Queridos hijos, para esta fiesta quiero deciros que abráis vuestros corazones al Señor de todos los corazones. Entregadme todos vuestros sentimientos y todos vuestros problemas. Quiero consolaros en las pruebas. Deseo llenaros con la paz, el gozo y el amor de Dios. Gracias por haber respondido a mi llamada.