El P. Diego Armando González Rivera, de la Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz de Argentina, compartió sus impresiones sobre la experiencia vivida en República Dominicana, durante el XVI Congreso Iberoamericano de la Reina de la Paz:
“Una alegría. Ha sido un Congreso muy intenso, de muchísima actividad, prédica, formación, encuentro. Ha habido un compartir intenso entre los hermanos”, relató el P. Diego, destacando la riqueza del intercambio entre participantes de distintas delegaciones.
“Hay países que han venido con delegaciones grandes, otras no tanto, pero entre todos se han animado a trabajar por la Reina de la Paz. También he escuchado que comparten ideas, situaciones que han vivido, y se dan consejos, ánimo”, agregó, resaltando la colaboración y el apoyo mutuo entre los asistentes.
El P. Diego subrayó la transformación que fue percibiendo a lo largo de los días: “Creo que ha habido un lindo cambio desde el primer día, cada uno venía con su delegación, a través de las oraciones, de los momentos de compartir y en las comidas, veo que se nos vamos integrando cada vez más. Ha habido también una mayor piedad, del primer día a hoy fue creciendo el silencio, la profundidad de la oración y también un compromiso real acerca de cómo transmitir los mensajes de la Reina de la Paz”.
Enfatizó cómo se movieron los corazones y surgió un verdadero sentido de responsabilidad: “Yo creo que es lo que ha ido cambiando, en el rostro y en el pensamiento de las personas. Veo que sus corazones se han movido. A ver, esto es serio. ¿Cómo puedo comprometerme de verdad para hacerlo? Con su familia, consigo mismo, con su país. El Padre Danko ha sido muy específico. Creo que todos los predicadores también hemos insistido en esto”.
Finalmente, resaltó la intensidad del Congreso y su esperanza en los frutos futuros: “Y de verdad, se ve en las personas, en algunas un poquito de susto, en otras como un compromiso real de decir: ¿cómo puedo hacerlo de verdad? Para mí, ha sido un Congreso muy bueno, muy intenso. Creo que van a haber grandes frutos. Y que en un año vamos a poder verlos y pedimos al Señor y a la Virgen que permanezcan”.
