A lo largo de los años he ido experimentando y escribiendo acerca de como los seres humanos somos “canales comunicantes” los unos hacia los otros, especialmente en lo que se refiere a los vínculos familiares y a la herencia intergeneracional.

 

Pero en esta ocasión, quiero reflexionar en el hecho de que parece ser que todos los seres humanos transmitimos o transferimos a otras personas ciertos niveles de los estados espirituales y emocionales.

 

Del mismo modo, también nosotros somos receptores del estado espiritual o emocional de quienes nos rodean y de las personas que frecuentamos de manera constante así como también esporádicamente.

 

Este es un tema del cual lamentablemente poco se predica, se habla, o se escribe. Por lo cual es posible que alguna persona excesivamente racionalista pueda tener algún grado de cerrazón o rechazo a este tema.

 

Sin embargo, es mucho más lo que desconocemos por pertenecer al ámbito de lo invisible, que lo que sí conocemos por medio de los sentidos, por eso afirma San Pablo: “Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno” (2 Cor. 4:18). Y también: “Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.” (1 Cor. 13:12).

 

En Medjugorje es frecuente encontrar personas que llegan con diversos grados de contaminación espiritual, o de mal humor y enojos provocados por las heridas del corazón. Pero con el correr de los días, se va notando, como esas mismas personas al abrirse a la gracia de Dios, y al estar en contacto con personas colmadas del amor de Dios y de María, van cambiando su semblante como signo de que la gracia de Dios y el amor de los hermanos, va transformando sus corazones y transmitiéndoles un aumento de fe, esperanza y caridad.  Por eso la costa no recomienda: “Hijos míos, mi Corazón materno desea vuestra sincera conversión y fe firme para que podáis transmitir el amor y la paz a todos aquellos que los rodean.” (Mensaje, 2 de mayo de 2016)

 

Ahora bien, yo creo que en primer lugar, tenemos que diferenciar entre lo que es:

1°. La transferencia emocional, entre personas.

2°. La transmisión espiritual.

 

En un segundo momento deberíamos profundizar entre las 3 diversas clases de canales o fuentes de transmisión que puede existir entre los seres humanos:

 

1°. La transferencia espiritual o emocional bienhechora, que es como un canal de bendición, que pasa de una persona a otra.

 

Esto es algo muy bueno, ya que todos estamos llamados a llenarnos de Dios, para transmitirlo de manera viva y eficaz a todos nuestros semejantes.

 

Incluso cuando en el ámbito eclesial se hace oración de intercesión por otra persona, y se impone las manos, se está pidiendo por la persona por la cual se está orando; pero no para que reciba del espíritu humano de la persona que ora por él/ella, sino para que sea colmada de la persona Divina del Espíritu Santo.

 

2°. La transferencia espiritual o emocional enferma o de pecado, que es como un canal de maldición que se transmite de una a otra persona que tiene bajas las defensas emocionales o espirituales.

 

Esto sucede cuando nos encontramos con personas llenas de odio, resentimiento, amargura, u otras emociones tóxicas.  Así como también, cuando frecuentamos a personas o lugares donde se invoca fuerzas ocultas, relacionadas con el mal, incluso de manera encubierta.

 

3°. La transferencia espiritual o emocional confusa.  Esta parece al inicio con una apariencia inocua, o inofensiva, pero en la cual subyace hace alguna fuerza maligna oculta, o alguna actitud psicológica enfermiza, que pasa desapercibida, para el que no tiene experiencia en el discernimiento de espíritus o en el conocimiento de la psiquis humana.

 

Esta tercera fuente de transmisión es la más peligrosa, pues puede darse en cualquier ambiente.

 

En ocasiones me he encontrado con personas que a través de haber abierto el “santuario interior” del alma, a personas que le hicieron reiki, u otras prácticas de la nueva era, comenzaron a apartarse de la oración y de la Iglesia.

 

Pero esta transferencia espiritual negativa encubierta, lamentablemente puede darse incluso en gente que asiste a la Iglesia, pero que tienen profundas heridas no asumidas, y por lo tanto no sanadas. Y así como en el plano físico, se transmite un resfrío u otras enfermedades virósicas, también se puede llegar a transmitir los estados emocionales y espirituales: el mal humor, la desconfianza, el espíritu de queja y crítica, hasta llegar incluso al alejamiento total de Dios.

 

Acerca de ellos dice el apóstol Pablo: “Estos son falsos apóstoles, que proceden engañosamente, haciéndose pasar por apóstoles de Cristo. 14 Su táctica no debe sorprendernos, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz.” (2 Cor. 11:13-14).

 

En el Antiguo Testamento vemos como Saúl al haber desobedecido a Dios en varias ocasiones provocó que el Espíritu de Dios se alejara de él. Ese vacío (lo que yo llamo vacío peligrosos) fue ocupado por un espíritu maligno: “El Espíritu del Señor se había retirado de Saúl, y lo atormentaba un mal espíritu, enviado por el Señor. Sus servidores le dijeron: «Un mal espíritu de Dios no deja de atormentarte.  Basta que nuestro señor lo diga, y los servidores que te asisten buscarán un hombre que sepa tocar la cítara. Así, cuando te asalte el mal Espíritu…, él tocará la cítara, y tú te sentirás aliviado… David tomaba la cítara y tocaba. Saúl se calmaba y se sentía aliviado, y el mal espíritu se retiraba de él. ».” (1 Sam. 16:14 yss.)

 

Otro punto sobre el cual me gustaría referirme al menos brevemente es sobre la importancia de la oración de protección que debe hacer todo evangelizador al estar en contacto con muchas personas.

 

Al comienzo de mi sacerdocio, cuando aún no conocía este tema, me llamaba la atención como muchas personas que oraban por los enfermos, o imponían manos, terminaban enfermas, con grandes altibajos emocionales, con actitudes de rebeldía hacia Dios, o hacia la Iglesia.

 

Creo que esto se debe a cierto grado de ingenuidad o de autosuficiencia, que a veces podemos llegar a tener muchos de los que servimos al Señor y a su pueblo en la Iglesia; ya que no siempre tenemos en cuenta que necesitamos de la oración y del ayuno para proteger nuestro espíritu y nuestra psiquis y no absorber nada de lo negativo de las personas con las cuales podemos estar en contacto.

 

Por lo tanto cuidemos nuestra estructura psicológica, emocional y espiritual no abriéndonos enseguida a cualquiera, discerniendo con quien estamos y lo que conversamos, cerrando nuestros oídos a cualquier palabra encubierta bajo forma de bien aparente que proceda del maligno, sellando nuestro espíritu con la sangre de Cristo, haciendo cada día una oración de entrega a Dios, y pidiendo que la luz del Espíritu Santo limpie y purifique nuestro espíritu de todo mal.

 

Junto a Jesús, digamos al Padre con confianza: “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén”.

Padre Gustavo E. Jamut

Oblato de la Virgen María

 

 

 

 

 

 

 

Compartir: