Cuando queremos descubrir la voluntad de Dios y nos sentimos abrumados, es algo parecido a lo que sucede cuando llegamos a un cruce vial y no sabemos cuál es el que hemos de seguir para llegar al destino deseado, al destino al que hemos sido invitados. La vida nos presenta muchas opciones y es nuestra la decisión de qué es lo que más nos conviene. 

 

Actualmente hay muchos ruidos y diferentes proposiciones que nos distraen. Por una parte, la moda y el qué dirán y, por otra, el deseo de hacer lo correcto están entre esas posibilidades. Es todo un reto ver claro en medio de esta gama de opciones que nos presenta el mundo.

 

Debemos empezar por purificar nuestra intencionalidad como nos invita Santa Catalina de Siena. Ahí está la clave de hacia dónde nos dirigimos y qué es lo que queremos. Además, debemos acompañar esta voluntad de elegir el bien con las enseñanzas que nos ofrece la Sagrada Escritura, lo cual hará que avancemos en la búsqueda de lo que Dios quiere.

 

¿Pero cómo purifico las intenciones?¿Por qué crisol deberán pasar esas intenciones?. Creo, de forma muy concreta, que será posible purificarlas y además discernir cuál es la voluntad de Dios si vivimos esto: “Todo celo que no brote de la Cruz es efímero”. Es en la Cruz donde habrá vida eterna en abundancia. Nuestras decisiones serán más claras si todo parte del celo por la Cruz, “Por medio de la Cruz, Dios es glorificado en cada hombre” (29-11-84); si eso es lo que nos dice nuestra Madre, analicemos qué es lo que nos mueve a hacer las cosas.

 

Solo hay que tener rectitud de intención y aceptar la verdad para que muchas mentiras desaparezcan, no se puede uno engañar a sí mismo, puesto que es la verdad la que nos hace libres. La Cruz desvela toda mentira y toda vanidad para mostrar la verdadera voluntad de Dios. Se trata de no alimentar el ego sino de revelar el ser de cada hombre, el cual ha sido creado por Dios. Veamos, por tanto, qué es lo que deseamos y aceptemos la Cruz, ella es el camino que Jesús nos ha dado. Para nosotros los cristianos será como el pasaporte para pasar al Cielo.

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