El XVI Congreso Iberoamericano de la Reina de la Paz llegó a su culminación este domingo 15 de febrero, en una jornada marcada por la gratitud y la esperanza.

La mañana inició con la conferencia del P. Inocencio Llamas“Que vuestra cruz se transforme en alegría”, una invitación a comprender que la cruz no es un accidente en la vida cristiana, sino su forma más honda de configuración con Cristo. Desde la espiritualidad mariana, explicó que el dolor, cuando no se vive en clave de victimismo sino de ofrenda, se convierte en participación real en la obra redentora. A la luz de María, Reina de la Paz —que permaneció de pie junto a la cruz sin huir del misterio—, recordó que abrazar el sufrimiento con fe no lo elimina, pero lo transfigura: lo hace fecundo, lo libera del sinsentido y lo inserta en la lógica pascual, donde toda entrega, unida a Cristo, termina dando vida.

En el momento de las conclusiones, fray Danko Perutina, comunicó que, a las candidaturas ya presentadas por Bolivia y El Salvador para acoger el XVII Congreso Iberoamericano, se suma también la propuesta de celebrarlo en Medjugorje, con motivo de los 45 años de las apariciones que se conmemorarán en junio de este año. Precisó que esta posibilidad, al igual que las demás, quedará sujeta a la coordinación de agendas y a las fechas que puedan acordarse oportunamente.

Oriol Vives y Luis Miguel Onieva retomaron con claridad el eje mariano que ha atravesado todo el Congreso. No fue simplemente un balance organizativo, sino una proyección esperanzada hacia el futuro. Sus palabras delinearon las expectativas que se abren y el anhelo de que este impulso misionero se extienda, para que muchos puedan vivir la experiencia concreta de la filiación mariana: reconocer verdaderamente a María como Madre y, de su mano, redescubrir la centralidad de Cristo en la propia vida. Se percibía no solo gratitud por lo vivido, sino un deseo ardiente de que la Reina de la Paz continúe suscitando corazones disponibles, dóciles y generosos para la misión.

El punto culminante fue la Santa Misa de clausura, presidida por Mons. Piergiorgio Bertoldi, Nuncio Apostólico de Su Santidad en Santo Domingo, República Dominicana. Al transmitir a los presentes el mensaje paternal del Santo Padre León XIV, no solo se hizo visible la comunión con la Iglesia universal, sino también la unión en la oración y en la misión: este Congreso quiso latir en sintonía con el corazón de la Iglesia, ofreciendo sus frutos espirituales por ella y asumiendo su envío evangelizador como parte de una misma tarea compartida.

El Evangelio proclamado (Mateo 5, 17-37), exigente y directo, fue desarrollado en su homilía como una llamada a no quedarnos en lo mínimo. El Señor nos pide caminar una milla extra, amar más allá de la medida, ser coherentes siempre con nuestro estilo de vida. El Nuncio subrayó que esta radicalidad no es una carga imposible, sino la consecuencia lógica de sabernos amados por Dios. Solo quien se sabe amado puede ir más allá de la obligación y entrar en la lógica del don.

La Eucaristía selló así una experiencia profunda de comunión. En torno al altar se hizo visible la unidad que, a lo largo de estos días, se fue tejiendo entre sacerdotes y laicos, entre delegaciones venidas de distintos lugares. Al final, los abrazos se multiplicaron: despedidas serenas, nuevas amistades fraguadas, promesas de reencontrarse. El ambiente era sencillo y luminoso, como quien sabe que ha vivido algo verdadero.

María, la Reina de la Paz, ha sido el eje silencioso de esta comunión. Bajo su amparo se ha fortalecido la fraternidad y se ha renovado el impulso misionero. El Congreso concluye, pero la misión continúa. Lo vivido aquí no queda en recuerdo, sino que se convierte en envío: caminar de la mano de María, para llevar a muchos a la experiencia viva del amor de Cristo.

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