la vida cotidiana.
La oración de alabanza es aquella que, antes de pedir o agradecer, simplemente reconoce quién es Dios y proclama su grandeza. Es la actitud del corazón que se inclina ante su santidad y su misericordia. María la encarna de modo eminente en el Magníficat, cuando proclama: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, enseñándonos que alabar es dejar que Dios sea Dios en nuestra vida.
Rosario y Eucaristía: el corazón del día
El Santo Rosario reunió a los participantes en un clima de profunda contemplación, ofreciendo un espacio para mirar la vida desde la confianza de María.
El centro espiritual de la jornada llegó con la Santa Misa celebrada por el P. José Pastor Ramírez, SDB, Inspector de los Salesianos de las Antillas, vivida con recogimiento y alegría. En su homilía, el padre Pastor recalcó:
“María es Reina de la Paz porque su corazón era limpio, dócil, disponible… Que este Congreso no sea solo un evento. Que sea una elección. Elegir: un lenguaje más limpio, una mirada más misericordiosa, una intención más recta, una vida más coherente. Que, al regresar a sus países, a sus comunidades, a sus familias, sean faros en medio del mar agitado de este mundo. Faros que no gritan, pero iluminan. Faros que no imponen, pero orientan”.
La noche: un testimonio personal que tocó el corazón
La jornada concluyó con el testimonio personal “Qué sucede cuando María pasa por tu vida”, ofrecido por el Dr. Jashua Haddad Baldassari, joven médico urólogo. Fue un relato íntimo y profundamente humano que mostró procesos reales de transformación interior. El acompañamiento de María no es un hecho aislado en su vida, sino un hilo constante en su historia, su vocación y su modo de ejercer la medicina.
Ese paso, según manifestó, te devuelve a lo esencial: te lleva a rezar con sencillez, a confiar nuevamente, a hablar con Dios como un hijo que se sabe mirado y querido. Ordena el corazón y empuja a servir: mueve a pensar en los demás y a dar pequeños pasos concretos de amor cada día.
El ambiente de esta última noche fue especialmente emotivo durante la Adoración: se percibían silencios atentos, corazones conmovidos y una conciencia compartida de que la fe no es una teoría abstracta, sino una historia viva que Dios continúa escribiendo en la vida concreta de cada persona.
Un amor distinto en el corazón de María
Así concluyó un sábado intenso que coincidía con el día del amor y la amistad. Sin negar la alegría que el mundo celebra en esta fecha, el Congreso ofreció una experiencia distinta: un amor más profundo, silencioso y transformador.
Entre conferencias, oración, mesa compartida y testimonios personales, los participantes descubrieron que la verdadera fraternidad nace cuando se ora juntos, se escucha con el corazón y se camina hacia la paz interior. Porque mientras afuera el amor se expresa en gestos pasajeros, aquí se vivió como una vocación concreta a la conversión, la misericordia y la comunión.















































