En el XVI Congreso Iberoamericano de la Reina de la Paz, el P. Inocencio Llamas compartió sus impresiones sobre la experiencia vivida y la gracia de acompañar a tantos fieles durante el encuentro.

“Queridos amigos, y anhelo realmente que la bendición de Dios y de la Gospa, vaya abundante para todos ustedes, su apostolado y su familia también. Pero para mí ha sido una alegría, de verdad, porque ha habido primero un ambiente muy hermoso entre toda la comunidad. No ahora, siempre los seres humanos tenemos cosas, evidentemente, pero como evento ha habido una gran unidad. Las conferencias las he visto muy hermosas, muy claras, muy sencillas, pero al mismo tiempo muy profundas. Hemos tenido también la gran bendición de cuatro obispos. La autoridad de la Iglesia apoya totalmente en República Dominicana este evento, como debe ser, de la Santísima Virgen María”.

Destacó la belleza de las conferencias y la presencia de la jerarquía eclesiástica, así como la unidad que se percibió entre todos los participantes, tanto de manera presencial como espiritual.

“Personalmente he atendido bastantes personas en los momentos de receso, del Rosario y he visto la obra de Dios en la sanación interna, aun cuando a veces uno no puede expresar ciertas cosas. He visto una gran sanación espiritual e interior en esos momentos también, lo cual llenó mi corazón de una gran alegría. Y creo que vamos todos con un deseo de trabajar, un gran ánimo, una gran fuerza. Y así les llevo a todos en el corazón y también a ustedes, que han participado de manera virtual, les llevamos también en lo más profundo de nuestro ser”.

Para el P. Inocencio, el Congreso no solo fue un espacio de formación y encuentro, sino también un momento para percibir la acción de Dios en los corazones de los participantes y experimentar la fraternidad que nace de la fe compartida.

Inocencio Llamas - La parroquia de Medjugorje es un ejemplo de lo que debe ser una parroquia

Compartir: